Esperándote
Raúl Xavier García
Por lo que oye entre cuevas y mar, por los caminos del aire, por el agua que vive debajo del desierto. A este país se le abren los brazos del corazón. Y luego la ansiedad sube en mí. Mañana, cuando las sombras se hayan ido y te duerma otra voz, no la mía. Diremos: “eran espesas las llamas del diluvio”, mirando tendidos desnudos sin máscara alguna la redondez de la tierra. 
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