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DOMINGO 11 DE MAYO DEL 2003 / EDICION No. 23085 / ACTUALIZADA 12:30 am
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El milagro de Fátima

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.La Señora habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, y los invitó a visitar el lugar durante seis meses, el día 13 a la misma hora

La lluvia cesó de golpe, las nubes se abrieron y el sol se vio girar vertiginosamente sobre sí mismo proyectando haces de luz de todos los colores y en todas direcciones, ese 13 de octubre de 1917.

 

Ricardo Cuadra García
ricardo.cuadra@laprensa.com.ni

En febrero de 1908 son asesinados en Lisboa, Portugal, el rey Carlos I y el príncipe heredero. Dos años más tarde se proclama la República y empieza una terrible persecución religiosa, se prohíbe el uso del hábito y la celebración de las fiestas se cancela, asimismo confiscó las propiedades de la Iglesia y cortó relaciones con la Santa Sede. Es impuesta la enseñanza laica y se aprueba la ley del divorcio. “Dentro de dos generaciones la religión católica habrá dejado de existir en Portugal”, llegaron a afirmar las autoridades en ese entonces.

En 1916, durante la época de persecución a la Iglesia en Portugal, tres niños: Lucía Dos Santos, aún viva, Francisco y Jacinta Marto, son testigos de la aparición de un ángel, en tres ocasiones, quien se identificó primero como el Ángel de la Paz y, posteriormente, como el Ángel de Portugal, y que los preparó para los futuros encuentros con la Santísima Virgen.

Fátima era una ciudad desconocida de 2,500 habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal. Allí, la Virgen se manifestó a estos tres niños campesinos en 1917, que no sabían leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas todos los días.

El 13 de mayo de ese año Lucía, Jacinta y Francisco se reunieron con sus ovejas en Cova da Iria, un pequeño valle a casi tres kilómetros de Fátima. Aquí, mientras jugaban, fueron asustados por un rayo que atravesó el cielo azul, temiendo que estallara un temporal, decidieron volver, pero en el camino de regreso, otro rayo los sorprendió. A los pocos pasos, observaron sobre una encina a una Señora, toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa.


REZAR DIARIAMENTE EL ROSARIO

La Señora habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, porque no les haría ningún daño. Luego los invitó a venir al mismo sitio durante seis meses consecutivos, el día 13 a la misma hora, y antes de desaparecer elevándose hacia Oriente añadió: “Recen el rosario todos los días para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra”.

Los tres habían visto a la Señora, pero sólo Lucía había hablado con ella; Jacinta había escuchado todo, pero Francisco había oído sólo la voz de Lucía. En casa, naturalmente, no les creyeron y, al contrario, fueron tomados por mentirosos; así que prefirieron no hablar más de lo que habían visto y esperaron con ansia que llegara el 13 de junio.

Ese día los pequeños llegaron a la encina acompañados de una cincuentena de curiosos. La aparición se repitió y la Señora renovó la invitación a volver al mes siguiente y a orar mucho. Les anunció que se llevaría pronto al cielo a Jacinta y Francisco, mientras Lucía se quedaría para hacer conocer y amar su Corazón Inmaculado.

La mañana del 13 de julio, cuando los tres niños llegaron a Cova da Iria, encontraron que los esperaban al menos dos mil personas. La Virgen se apareció nuevamente y repitió su invitación a la penitencia y a la oración. La Señora prometió que en octubre diría quién era y lo que quería y añadió que haría un milagro que todos pudieran ver y que los haría creer.

Antes de alejarse, la Virgen mostró a los niños los horrores del infierno y dijo que la guerra estaba por terminar, pero que si los hombres no llegaban a ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XII estallaría una peor. Después de esta aparición, Lucía fue interrogada de modo muy severo por el alcalde, pero no reveló a ninguno los secretos confiados por la Virgen.


RETENIDOS POR EL ALCALDE

El 13 de agosto, la multitud en Cova era innumerable: los niños, sin embargo, no llegaron. A mediodía en punto, sobre la encina, todos pudieron ver el relámpago y la pequeña nube luminosa. La Virgen no faltó a su cita, pero los tres pastorcitos habían sido retenidos por el alcalde, que con el pretexto de llevarlos en su vehículo, los había llevado a otro lado, a la casa comunal, y los había amenazado con tenerlos prisioneros si no le revelaban el secreto. Ellos callaron, y permanecieron encerrados.

