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José Cuadra Vega celebra sus... 70 años de amor y devoción por doña Julia

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El poeta José Cuadra Vega y Doña Julia Robleto.

 

Arnulfo Agüero

Su matrimonio eterno con su “Doña Julia siempre joven”, musa de su poesía amatoria, atemporal y mística, está cumpliendo los 70 años; para el poeta Chepito Cuadra esta larga vida conyugal, le ha significado en la controversial fidelidad de un “Don Juan hogareño”, lírico y amante granadino “quince primaveras primaverales”: El amor y su amada ha detenido el tiempo y la poesía ha sido su gran pretexto para alcanzarlo. El haber mandado en 1933 a la hoguera sus primeros 15 poemas y sus ocho cartas de pasión “pecaminosa”, después de haberla conquistado y llevado al blanco altar de las leyes divinas, y luego idear el ardid del libro Poemas para Doña Julia, para retenerla toda la vida, simplemente lo confirman: La palabra ha sido usada una vez más y con magnífica trascendencia y sin parangón por el último de los grandes románticos latinoamericanos del siglo XX.

José Cuadra Vega, conocido como “Josecito o Chepito”, sin olvidar su característica ironía, en este especial aniversario, se autocalifica burlonamente de “poeta mártir al estar viéndole la mascarilla a su Doña Julia”. Luego se retracta y nos dice que todo lo dicho es “mentirilla” y nos aclara que han sido “70 años a todo dar por el amor y devoción por Doña Julia”. Siguiendo con nuestro conversatorio sin dirección protocolaria, el poeta Cuadra vuelve con su zancadilla humorística, al señalar que su Doña Julia, está cumpliendo los 89 años de existencia, pero que él la ha sorprendido diciéndole a otras personas que tiene 60 años.

¿Qué fue primero: La adicción por la literatura o el amor por Doña Julia?

Le preguntamos con la intención de sacarlo de su silla abuelita Luis XV. Con una respuesta rápida de un clásico caballero de la mesa redonda, nos responde: ¡Doña Julia!, para agregar que cree, como otros muchos creen (y luego nos mira preguntando si nosotros dudamos o si somos de los “devotos julianos”), que fue un poeta tardío que comenzó a escribir a los treinta años.

Doña Julia nace en Masaya el 30 de junio de 1914. Chepito en Granada a la sombra de Xalteva y de la calle del Palenque el 21 de febrero de 1914. Durante el año de 1932, la conoce cuando era un joven estudiante de 18 años, del Instituto de Varones de Masaya. Da la feliz casualidad que —nos relata el poeta todavía enamorado— que ella vivía frente al Instituto y fue así que se iniciaron los primeros “escarceos conquistadores y las primeras miradillas de bizcos”. Pasó así un año de puras miradas, risas y sonrisas hasta que cayó rendido a sus pies y ella rendida dándole el “sí” por sus fogosos poemas y sus ardientes cartas de romántico erótico de los años de 1933.

Y es que la batalla por alcanzar los besos y las miradillas de la joven Julia, no fue tan fácil. Tuvo que liarse con cuatro “hijos de su madre”, pero a todos los venció. Se alegra porque los susodichos terrenales no eran poetas sino simples mortales. El único poeta de ese colegio era Josecito, por tal fue el campeón sobre los frustrados enamorados. Desde entonces cuando ganó este campeonato de la ars amatoria, han pasado siete décadas primaverales acompañadas sólo de sus excéntricas “infidelidades literarias”.

Sobre estas expresiones “infieles” que se refractan con ironía sutil en la contraparte de su fidelidad, Chepito expresa con jocosidad verbal de joven libertino, que ha tenido algunas “ca-í-das” cuando se ha escapado en busca de la “Chupa-tabaco”, “La ruedo-volteado”, “La taburete-bajo”, “La puño de sal” o la “Quiebra-catre”. Vuelve a ver a su doña Julia sentada en su silla Luis XV, y nos dice en voz baja y en señal de mentirilla, que su gran amor, es sólo Doña Julia Robleto Pérez. Con ella procreó tres hijos: José, Argentina y Julia.

Es al partir de este idilio eterno que escribió su célebre libro Poemas para Doña Julia, (que lleva cuatro ediciones y espera para el próximo año publicar la quinta). “El único amor de mi vida ha sido Doña Julia”, expresa sentenciando en broma que el escribir el libro fue un “ardid poético” para conquistarla para siempre. “Lo que te dije de la ‘Chupa-tabaco’ y las otras son puras babosadas de un gran chavalón, de un gran Don Juan que quiere caer en gracia; pero la merita verdad es que mi único y sencillo amor ha sido mi Doña Julia”. Luego de él se desprende una serie de carcajadillas maliciosas para regresar y decirnos que el libro de 50 poemas a Doña Julia es el que más ama. El otro de sus libros es el Canto a la Virgen Pájara María, que es un cantar humanizado a la Virgen en doce cánticos, donde ella entra a los lupanares a rescatar a las pajaritas... que están sentadas en las duras bancas en espera del cliente que llega y que paga por pecar. Josecito considera que su poética amatoria, su cantar y sus poemas de hospital son místicos porque en ellos está la presencia del amor de Dios. Sobre nuevos poemas a publicar nos confirmó que ya no es posible, ya que la fuente de sus “células cerebróginas” y sus margaritas, siempre están naciendo en sus poemas de Doña Julia. Para diciembre anunció que saldrá la segunda edición —publicada por Ediciones Suárez— de su poesía reunida “Poemas para Doña Julia, Cantos a la Virgen Pájara María, Poemas de Hospital y Otros poemas”.  
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