Nuestro Mundo
De vuelta a la naturaleza
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Nueva base de datos ayuda a reintroducir aves a su ambiente natural |
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Sharon Guynup National Geographic Channel
El huevo de gran tamaño se movió en la incubadora en el Santuario de Aves Kellog (Kellog Bird Sanctuary) en Hickory Corners, Michigan. Apareció una grieta, creciendo hasta que un pico de color rosa y una cabeza gris plateada, mojada, emergieron: eran de un cisne trompetero recién nacido.
El pequeño suceso refleja uno de los más grandes y recientes éxitos conservacionistas: la reintroducción del cisne trompetero, el ave acuática más grande de América del Norte, a su hábitat en los pantanos del Medio Oeste de los Estados Unidos y de Canadá.
Desde mediados de la década de los años 80, mil 903 cisnes han sido liberados ahí, y la población de estas aves en esa región ha crecido de menos de 200 a casi 3 mil 500 individuos.
Al inicio del siglo XX, los cisnes, cazados por su carne y plumas, casi habían desaparecido del continente. Sin embargo, al principio los biólogos apenas sabían cómo empezar a salvarlos.
“Estamos faltos de mucha información básica sobre la biología de la mayoría de los animales”, dice George Amato, director de los programas de ciencia y conservación de la Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje (Wildlife Conservation Society) en Bronx, Nueva York.
Una estrategia de conservación es criar ciertas especies para relocalizarlas en su estado natural. Pero la información sobre los programas de reintroducción es limitada.
Ahora, la Base de Datos para la Reintroducción de Aves (Avian Reintroduction Database), en desarrollo en el Parque Zoológico Lincoln, de Chicago, catalogará la información sobre la biología de las aves y hará públicos los métodos y sistemas para ayudar a los conservacionistas a diseñar programas futuros.
Joanne Earnhardt, directora de biología de conservación del zoológico, es la fuerza detrás de la base de datos. Sus colegas se han involucrado en un esfuerzo por salvar al martín pescador de Micronesia, en Guam, después que una invasión de serpientes diezmó su población. Los biólogos rescataron 29 aves de la isla, las criaron y alimentaron. Actualmente están considerando la mejor forma para liberarlas. ¿Dos pares a la vez? ¿Cinco pares? ¿O sólo cinco machos primero para ver si sobreviven?
“Es entonces cuando decidimos que deseábamos sintetizar esta información en algo que la gente pudiera utilizar”, dice Earnhard. En el año 2001, un equipo del zoológico comenzó una lluvia de ideas para la base de datos y eventualmente, unieron fuerzas con el Servicio de Vida Silvestre y Pesca de los Estados Unidos (U.S. Fish and Wildlife Service).
“Éste es un intento para crear una estrategia más científica, destinada a la reintroducción”, dice Erick Vanderwerf, coordinador hawaiano de recuperación de aves, quien trabaja en la agencia, y que se mantiene en consulta permanente con Earnhard sobre el diseño de la base de datos.
Los científicos han identificado 105 especies de aves ya reintroducidas, desde cotorros, cóndores de California y palilas (una especie de colibrí hawaiano), hasta buitres de Griffon en Europa, toutouwas (un robin de Nueva Zelanda) y estorninos de Bali.
Al efectuar el registro de casi diez especies por mes, los investigadores esperan completar la construcción de la base de datos para finales del año y planean subirla a internet.
La base de datos promueve compartir la información. “La forma en que se buscan los huevos, se incuban y se cría a los polluelos podría ser transferible entre aves similares”, dice Joe Johnson, jefe de biología en el Santuario de Aves Kellog. Con el cisne trompetero, “hemos tenido que utilizar la estrategia de la ‘escopeta’, pues no sabíamos qué es lo que podría funcionar”.
Algunos biólogos colocan huevos de trompetero bajo madres adoptivas de otras especies de cisne, con resultados limitados, o dirigían a los cisnes al rededor de los pantanos con una marioneta “madre”, con un costo de casi 500 dólares por cisne. Otros aprendieron que las tasas de sobrevivencia saltaron de 50 por ciento a más de 70 por ciento al liberar a las aves mayores de dos años en lugar de las que sólo tenían uno.
En cualquier reintroducción, “la primera suposición es que ya has hecho la tarea para ver si la estrategia es viable”, dice Steve Thompson, el vicepresidente de conservación y ciencia del Parque Zoológico Lincoln.
Otras consideraciones incluyen dónde, cuándo y cómo liberar a las aves. Algunas son liberadas en forma “difícil”: los biólogos simplemente abren las jaulas y las dejan ir. En una liberación “suave”, que es más costosa y que requiere de más trabajo, las jóvenes aves viven en un campo avícola durante algunas semanas.
En contraste con los cisnes trompeteros, sólo quedan 56 gallinas de la pradera de Attwater. Su hábitat en los pastizales de Texas se ha reducido a menos de tres por ciento de su tamaño original. Las gallinas son difíciles de criar. La reintroducción todavía no las ha hecho regresar.
“Es cierto que la reintroducción no va a salvar a todas las especies en peligro”, dice Johnson. “No tenemos el tiempo, el dinero y el conocimiento para salvar a todas las aves sobre la Tierra, de una por una. Si deseamos una diversidad de aves, es mejor salvar grandes porciones de ecosistemas que mantenerlos”.
Ahí, la base de datos tiene sus límites. “No trata de entender el componente humano, los aspectos sociales, económicos o culturales, así como el porqué no deberíamos cocinar, comer o matar a estas aves”, dice Earnhardt.

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