JUEVES 13 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23271 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Dura batalla por la propiedad de La Máquina

Julia Marcia Baltodano R.

En LA PRENSA del 3 de noviembre corriente se publicó una información sobre el caso de la finca La Máquina, en la que la señora Berenice Maranhao se refirió a mí con insultos que extrañamente fueron reproducidos por LA PRENSA, que se caracteriza por ser un periódico muy ético.

Pero los insultos no pueden ocultar y mucho menos justificar los abusos de que fuimos víctimas muchos nicaragüenses, por parte de extranjeros inescrupulosos que llegaron a Nicaragua en los años ochenta amparándose en aquellos días oscuros de la revolución sandinista.

El atropello en el caso de la finca La Máquina, que con insultos trata de justificar la señora Maranhao es otro de tantos de la triste historia de la propiedad en Nicaragua.

En el año de 1981, por necesidades personales puse en venta la finca La Máquina, de 226 manzanas, situada al borde de la carretera que va de Diriamba a La Boquita, en el km 58. Esta propiedad fue heredada de mis abuelos paternos a mis padres, don Enrique Baltodano y su esposa doña Ethelvina Ramírez Brown de Baltodano, y ellos a su vez me la heredaron a mí. La finca fue un lugar de arduo trabajo de mi padre y de reuniones familiares y con familias amigas de Diriamba y sus alrededores, por tener un hermoso río que la atraviesa y una bellísima cascada natural que cae entre las rocas. El río está bordeado de árboles centenarios que fueron protegidos por mi padre y sus antepasados. El lugar es como un paraíso, lo que unido a su valor para desarrollo agrícola y ganadero hacen que la propiedad sea muy codiciable.

Se presentaron como compradores los recién llegados brasileños Hebert y Berenice Maranhao. Firmé con ellos una promesa de venta en febrero de 1981, con vencimiento un mes después, o sea en marzo de 1981. Inmediatamente, los firmantes, sin pagar un solo centavo y sin esperar recibir la finca de mi parte, tomaron posesión de ella, sacando por la fuerza y con engaños a mi personal y colocando gente armada a custodiar la entrada. En noviembre de 1983 pude al fin entablar un juicio por incumplimiento de promesa de venta y usurpación de propiedad, en el Juzgado Primero Civil de Distrito, expediente No. 1604-83. y al cabo de múltiples gestiones se me extendió un certificado de la entrada del expediente, pero éste ahora no se encuentra allí, dándolo por desaparecido e ignorándose hasta hoy su paradero.

En contraposición a las maniobras de los influyentes extranjeros en aquella época, era sumamente difícil encontrar un abogado que quisiera llevar un caso de éstos, lo que dejaba a las víctimas inmovilizadas, a merced de la codicia y artimañas de personas inescrupulosas.

Tres años después de vencida la promesa de venta, los Maranhao, sin haber pagado un solo centavo por la finca y en plena posesión ilegal de ella, entablaron un juicio de pago por consignación, con una moneda devaluada y sin darme ninguna clase de aviso. El juicio lo introdujeron en el Juzgado Primero Civil de Distrito de Managua, el mismo que dio por perdido el expediente No. 16047-83. El Tribunal de Apelaciones aceptó la consignación, luego nombró a un desconocido —para mí— como guardador ad litem, alegando que desconocían mi domicilio, y el juez les otorgó un título en noviembre de 1993.

Pero las influencias de estos brasileños no se han terminado, pues el 17 de septiembre del 2003 se presentó en el Tribunal de Apelaciones de Managua la poderosa extranjera Berenice Maranhao, y a motu propio y sin ningún poder legal de su hijo Felipe Maranhao, mayor de edad, a cuyo nombre está registrada la propiedad, solicitando por medio de un escrito de su puño y letra que le extendieran copia del expediente No. 1204-84. Y sin ningún documento que la facultara para dicha solicitud, recibió una respuesta inusual al día siguiente: un auto firmado por tres magistrados de la sala uno del Tribunal de Apelaciones de Managua, aprobando dicha solicitud. En cambio, la misma gestión le tomó a mi abogado más de una semana.

Esto es apenas un breve resumen de todas las dificultades e injusticias que he soportado por más de 15 años en mi persona y en mis derechos legítimos, un caso que no es único en el país. Pero esta lucha personal es una contribución a la lucha general contra la corrupción y a favor del orden y la justicia.
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