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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 1 DE NOVIEMBRE DE 2003
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Lo imaginé río

Foto  

La serpiente emplumada de la laguna. Técnica mixta, 2003. Jorge Tablada.

 

Gustavo Adolfo Becerra

Con dulzura de madre le hablo a las palabras: la única posibilidad es también la última posible. Y lo sé. Nunca sabré quién me sobrevivió:

en mi propia niñez era la niñez del río. En voz baja, para no despertar a los peces, digo mirándome en el reflejo: háganse las palabras,

(las feroces, las dulces: las que podrían arrancarme de la muerte).

Y se hacen: visibles y no visibles. Montañosas, inasibles, fugaces. Las visibles tenían sonoridades que pude identificar incluso cuando estuve vendado y amordazado y el amor era una cruz:

la empalizada de dos rectas que se cortan. Las invisibles lograban encantarme en su nube, descifrándolas se me iba la vida; las que nunca existirán, las que fuera de todo abecedario, florecían delante de mí y se desconstruían

(hasta desaparecer) para que no tuviera tiempo de amarlas (y significarlas). Lejos de mi voluntad, quitándose el peso del mundo, respirando

desnudas, las determiné relojes-árboles en el Gran Coliseo del Tiempo, raíces-palomas en el cielo reflejado de otro cielo que no vemos. Me gusta saber que no fueron bañadas con alcanfor para exhibirlas en el Museo de Historia Natural, esas dulces, benditas, sobrevivientes palabras.

Aunque han padecido el horror del cautiverio y fueron heridas, nunca la muerte pudo gatillar el submundo de sus alas. Aunque fueron censuradas se escribieron a sí mismas: antes que las dijese me dijeron y me nombraron palabra en el vacío-muro.

Y eras todo el amor (articulándose): la única escritura posible del río. Las palabras saben que volveré y me esperan, por eso, mantienen el río en paz. Con una débil conciencia social, escribo: me preocupa que el río trabaje más de ocho horas diarias. Y que sea sometido a ese ir infinito.

Aunque sé que nunca vendrán —las hermosas, elegibles palabras— también las espero. Ten confianza: construiré la casa.

Anidan en mi árbol otros significados: envejece el piano. Y pareciera que el paisaje, menos tus ojos, han cambiado de sentido (de esfera).

Debo confesar, eso sí, que paso muchas horas entibiando la tierra donde he sembrado: ahí, sentado contra el todo y la nada, espero,

de pronto, percibo el grano que se abre, es un instante solamente en millones de instantes similares, y se inicia el camino.

Es un acto bellísimo, fotografiable: como si el Espíritu de Dios, que esta vez puede ser tu propio espíritu, amaneciese desnudo sobre una sábana blanca. Desnudo y amándome. Luego, entre violines, agujeros, y medianoche millones de sonidos comienzan su crecimiento.

Agazapado como un tigre come-luz aguardo. Siento en estos valles el rodar del viento sobre los trigos secos. Temprano en la mañana miro el mundo y veo el río: Pavla, todo ha sido traducido por amor al relámpago.  
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Sombra


Mónica


Lo imaginé río