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DOMINGO 11 DE MAYO DEL 2003 / EDICION No. 23085 / ACTUALIZADA 12:30 am
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Un viejo roble

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Manuel Esquivel
fotografia@laprensa.com.ni

Mariano García, ya no labora con el machete, ni con el hacha como antes, pues acaba de cumplir cien años, pero aún conserva vestigios de fuerza que lo llevan a hacer trabajitos en su finca.

Don Mariano está solo, nunca tuvo hijos y hace seis meses su esposa falleció .

Este anciano se define como un hombre sano en todo el sentido de la palabra. “Soy sano, no salía antes a trasnochar, ni era travieso con las mujeres por eso aún me conservo y tengo todavía energías”, dice mientras se pone los caites que lo llevarían a caminar cuesta arriba por la carretera vieja a Niquinohomo hasta llegar a la comunidad El Pochote.

“Diario viajo hasta la finca que me heredaron mis padres, de ahí saco algo para comer... bananos, plátanos, aguacates y otras frutitas que traigo a la casa”, afirma mientras acomoda un racimo de banano manzano en la casa donde vive con su nieto.

Mariano García camina todos los días entre siete y ocho kilómetros, ida y regreso. Su finca queda en la comunidad El Pochote, ruta que hace más de 20 años transitaba sobre su yegua de nombre “Pujagua”, la que se le ahorcó.

“La dejé amarrada en un matón de chaperno y se tortoleó, dando vuelta y vuelta hasta que el mecate se le socó, cuando llegué a traerla, como a las cinco de la tarde para irme a la casa estaba muerta y ya no pude comprar otra”, rememora con nostalgia don Mariano.

Hombre de mediana estatura, de paso lento, mirada triste, piel morena y de poco hablar, pocos le conocen la sonrisa. “Lento pero seguro, para qué quiero correr, me puedo caer”, agrega.

García vive en el Barrio Monimbó de Abajo, de la Iglesia Magdalena tres cuadras abajo y una al sur. Su nieto y Paula, la esposa de éste, lo asisten y le dan de comer. “Él come lo mismo que nostros, nunca lo dejamos sin comer, cuando viene de la huerta se bebe su pinol o su café”, asegura Paula.

Mariano se siente solo, la muerte de su esposa lo ha impactado mucho. “La siento cerca, a veces veo una sombra blanca en la noche, me hace mucha falta”, dice.  
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