Zona de Strikes
Del impacto, a la aflicción
Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
De pronto, estábamos en la geografía deportiva mundial.
Este país, que hasta ahora sólo había producido dos atletas de trascendencia mundial a través de Alexis Argüello y Denis Martínez, y que ha adquirido resonancia, por la habilidad que tenemos para pelearnos entre nosotros mismos, ahora llamaba la atención desde otra perspectiva.
En primer lugar, iniciamos el año con tres peloteros potencialmente listos para actuar en Grandes Ligas. Vicente Padilla parecía camino al estrellato con los Filis, Marvin Benard intentaba volver a planos cimeros y Oswado Mairena se aferraba a un puesto entre los 25 de los Marlins.
A la par de ellos, los campeones mundiales Rosendo Álvarez y Ricardo Mayorga, se ilusionaban por un productivo 2003. Y ante nuestra sorpresa, a ellos se agregó Luis Pérez tras vencer a Félix Machado. Luego lo hizo Eduardo Márquez, quien tocó el cielo una noche en España.
Así que de repente, Nicaragua se alistaba para contemplar a tres big leaguers y cuatro monarcas mundiales. Nos hinchamos de orgullo y por un breve instante, nos olvidamos de la política y la crisis económica. ¿Que para qué nos servía eso? Servía para el placer, diría Borges.
El problema es lo que vendría después. A Benard se le estropeó una rodilla un día antes de que iniciara la temporada y a Mairena lo enviaron a Triple A. Y no sólo eso. De pronto, Padilla no parece el potencial superestrella, sino el esforzado tirador que vimos con Chinandega.
Para remate, Márquez pierde su título apenas 35 días después de haberlo capturado, Pérez no ha vuelto a pelear desde que se coronó a inicios de año y Rosendo ha persistido con su frecuencia de una pelea por año. Superó a Antonio “Beibis” Mendoza y no ha tenido más actividad.
Mayorga, en tanto, se elevó aún más con su victoria en pelea unificatoria ante Vernon Forrest, lo que indiscutiblemente constituye, el mayor impacto vivido hasta el momento. Sin embargo, esa habilidad que muestra para complicarse, lo ha alejado de la consideración popular.
En dos palabras, hemos pasado del impacto a la aflicción. Y quizá lo más grave, es que detrás no hay nada alentador. 
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