SáBADO 1 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23259 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La paranoia chavista

No todos los medios de comunicación internacionales se han hecho eco de las denuncias del coronel Hugo Chávez, presidente de Venezuela, sobre una supuesta conspiración contra su gobierno, porque se trata evidentemente de una estratagema propagandística.

Como es sabido, el gobierno de Venezuela y personalmente Chávez han denunciado que la CIA de Estados Unidos “estaría participando en una conspiración en el país”, y que “estarían preparando un conjunto de ataques terroristas entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre (próximos), fechas programadas para recolección de firmas en respaldo a un referendo contra Chávez” (LA PRENSA, viernes 31 de octubre de 2003).

La “prueba” presentada por el Gobierno de Chávez es una grabación de video en la que aparece una persona instruyendo verbalmente a otras, sobre técnicas de seguridad. Y aunque se demostró que la reunión grabada ilegalmente en video es del responsable de una agencia privada de seguridad que vende legal y normalmente sus servicios en Venezuela, sin embargo Chávez ha insistido en la acusación y la ha llevado hasta el histerismo político.

Es obvio que se trata de una estrategia propagandística de Chávez a fin de sabotear el referendo revocatorio que la oposición lo obligó a convocar para decidir si debe seguir gobernando, o no. La oposición necesita recoger más o menos dos millones y medio de adherencias a la convocatoria del referendo, pero ya anteriormente recogió más de cuatro millones de firmas, lo que explica el miedo de Chávez.

Antes de esta aparatosa denuncia, el régimen chavista trató de sabotear la convocatoria al referendo con diversos “pretextos técnicos”, que fracasaron, y por eso Chávez ha recurrido a la vieja y manida estrategia de inventar conspiraciones.

Pero la denuncia de Hugo Chávez no es sólo una estratagema política para sabotear la recogida de firmas de la oposición y frustrar el referendo revocatorio. Esto sólo es una parte del asunto. Además, es obvio que Chávez está dominado por una manía persecutoria, pues no sólo “el que las usa las imagina” sino que todos los gobernantes despóticos, revolucionarios, autoritarios y totalitarios padecen de una u otra manera de paranoia y mitomanía.

En realidad, la historia enseña que todos los líderes revolucionarios y demás tiranos que llegaron al poder, desde Maximiliano Robespierre (1758-1794) en Francia; pasando por José Stalin (1879-1953) en la antigua Unión Soviética; por Adolfo Hitler (1889-1945) en Alemania; hasta Fidel Castro (1926- ) en Cuba y Daniel Ortega en Nicaragua, fueron poseídos en mayor o menor grado por la paranoia y la mitomanía. Y en algunos casos la paranoia extrema condujo a algunos personajes revolucionarios y totalitarios a cometer monstruosos crímenes, como Hitler en Alemania y Stalin en la Unión Soviética.

La misma hija de Stalin, Svetlana Aleluyeva, relató cómo el genocida comunista soviético hizo asesinar a uno de sus fieles mayordomos, porque éste, para no molestar a su amo durante la siesta se compró unas pantuflas de felpa, pero Stalin sospechó que lo hizo para acercársele silenciosamente y asesinarlo. A su vez, el gran líder británico durante la época de la II Guerra Mundial, sir Winston Churchill (1874-1965), relató en sus Memorias que Stalin le confesó que “la consolidación de la revolución soviética fue una lucha terrible, más dura que la invasión de Hitler. Tuve que destruir a diez millones. Fue terrible. Duró cuatro años”.

Pocas personas le creyeron a Churchill cuando publicó sus Memorias. Pero ahora que se han cumplido 50 años de la muerte de Stalin algunos archivos de la antigua Unión Soviética se están abriendo en Moscú, y no sólo le dan la razón a Churchill sino que demuestran que las víctimas del genocidio stalinista fueron muchas más de las que Stalin le confesó al líder democrático británico: más de diez millones de personas fueron asesinadas durante el régimen de terror stalinista, que además duró más de cuatro años.

En realidad, la paranoia y la mitomanía que evidentemente padece el presidente venezolano Hugo Chávez, son enfermedades profesionales de las revoluciones y del totalitarismo, y pueden motivar a los líderes revolucionarios y dictadores a cometer los crímenes más execrables. Por eso es que no se les debe permitir llegar al poder, ni recobrarlo, ni mantenerse en él si a pesar de todo y por cualquier razón logran conquistarlo.
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