Barro
María Cecilia Bravo
I
La tierra que posea será el trozo que finalmente me acoja, de donde nadie podrá arrancarme. A medida que transcurra el tiempo me iré fusionando con ella y regresaré a mis orígenes: el barro.
II
Creo que el Dios de mis padres me moldeó como a una vasija precolombina, con sus redondeces y sus oquedades, me dio con sus manos el toque adecuado y me infundió vida con su soplo.
III
Somos nosotros del mismo barro que los indígenas amasaban y coloreaban, que cocían al sol, le daban diversas formas y usos; un barro fuerte, resistente que soporta toda clase de inclemencias. O acaso ¿somos frágiles y quebradizos?
San Francisco, Granada, mayo 2003. 
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