SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA
MARTES 11 DE NOVIEMBRE DE 2003



 
Reportaje
Mujeres al mando

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Licda. Lohanna Argüello, Gerente de Ventas del Diario LA PRENSA.

 

Hilda Rosa Maradiaga C.
hildarosa.maradiaga@laprensa.com.ni

Cada día la mujer conquista más y mejores espacios en el mundo laboral. Pero su éxito no siempre es bien recibido por los hombres, tanto dentro como fuera de casa. Cinco mujeres con poder comparten sus experiencias como “capitanas de barco”.

Es una conquista. En todos los ámbitos las mujeres han demostrado tener igual capacidad que un hombre y que las aptitudes no son cuestión de género. Sin embargo, a lo largo de la historia, se inculcaron pensamientos que se inclinaban hacia lo contrario y por esa razón, mujeres con cargos de mando y que tienen entre sus subordinados a hombres, han experimentado rechazo.

La ingeniera Pastora Cruz, Coordinadora de Ventas de la línea de Telecomunicaciones de Casa Terán, antes de ocupar el cargo, empezó como una asesora de ventas más y su ascenso no fue bien recibido por sus compañeros, que en la nueva posición estarían bajo su mando.

“Se tornó difícil, los varones no se sometían, no aceptaban la idea de tener como jefa o responsable directa a una mujer, se pone en tela de duda la capacidad de la mujer”, comparte Cruz.

“Tuve mucho éxito y eso vino a dar lugar a una competencia entre lo que ellos podían lograr y lo que yo había logrado. Se dio un grado de rivalidad, no pudieron aceptar que la misma mujer que fue su compañera, llegara a ser la jefa de ellos”, cuenta.

Sucede que para un hombre, estar bajo el mando de una mujer es incómodo, según la sicóloga Ledia Gutiérrez, quien explica que por esta experiencia pasan muchos hombres que no han logrado superar el machismo heredado.

“Se siente en desventaja, le cuesta acatar porque la cultura no nos dijo eso por muchos años. Hay patrones, esquemas, y romperlos es difícil”, señala.

La dificultad que un hombre presenta en entender y aceptar que está bajo el mando de una mujer, incide en el rendimiento laboral de éste, quien no rinde lo que podría rendir porque hay un celo de género y además entra en competencia, dice.

Violeta Gallo Aguirre, directora de Seguridad Interna del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, compitió con muchos hombres para ocupar ese cargo. Y aunque tuvo dudas de ser elegida e incluso de desempeñar la labor, tuvo éxito a pesar de enfrentar el rechazo de los subordinados, entre los cuales se cuentan 60 hombres.

“Nunca pensé que sería la escogida, pensaba que no iba a tener posibilidad, para mí fue una sorpresa porque generalmente este tipo de trabajo son hombres los que lo dirigen”, dice.

A lo largo de su experiencia había trabajado con personal masculino en diferentes dependencias del Estado, pero nunca al frente de un cuerpo de seguridad. “Mi mayor temor era que los subordinados no vieran un mando fuerte sino uno débil, que no se sintieran bien al estar dirigidos por una mujer”, confiesa.

Y sus temores tenían fundamento. “Al principio fue un poco difícil porque las mujeres somos más ordenadas, más rectas y más firmes en las decisiones. Hubo entre ellos un cambio brusco entre la dirección anterior y la actual, empecé a exigir disciplina, puntualidad, respeto y solidaridad entre ellos mismos. Al comienzo hubo un rechazo”, recuerda.

Sin embargo, los conductores y agentes de seguridad que están bajo el mando de Gallo, aprendieron a trabajar con una mujer a la cabeza. “Han ido adaptándose a la línea de trabajo y se sienten más comprendidos”, confía.

