SáBADO 1 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23259 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




El poder de la oración que experimentó Sor María

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Ruth Cuadra de Fuentes

Sor María era una mística, amaba la oración. En la mañanita, apenas se levantaba, corría a la capilla a saludar a la Virgen y a Jesús y les decía: “Buenos días mi rey y mi reina, los amo mucho”, y así lo hacía muchas veces al día cada vez que pasaba por la capilla.

Ella decía que para salvarse y todavía mejor para santificarse se necesitaba hacer apostolado y servir a los pobres y principalmente la oración que sirve “para sumergirse en Dios”. Como salesiana la “vida activa” era una exigencia. Entre las dos vidas, activa y contemplativa, puede haber existido en ella, si no un contraste, un problema. Oración sin recogimiento es muerte o media muerte. Sin ella sólo buscamos a Dios. Él nos acompaña en todos nuestros pasos: pero si la vanidad, la satisfacción o preocupación de nuestros quehaceres nos dominan, Él nos dejará solos.

El demonio procura impedir la oración por medio de las distracciones. Si las combatimos no nos privarán del mérito.

Nada hay imposible para la oración cuando va acompañada de fe y confianza. En unión con María se hace mayor progreso en el amor a Jesús durante un mes, que en años enteros, viviendo menos unido a esta buena madre.

Uno de sus milagros que lo obtuvo principalmente con la oración fue que la señora Estela González, que vive en Atenas, Costa Rica, sufría desde hacía años con un molestísimo hipo que no le dejaba un momento de sosiego, ni de día ni de noche. Escribe: “Me vieron médicos y homeópatas, curanderos, ni los médicos acertaban cuál era la causa de mi mal. Al fin de tanto sufrimiento se me ocurrió consultar a Sor María. Me cogió ambas manos y se puso a rezar, se puso mientras rezaba palidísima, sentí un estremecimiento de pies a cabeza, y se apoderó de mi cuerpo un temblor. Se me quitó el hipo. Sor María me aconsejó que por un tiempo no me alejara (debía ir a Atenas), al tiempo volvió el hipo, como la primera vez, invocó a la Virgen y se me quitó. Por tercera vez volvió el hipo, me dijo: ‘Meta la medalla de María Auxiliadora en un vaso de agua de la Virgen, con esta agua se moja la garganta y tome el agua’. Lo hice así y el hipo desapareció para siempre. De esto hace veinte años”.

Sor Ana María Cavallini cuenta una anécdota muy simpática respecto al “agüita”: “Un campesino tenía una vaca muy enferma. Débil el animal no podía estar de pie y estaba echado en el suelo. Se le habían aplicado remedios y nada se conseguía. Se acordó el hombre, el dueño, del ‘agua de la Virgen’. Con fe puso a la vaca una inyección de esta agua y al instante el animal se paró y siguió completamente bien”.

El lema de Sor María: callar, orar a semejanza de la Virgen y de San José. Hagamos esto nuestro lema: “callar y orar a semejanza de nuestra Madre María y San José”, ellos fueron los que estuvieron más cerca y vivieron con Jesús, así ellos los tres nos ayudarán a mejorar en nuestra vida espiritual y corporal.

La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.
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