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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 1 DE NOVIEMBRE DE 2003
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Las troyanas o la modernidad de los clásicos

Foto  
.Una interpretación libre de la obra de Eurípides, con escenografía surrealista puesta en escena en el Teatro Rubén Darío

 

Isidro Rodríguez Silva*

LA OBRA

La obra inicia cuando la guerra entre griegos y troyanos terminó y la devastada Troya vive su destrucción. Después de la guerra que ha durado diez años viene la repartición del botín. Hécuba, que reinó en los mejores tiempos a Troya es lanzada a las costas junto a sus dos hijas y su nuera.

Hécuba, personaje central de la obra y que nunca sale de escena, comienza su lamento que va creciendo con el acontecer trágico de los hechos: la muerte de su hija Políxena, que va ser sacrificada en honor de todos los soldados griegos caídos en combate, Casandra va ser entregada a Agamenón, Hécuba va a ser esclava de Ulises. Finalmente anuncian la muerte del nieto de Hécuba para exterminar la estirpe troyana. Caso aparte es la griega Helena, causa de la guerra de Troya, antagonista de Hécuba, que es condenada por Menéalo a morir lapidada. La obra termina cuando las troyanas van a ser repatriadas.

Las troyanas de Eurípides gozan de una modernidad dramática en su contexto temático cuyo tema central es la guerra, pero no la guerra entre dos bandos que luchan, griegos y troyanos, sino la guerra como exterminio de la cultura, de la sociedad, del hombre, en fin de la vida misma. Pero también la obra simboliza el poder entre los poderosos y los oprimidos, donde la guerra es el peón para cambiar los destinos políticos y económicos a beneficios de unos pocos. De toda guerra germina la esclavitud al ser sometido el vencido, es por eso el texto lapidario de Hécuba cuando son repartidas como botín de guerra: Marchad míseras al día de la esclavitud de por vida.

Las troyanas también es un canto de libertad de la mujer, que enfrentan su destino con dignidad y valentía. Opuesto a Helena, que simboliza la seducción, el apetito sexual como forma de poder y la traición. Junto a Hécuba se van uniendo el dolor de cada una de las troyanas, estirpe de la mujer como núcleo del centro familiar, como productora de vida, que vencen la catarsis de su dolor, y buscan la esperanza de la vida, por eso Hécuba responde a una de sus hijas: *Hija, morir que seguir viviendo, lo uno significa la nada, en lo otro hay esperanza.

Dentro del contexto temático de la obra, Alfredo Guzmán, director de la obra, afirma: Cuando con cualquier excusa que solamente enmascara el apoderarse de los recursos propios de quienes no saben defenderlos, cuando con un egoísta sentido de restablecer un orden que no es otro que el afán de poder en sí mismo, cuando con la errada pretensión de sentirse llamados a redimir o salvar el mundo, entonces se repite una y otra vez en nuestro entorno el drama de las troyanas.

LA PUESTA EN ESCENA

Alfredo Guzmán, nombre artístico de Charles Delgadillo Cuadra, salió al tablado escénico del Instituto Doctor René Schick, bajo la dirección de la doctora Nidya Palacios Vivas, dirigiendo la oficina de Alfonso Pasos, Prohibido suicidarse en primavera de Alejandro Casona entre otras. Formó parte de Comedia Nacional de Nicaragua y fue dirigido por Socorro Bonilla Castellón en el papel estelar de la obra Sí quiero. Desde hace 29 años vive en España donde estudió una licenciatura en Arte Dramático y actualmente es catedrático de la Escuela de Teatro de Extremadura, España. En este país a dirigido obras como El rayo colgado de Francisco Nieves, don Juan Tenorio de Zorrilla, entre otras.

La puesta en escena es una interpretación libre de la obra de Eurípides, con una escenografía surrealista, donde las escenas van brotando entre claros oscuros, como pinturas trágicas y dolorosas. Los soldados griegos visten de modernos trajes militares con capas rojas que combinan los dos tiempos de guerra, el antiguo y el moderno.

La danza, la música y el tono colorido dado por juego de luces, crean la dolorosa y catártica atmósfera trágica de la obra. Hay que destacar la excelente interpretación de Marina Obregón en el papel de Hécuba y la actuación y dirección coreográfica de Amaralis Soza y la excelente escenografía de Fernando Morales Alonso, todos bajo la dirección general de Socorro Bonilla Castellón. Comedia Nacional y los artistas nicaragüenses agradecen la coproducción que permitieron el montaje de la obra, a la Cooperación Extremeña, Junta de Extremadura y la Consejería de Bienestar Social de España.

*Crítico teatral.  
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Las troyanas o la modernidad de los clásicos