LAS CLAVES DEL ÉXITO

Lohanna Argüello, Gerente de Ventas del Diario LA PRENSA, considera que la clave del éxito está en ser una persona positiva. “Creo que las barreras no existen, no creo que exista algo imposible, procuro dar solución al problema, tengo una filosofía de la vida: todo problema tiene solución y si no tiene solución no es problema”, dice.

Otra clave es creer en sí misma y sus capacidades. “Creo en lo que hago, cuando algo te gusta no es un sacrificio, las horas de trabajo ni siquiera las mirás”, es por ese amor al trabajo y confianza en sí misma que a lo largo de su carrera no ha encontrado obstáculos, pues para ella solamente hay situaciones difíciles, pero no obstáculos.

Para Rosemary Zambrana, responsable de Mercadeo y Publicidad de Galería Simán, lo fundamental en el mundo laboral es el respeto. “Cuando incursiona en el mundo laboral, uno como mujer no entra a un mundo de mujeres, sino a un mundo de hombres y mujeres, uno se asusta un tanto de eso porque se es novata, pero en la medida que te vas vinculando, vas adquiriendo experiencia, seguridad y ganando terreno”, expone.

“La experiencia se va ganando a lo largo de la vida. Si tu trabajo es muy profesional vas adquiriendo el respeto de tus compañeros, tanto varones como mujeres. En esa medida vas ganando cierto espacio”, continúa.

Indica que el trabajo de equipo también es fundamental. “Si te manejas con un grado de respeto, respetar a tus compañeros, hacer bien tu trabajo y hacer equipo, porque el éxito de la vida laboral es hacer equipo con las demás personas”, considera.

Por su parte Ana Isabel Fernández, gerente de Marca Toña, en la Compañía Cervecera, indica que el éxito profesional implica persistencia, disciplina, entrega y amor al trabajo que se desempeña.

Ella trabaja en un área donde el 95 por ciento de sus compañeros son hombres, sin embargo, considera que incursionar en el mundo del mercadeo depende no tanto de si se es mujer u hombre, sino de la seguridad en sí misma y el empeño.

Agrega que la razón por la cual no hay muchas mujeres en esa rama probablemente sea porque es un trabajo que demanda mucho tiempo y las mujeres tienen muchas responsabilidades con los hijos, sin embargo, Fernández se considera muy afortunada de trabajar en su empresa, ya que puede hacer un buen balance de su tiempo entre el trabajo y su vida personal.

Para Cruz también es importante el respeto. “Con el equipo que trabajo actualmente trabajamos muy bien y el éxito ha sido el respeto mutuo. Ellos me respetan mucho, captan las orientaciones, creen en la experiencia que tengo y han depositado su confianza en mí”, expresa.

“Yo trato de proyectarle a mi equipo que las metas están definidas no porque seamos mujer u hombre, hace un año hubiera dicho ‘ni quiera Dios trabajar con varones’, pero con el personal actual trabajamos muy bien porque nos respetamos”, añade.

Lohanna Argüello coincide en la importancia del trabajo en equipo. “Para mí la palabra equipo es esencial, inyectarles ese positivismo, explicarles por qué tomas una decisión, involucrar a tu gente, que tu gente quiera y sueñe y quiera realizar con el mismo ahínco”, enfatiza.

EL APOYO DE LA PAREJA

El éxito alcanzado por muchas mujeres en sus centros de trabajo se debe en parte a que la mujer por naturaleza tiene una alta capacidad de liderazgo, aún cuando está fuera del mundo laboral, asevera la sicóloga.

“En la mayoría de los hogares son ellas quienes toman las decisiones, cuando hay cambios importantes en la casa, se hacen por iniciativa de la mujer o con su visto bueno porque tienen capacidad de mando, decisión y liderazgo”, ejemplifica.

Sin embargo, cuando esa capacidad de liderazgo se traslada al campo laboral y la mujer alcanza éxitos y hasta puede llegar a ganar más que su esposo, pueden desencadenar problemas emocionales dentro de la pareja.

