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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 8 DE NOVIEMBRE DE 2003
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Los ojos abiertos del silencio

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.Primer Premio del Concurso Centroamericano de Poesía Escrita por Mujeres

María Esperanza Morales.

 

Carlos Tünnermann Bernheim*

Una de las características muy propias de la poesía nicaragüense contemporánea es la fuerte presencia en ella de la poesía escrita por mujeres. A partir de la década de los años sesenta, irrumpen en el panorama literario nicaragüense nuevos valores que elevan y diversifican la voz poética. Entre ellos aparecen, primero tímidamente y luego con gran sentido de afirmación de su condición femenina, destacadas escritoras mujeres. “Fue durante las décadas de los sesenta y setenta, nos dice Daisy Zamora, que la mujer, a la vez que se descubrió a sí misma, irrumpió en la literatura nicaragüense con una obra novedosa y definitiva; dotó a nuestra literatura de la voz que le faltaba, la de la mujer”.

Y la novedad, como señaló tempranamente a principios de los setenta don José Coronel Urtecho, no era tanto el número de mujeres poetas y su calidad, que las colocaba en la primera fila de la poesía nicaragüense, sino la aparición de una “nueva y distinta conciencia femenina”, de suerte que para don José, “lo que más vale en la poesía de la mujer nicaragüense es... la revelación de su feminidad: Cada cual la suya”.

Al coro de voces femeninas de la mejor poesía nicaragüense, suma su propia voz y su “propia música”, María Esperanza Morales, con su estupendo poemario “Los ojos abiertos del silencio”, que hoy pone en circulación el Fondo Editorial CIRA, poemario que recientemente obtuvo el Primer Premio del Concurso Centroamericano de Poesía Escrita por Mujeres “Rafaela Contreras”, 2003, auspiciado por ANIDE y CIRA.

El poemario, como en un in crescendo, despliega sus secciones pasando por varios estadios anímicos, que narran poéticamente el arduo proceso de liberación y afirmación personal de la autora, desde una situación de sumisión y resignación, que da en parte contenido a la sección “Sin protestar”, hasta la tercera sección que son los “Poemas de Amor y Desamor” donde, ya sin amarres, expresa libremente las vicisitudes su pasión amorosa.

¿Qué mejor que desentrañemos la esencia misma de ese proceso recurriendo al propio canto de la autora?

En la sección “Sin protestar”, en que predominan los poemas narrativos y exterioristas, nos dice:

“Como toda buena mujer,
educada para la sumisión,
corrompida por la obediencia,
nunca ofrecí resistencia,
ni un grito sorprendido,
ni una palabra dura,
ni un puño levantado;
lo que pidieron, di,
lo que ordenaron, hice,
lo que predicaron, creí.


Sin embargo, ella se sabe mujer y poeta:

“Soy mujer que habla
de cosas que no existen,
soy mujer que sueña
con cosas que nunca ha visto.
Soy mujer.
Soy poeta”.


Y por lo mismo, como mujer y como poeta, se sabe:

“Empecinada aurora,
iluminada de amor
y desamparo,
aferrada al esplendor
de lo fugaz.
María soy.
Nada más.
Y mucho más”.


Y esto, aunque los convencionalismos la hagan sentirse, con las demás mujeres, que existen sólo para complacer, tal como nos lo dice en los poemas NOSOTRAS y REFLEXIÓN:

“Nos pintamos
los ojos y los labios,
nos vestimos, nos perfumamos,
viajamos, leemos
libros de moda
y escuchamos jazz;
y sonreímos
tanto, tanto
que ya casi
parecemos
mujeres felices”.


Cierran esta primera sección poemas en que la autora expresa su ilusión por un mundo mejor, que supere el de violencia y explotación en que vivimos:

“Apagaré la televisión y soñaré
que ninguna bomba estalló hoy,
que nadie fue torturado
y obligado a confesar,
que ningún prisionero político
desapareció de la cárcel.
Por lo menos hoy,
Amnistía Internacional
se encuentra oficialmente
fuera de servicio”.


Y el poema HERENCIA, se pregunta sobre el origen de sus impulsos, de sus ganas de vivir desaforada, por el misterioso proceso de combinación de genes que formaron su ser:

“¿Pero de quién heredé yo
esta fiebre de alhelíes,
este corazón insolente,
estas sombras imprudentes
que rondan mis deseos”...


En la segunda sección, intitulada, “ESTOS SON DE DIOSES Y DE AMANTES”, cada poema lleva un título que nos da la clave de su contenido. Son poemas cargados de metáforas, que nos traen reminiscencias de la poesía metafísica de Alfonso Cortés y de la surrealista de Mariana Sansón. Veamos unos ejemplos:

“Este es un poema
tentativamente infeliz.
Un perfil de secretos,
una confirmación de añil,
una urgencia fanática,
y un ingrávido miedo
a esos cielos de espejos,
a esos dioses lunáticos,
a esos ángeles ciegos
con almas de papel”.

“Este es un poema
de angustias repentinas.
El húmedo poema
de otoños oxidados
y fatiga general
de autobuses y campanas”.

“Este es un poema
razonable y sin mañana.
Un cerrar de ojos tristes,
una luna fragante,
un temor a dormirse
con un signo en la cara
y un hastío de arcángeles
muriéndose en voz baja”.


Finalmente, en la tercera sección, “POEMAS DE AMOR Y DESAMOR”, el canto de María Esperanza Morales alcanza su máxima altura, como en “El silencio es un dolor desconocido” y en “Al otro lado”:

“El viento sabe y calla
su tristeza por siglos enlutada.
Con asombro de estrellas
se deshace en tinieblas
su voz desnuda de milagros.
No hay fuego que encienda
su carne de vigilia
ni coraza que proteja mi
corazón
ante el ojo implacable
de la noche”.


La lectura del poemario de María Esperanza Morales nos confirma la continuidad del “hilo azul” de la mejor poesía femenina, a la cual se agrega, por su sencillez formal, su riqueza metafísica, sus ansias de afirmación femenina, que no se niega al amor, pero exige reciprocidad, y su alto vuelo lírico, este poemario tan merecidamente premiado.

Managua, octubre del 2003.

*Escritor y abogado.  
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