Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
DOMINGO 11 DE MAYO DEL 2003 / EDICION No. 23085 / ACTUALIZADA 12:30 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   

Desde Washington
La seguridad según Bush y la brecha Norte - Sur

Foto  

 

Marcela Sánchez

washingtonpost.com.- En su cruzada para librar al mundo del terrorismo, el presidente George W. Bush ha concebido una alianza internacional de “alcance y cooperación sin precedentes”, su llamada “coalición de los voluntarios”.

Bush esbozó ese enfoque por primera vez casi año y medio antes de la guerra en Irak, y la unidad anti-terrorismo del Departamento de Estado reiteró la semana pasada la necesidad de un “sistema global” para eliminar la amenaza del terrorismo en el mundo.

Pero pocos países al sur del Río Bravo parecen dispuestos a unirse al proyecto. Estados Unidos, como lo ha expresado en repetidas ocasiones, se siente “decepcionado”, y se pregunta por qué tantos no lo entienden.

Prácticamente cuatro de cada cinco países del Hemisferio Occidental optaron por quedarse afuera de la campaña liderada por Estados Unidos contra Irak. Para la mayoría de ellos, la explicación es simple: aunque las amenazas a su propia seguridad son graves y requerirán de cooperación internacional para enfrentarlas, Saddam Hussein –a miles de kilómetros de sus poblaciones pobres y desilusionadas– tenía poco que ver con dichas amenazas.

Bajo la agenda de Bush de seguridad como primera prioridad, la brecha Norte - Sur en las Américas se está ampliando. Es una división marcada en el pasado por ideologías, pero ahora por diferencias, quizás igualmente profundas, en necesidades, perspectivas, experiencias y cultura con respecto a la seguridad. Esto es algo que, muchos esperan, la Casa Blanca pueda entender.

Algunos comparan la situación con la de dos embarcaciones que se cruzan sin verse en la noche, ambas enarbolando una bandera por un mundo más seguro pero navegando en direcciones diferentes. Cada una va cargada con bagaje del pasado y ambas están renuentes a cambiar su curso. Pero a la larga cada una necesita de la otra para llegar a puerto.

Contrario a lo que algunos funcionarios estadounidenses sostienen, no ha faltado comprensión entre los latinoamericanos sobre cuánto cambió el mundo el 11 de septiembre del 2001. Si algo le falta a Latinoamérica es la capacidad de identificarse completamente con una experiencia que sólo Estados Unidos pudo vivir: convertirse de pronto, a pesar de su poderío militar y su buena disposición como líder del mundo libre, en una nación tan vulnerable como cualquiera.

Hay que recordar que algunos países latinoamericanos se han adherido a la misión estadounidense, entre ellos los que citan su propia experiencia como luchadores contra el terrorismo en sus territorios. Los escépticos sugieren otras razones para alinearse con la mayor potencia mundial: oportunidades de libre comercio, la extensión de permisos de trabajo para sus compatriotas en este país, la asistencia económica o militar. Ya sea por convicción o conveniencia, los latinoamericanos están probablemente más motivados por presiones internas que buscan una mejor vida cotidiana que por una firme creencia de que la guerra contra el terrorismo se puede ganar.

Hay otras explicaciones convincentes sobre por qué tantos en la región permanecen por fuera de la coalición. La historia de intervenciones estadounidenses en la región permanece fresca en su memoria, y están reacios a apoyar una dominación de Estados Unidos que ignora o amenaza con socavar organizaciones internacionales creadas para ayudar a preservar la paz y respetar la autodeterminación.

Funcionarios estadounidenses han acusado a algunos jefes de Estado al margen de la coalición de un liderazgo débil que prefirió dejar que sentimientos anti-guerra y anti-Estados Unidos en sus países guiaran sus decisiones. Claro que encuestas que revelaban que al menos el 80 por ciento de la población estaba en contra de la guerra es algo que difícilmente puede ignorar un político estadounidense o extranjero. Pero, enfrentarse a un poderoso y tradicional aliado como EE.UU. no es precisamente señal de debilidad.

La visión de una región que pueda finalmente romper con el pasado y forjar un futuro de cooperación sin precedentes es un mensaje magnífico. El problema podría ser también entonces el mensajero.

Para luchar nuevas batallas, la administración Bush ha seleccionado a veteranos de la Guerra Fría, cuyo lenguaje y comportamiento sugieren las pasiones anticomunistas del pasado. Róger Noriega, quien probablemente se convertirá pronto en el primer secretario asistente de Estado confirmado para la región en media década, no es la excepción, aunque muchos esperan que se adapte a los nuevos tiempos mientras otros no lo han hecho.

Washington también debe reconocer que la brecha Norte - Sur había empezado a ampliarse antes de que los ataques terroristas ocurrieran. Más personas en Latinoamérica estaban llegando a la conclusión de que las reformas económicas promovidas por Estados Unidos para la región sólo estaban empeorando la situación en sus países.

Líderes de la región declararon el ataque del 11 de septiembre a Estados Unidos como un ataque a todos. Pero el creciente desempleo, la pobreza extrema y el persistente descontento continuaron siendo imperativos mayores que la lucha contra terroristas internacionales.

Washington todavía puede hacer mucho para revivir el optimismo y las elevadas expectativas que existieron en la región cuando el presidente Bush llegó a su cargo.

Tal vez no sea demasiado tarde para que cumpla con su promesa de superar la división Norte - Sur y convertir éste en el Siglo de las Américas –incluso cuando, como ahora, se perfila más como el “Siglo de América”, o mejor dicho, de Estados Unidos.  
.


---

   
Otras Noticias

La seguridad según Bush y la brecha Norte - Sur

Sobrevivientes narran horror

Grupo rebelde iraní accede a desarmarse

¿SARS llegó en un plato de comida?

China debe aportar más datos del SARS, dice OMS

Japoneses se preguntan por qué el SARS no está en Japón