Cosas Veredes Sancho Amigo
El Cristo blanco que se hizo negro
 |
|
 | “Cuando vine aquí me hicieron creer que en la Cuaresma asusta un hombre montado en un caballo blanco, eso me lo aseguró un amigo de andar paseando, él lo vio una noche, el caballo era enorme y chasqueaba el freno, también otros lo vieron pasar, ‘paca, paca, paca, paca’, a medianoche, pero hasta ahí”, dice don Rodimiro García Andino |
|
Don Rodimiro García llegó a Villanueva llevando como única compañía una guitarra, la que le retribuía el cariño acompañándolo en sus canciones, él la sabía manosear “o trastejear” pues era experto en mujeres, tenía además una voz agradable y una excelente memoria para albergar un gran repertorio musical con el que complacía a las damas. |
| |
Mario Fulvio Espinosa opinion@laprensa.com.ni
Era Villanueva, hace sesenta años, un pueblo remoto ideal para servir de escenario a una película de Sergio Leone. Cuatro calles color ocre, requemadas, áridas, candentes... Una iglesia colonial en ruinas, rodeada de casitas hechas de adobes y tejas renegridas que a mediodía parecían recogerse, como el caracol, para soportar el infernal calor.
Por la noche, aquellas viviendas alumbradas en su interior con candiles, ocotes y candelas de sebo, se convertían en unas filas de fantasmas negros de ojos diminutos que miraban tristemente hacia la tiniebla exterior.
Condenada a ser lejanía, a Villanueva sólo llegaban comerciantes y caminantes tránsfugas que durante los eneros cumplían mandas al Cristo Negro de Esquipulas, única atracción valedera del poblado que, en forma incongruente y casi ingrata, tiene como patrona a la Inmaculada Virgen de la Concepción.
A ese poblado eternamente en agonía, llegó en 1944 levantando polvo con las suelas de sus botas campesinas, un hombre llamado José Rodimiro García Andino, un ladino de mediana estatura, pelo crespo, rostro largo anguloso y un bigote fino esmeradamente recortado.
Platicamos recostados en las verjas de hierro que abundan por doquier en el pequeño parque del pueblo ( “embarandado” por dentro y por sus cuatro costados). Varios niños de la escuela cercana, vestidos de azul y blanco, corren, gritan y “joden” a nuestro alrededor.
EL ÚNICO MÚSICO A CIEN LEGUAS A LA REDONDA
“Yo vine a Villanueva en 1944 caminando sobre mis propios pies y por mi propia voluntad —dice Rodimiro—, venía de Chichigalpa porque no tenía un lugar fijo donde establecerme y poco a poco me fui quedado aquí. En ese tiempo yo era el único músico de este lugar y de cien leguas a la redonda”.
“Poco a poco me hice el gallo del patio, yo era el único que tocaba guitarra y por consiguiente era el eterno invitado a las fiestas del pueblo, el más codiciado de las mujeres del lugar y al que alegres le hacían rueda en ocasiones”.
Cuenta Rodimiro que después de cumplir con su oficio de sastre, uno de sus pasatiempos era internarse en aquellas montañas y cerros pedregosos para cazar venados. “Algo milagroso, que no me gusta contarle a todo el mundo, me ocurrió en una de esas cacerías”.
“Una vez, voy muy de madrugada con un mi compadre por las márgenes del Río Aquespalapa, ya habíamos caminado mucho y buscamos como descansar a la sombra de un hermoso matapalo. Ya en eso estábamos cuando al echar la mirada hacia las interioridades del árbol vi un objeto raro atrapado entre las raíces”.
“Con el machete fui cortando los gruesos bejucos hasta que pude llegar al objeto embejucado que era una imagen pequeña de bulto de la Virgen María, alegre la recuperé y la lleve a la casa. Claro que aquello era otro hallazgo milagroso, como el de Santo Domingo de Guzmán, en Las Sierras de Managua; el de Santa Teresa, en Teresa; el de Suyapa en Honduras y otros, pero a mí me tocó en suerte encontrar a esa Virgen que todavía celebran en mi casa en el mes de diciembre. ¡Y Ahí está! Si quiere vamos a verla”.
EL CRISTO BLANCO QUE SE VOLVIÓ NEGRO
— ¿Quién es el santo patrón de Villanueva?
— Es la Virgen de la Concepción, pero no me lo va a creer, la fiesta más concurrida y alegre es la del Señor de Esquipulas a la que viene gente de toda Nicaragua y Centroamérica. Pero éste es otro cuento.
Había aquí en Villanueva una señora devota del Cristo de Esquipulas que quería celebrar a ese santo pero no tenía una imagen a mano. Pero un día descubrió que en un cajón abandonado que estaba en la sacristía de la Iglesia había una vieja escultura rota y deteriorada de Cristo Crucificado.
A base de ruegos consiguió la señora que el padre le regalara la imagen, hecho esto mandó a traer a un escultor para que la restaurara y pintara, el artista procedió y dejó al Cristo en excelentes condiciones.
Pero la dama lo que quería era un Cristo de Esquipulas, así que le pidió permiso al padre para pintar de negro a Jesús... Así se hizo y que yo sepa es el único Jesús blanco que se volvió negro. Pero así quedaron las cosas, hubo bendiciones y la señora mandó a construir una especie de ermita en su casa donde se veneraba esa imagen.
Pero después ocurrió que un señor llamado Miguel Aguilera donó para la imagen un terreno que se encuentra en el lugar llamado El Encuentro, hasta donde llevaban la imagen en procesión todos los años en el mes de enero.
LOS SONIDOS DE LA SAPERA
Con el tiempo se fueron haciendo algunas casas en ese lugar donde existía una laguna en la parte que está abajo, el agua corría desde una loma de un camino del otro lado y se empozaba, y así se formó la laguna. En el invierno era enorme el ruidaje que hacían el montón de sapos y ranas que ahí cantaban. Desde muy lejos se oía aquel “croc, croc, croc, croc” en coro de batracios. Con el tiempo el lugar se convirtió en barrio y le pusieron Barrio de la Concepción de María, pero como ya antes lo llamaban La Sapera, Sapera se quedó.
Cuando llegó el triunfo de la Revolución, los sandinistas le quitaron el Concepción de María y le pusieron Barrio Libre, todavía se llama así, pero si usted pregunta ahora dónde queda el Barrio Libre nadie sabe, pero sí saben donde queda La Sapera.
NO LE PAGO, PERO LE COBRO CARO
Rodimiro García tiene ahora 79 otoños, aún ejerce la sastrería y no queremos despedirnos del lector sin antes contar la siguiente anécdota.
Se dice que una vez llegó a casa de Rodimiro un sujeto para encargarle que le hiciera un pantalón. Nuestro sastre le cobró caro la hechura y el cliente no puso objeción.
Cuando el hombre llegó a llevar su encargo, le dijo a Rodimiro que le pagaría pero hasta el día siguiente... Ni modo, Rodimiro aceptó. Pero el hombre no volvió.
Cuando la esposa de Rodimiro supo el caso, le dijo que era un tonto al haberle entregado el pantalón, pero Rodimiro argumentó: “Si, no me lo pagó, pero el gusto que me queda es que le cobré caro”.
BOMBO MAYOR
“Durante las conmemoraciones de Semana Santa también tocaba el bombo al que le sacaba aire y alegría. Yo era un tipo muy ingenioso y también por medio de ese ingenio y esas gracias enamoré a mi esposa que me tuvo ocho hijos, cuatro de ellos muertos ya”, asegura Rodimiro García. 
|