“Muchas veces el marido las hace sentir culpables porque ellas ganan más. Se inventan cualquier problema, alegan falta de tiempo, que llegan tarde, que no se ocupan de la casa, pero el motivo que está detrás es que ella está en un lugar igual o mejor que él. Y en muchos casos la mujer llega a sentir culpa”, dice.

La ingeniera Cruz recuerda que cuando fue ascendida “tuve mi recelo en contarle (a su esposo), porque no sabía cuál iba a ser la actitud de él. Tuve temor de que se pusiera a sopesar quién es más o quién es menos”. Ahora, con el paso del tiempo se dio cuenta que estaba equivocada pues su esposo, Erick Martínez, no sólo se alegra de sus éxitos sino que le brinda mucho apoyo, indica.

Zambrana también cuenta con el apoyo de su esposo y admite que es necesario contar con mucha comprensión de parte de la pareja, ya que el trabajo consume mucho tiempo. “Soy cien por ciento Rosemary mamá y Rosemary esposa los sábados y domingos, de lunes a viernes soy compartida con mi trabajo, aunque yo quisiera dar más no puedo”, cuenta.

Sin embargo, este respeto y admiración no siempre se logra, dice la especialista, quien asegura que para un hombre es incómodo que su esposa ocupe un cargo de líder por el machismo con que ha sido educado.

“Lo pone en desequilibrio y desventaja, se siente inseguro y entra en competencia. Es difícil que logre entender y aceptar esa situación porque él quiere ocupar el único y primer lugar. Ha habido divorcios por eso, y es algo que lamentablemente se ve en casi todas las clases sociales”, agrega.

Lohanna Argüello opina que la comunicación en la pareja es esencial. Cuenta que sus obligaciones profesionales no afectan la relación con su futuro esposo porque “estamos en constante comunicación. Tengo un novio profesional en un puesto que también le requiere mucho tiempo y sabe que soy una persona que sin mi trabajo me muero, aprendimos los dos que tenemos un horario duro de trabajo y que después de ese horario tenemos un tiempo para nosotros, como los dos somos profesionales, más bien nos ayuda muchísimo”, comparte.

EL DECÁLOGO DE LA BUENA JEFA

Una buena jefa tiene que saber mandar pero, para que sus órdenes sean acatadas con gusto y mantener a su personal en armonía y con buen ambiente de trabajo, primero tiene que hacerse respetar. Esto no se consigue a fuerza de gritos e imposiciones sino con una técnica mucho más sencilla; respeta y te respetarán.

No olvidar que alguna vez fue subordinada. Es indudable que las cosas se ven de distintas maneras, según en el escalafón en el que uno se encuentre. Por eso, antes de valorar una actitud o un trabajo, es bueno intentar ponerse en el “pellejo” de quien lo hace. Saber por qué lo hace así, ayudará a entender mejor muchas situaciones.

Predicar con el ejemplo. No se puede imponer nada, si el propio jefe es el primero que lo incumple. Un buen ejemplo es el horario de llegada o las salidas injustificadas. Si se es jefe y no se cumplen ciertas reglas, difícilmente se conseguirá que los demás empleados las cumplan.

No juzgar actitudes y comportamientos a la ligera. Una llamada al despacho para dialogar con la persona que ha hecho algo incorrecto, nunca está de más. Antes de juzgar siempre será mejor tener toda la información necesaria.

Respetar la libertad e individualidad. Toda persona actúa mejor con cierta libertad. Marcando unas pautas primero, pero dejando hacer a cada uno según su modo y manera se obtendrán, siempre, mejores resultados.

Premiar cuando sea necesario. No se trata de bienes materiales. En ocasiones un agradecimiento o una valoración positiva serán vistos por parte del subordinado como el mejor de los premios.

Ser detallista. No cuesta mucho trabajo acordarse de fechas como cumpleaños u otros acontecimientos. Cualquiera agradece un detalle y, viniendo del jefe, aún más.  
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