En letra pequeña
Fabián Medina fabian.medina@laprensa.com.ni
TRAGEDIA
Uno cree que ya ha visto todo lo que la miseria humana puede producir, y de repente aparecen las fotos del Nemagón. A través de esos cuerpos deformes, miradas agonizantes, y el dolor que exudan las fotografías de Manuel Esquivel que ha publicado LA PRENSA uno atisba apenas la tragedia que estuvo a nuestro lado desde hace muchos años y que sólo ahora empezamos a percatarnos de ella. Rabia y pena.
MATADERO
Estos obreros fueron enviados al matadero a sabiendas, porque para ese tiempo la sustancia que los desgració a ellos y a su descendencia ya era prohibida en la mayoría de países del mundo, incluyendo el país que la producía. Las empresas que contrataron a los peones de las bananeras sabían que en pocos años sería material de desecho. No hay perdón de Dios.
NEGOCIO
Pero si las fotografías de los desgraciados impactan hasta la médula, y si la falta de escrúpulos de estos empresarios asquea, el negocio que ha generado la tragedia provoca vómitos. ¿Cómo es posible que 812 pobres moribundos ganen una demanda por 22 millones de dólares y sólo reciban 143 mil dólares? El resto, 21 millones 857 mil dólares le quedaron a los abogados como pagos por sus honorarios.
CONDENADOS
¿Cuál será el final de esta tragedia? Morirán todos en la miseria como vienen muriendo desde hace rato sin que se les haga justicia? Es lo más probable. ¿Qué chance podrá tener esta gente si el Estado al que pertenece les da la espalda, si los abogados que la defiende pone bombas en las demandas para que se caigan los casos y si hasta sobre quienes dirigen sus reclamos hay sospechas que son funcionarios de las empresas demandadas?
¿QUÉ HACER?
Algo debemos hacer. Lo menos que nos corresponde es estar atentos a que se les haga justicia. Y si alguna indemnización consiguen que no se las roben quienes dicen representarlos. Los nicaragüenses que viven en Estados Unidos deberían apoyar desde allí a estos compatriotas que mal mueren en casuchas de Chinandega.
DOS POR UNO
Siempre me deja perplejo el poco tino que lucen frecuentemente algunos funcionarios públicos. Ante el consenso de que hay que bajarle los salarios a la burocracia que parasita en los más altos cargos públicos, ellos amenazan con renunciar. Pero las súplicas y el arrepentimiento que esperaban no llegaron y, al contrario, la iniciativa tomó mucha más fuerza ante las perspectivas de conseguir dos por uno: que se bajen los salarios y que se vaya de una buena vez esta gente que considera al Estado un botín electoral.
GRACIAS, SEÑORA HARTMAN
A mí no me disgustó la descripción que hace de Nicaragua la despedida funcionaria estadounidense Jean Hartman. Siempre preferiré un comentario sincero por crudo que sea, a esos halagos diplomáticos que saben a mentira. La verdad quedó expuesta: así nos ven “ellos”. Y sólo sabiendo cómo nos ven, sabremos a qué atenernos en nuestras relaciones con ese país que tiene que ver tanto en nuestra vida. Por ello, a pesar que no comparto sus criterios, gracias señora Hartman. Y buen viaje.

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