Finalmente fueron liberados sin confesar nada. Los tres pequeños fueron con sus ovejas a Cova da Iria el 19 de agosto, cuando, de repente la Virgen apareció y pidió a los niños que rezaran el rosario y se sacrificaran para redimir a los pecadores. Pidió también que se construyera una capilla en el lugar.

El 13 de septiembre, Cova estaba atestada de personas arrodilladas en oración: más de veinte mil. A mediodía el sol se veló y la Virgen se apareció acompañada de un globo luminoso: invitó a los niños a orar, y repitió que en octubre se daría un milagro. Todos vieron que una nube cándida cubría a la encina y a los videntes. Luego reapareció el globo y la Virgen desapareció hacia Oriente, acompañada de una lluvia, vista por todos, de pétalos blancos que se desvanecieron antes de tocar tierra.

El 13 de octubre es el día del anunciado milagro. En el momento de la aparición se llega a un clima de gran tensión. Llueve desde la tarde anterior. Cova da Iria es un enorme charco, pero no obstante miles de personas pasan la noche en el campo abierto para asegurar un buen puesto.

Justo al mediodía, la Virgen aparece y pide nuevamente una capilla y predice que la guerra terminará pronto. Luego alza las manos, y Lucía siente el impulso de gritar que todos miren al sol. Todos vieron entonces que la lluvia cesó de golpe, las nubes se abrieron y el sol se vio girar vertiginosamente sobre sí mismo proyectando haces de luz de todos los colores y en todas direcciones: una maravillosa danza de luz que se repitió tres veces.

La impresión general, acompañada de enorme estupor y preocupación, era que el sol se había desprendido del cielo y se precipitaba a la tierra. Pero todo vuelve a la normalidad y la gente se da cuenta de que los vestidos, poco antes empapados por el agua, ahora están perfectamente secos. Mientras tanto la Virgen sube lentamente al cielo en la luz solar, y junto a ella los tres pequeños videntes ven a San José con el Niño. Las más de sesenta mil personas presentes en Cova da Iria tienen un ánimo delirante, muchos se quedan a orar hasta bien entrada la noche.

Las predicciones de la Virgen se cumplen: al final de 1918 una epidemia golpea a Fátima y Francisco y Jacinta fallecen. Francisco muere santamente en abril del año siguiente como consecuencia del mal, y Jacinta en 1920, después de muchos sufrimientos y de una dolorosa operación. En 1921, Lucía entra en un convento y en 1928 pronuncia los votos. Será Sor María Lucía de Jesús.


CUSTODIA DE LOS SECRETOS

Lucía primeramente reveló dos secretos: el primero trata de la visión horrible del infierno, el segundo de la difusión del ateísmo en el mundo a causa del bolchevismo y la Segunda Guerra Mundial. Ésta, había dicho la Virgen, estaría precedida por un gran signo: en efecto, la noche entre el 24 y el 25 de enero de 1939, víspera de la guerra, se vio en todos lados, también en Italia, un cielo rojo con resplandores blancos, que fue llamado “aurora boreal”.

El 27 de abril de 2000, el Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Monseñor Tarcisio Bertone, le presentó a Sor Lucía dos sobres, uno externo y otro dentro con la carta que contenía la tercera parte del “secreto” de Fátima, y ella dijo inmediatamente, tocándola con los dedos: “es mi carta”; y después, leyéndola: “es mi letra”.

Con la ayuda del Obispo de Leiria-Fátima, se leyó e interpretó el texto original, que está en portugués. Sor Lucía estuvo de acuerdo en la interpretación según la cual la tercera parte del secreto consiste en una visión profética. Reiteró su convicción de que la visión de Fátima se refiere sobre todo a la lucha del comunismo ateo contra la Iglesia y los cristianos, y describe el inmenso sufrimiento de las víctimas de la fe en el siglo XX.

Se especuló mucho el contenido del tercer secreto. La carta fue escrita por Sor Lucía después que, a raíz de una grave enfermedad que padeció en 1943, el Obispo de Leiria, Monseñor José Alves de Silva, la instara a que escribiera el secreto. En enero de 1944 la Virgen se le manifestó a Lucía y le confirmó que podía escribirlo.

Lucía lo hizo así y lo metió en un sobre sellado. La jerarquía de la Iglesia lo recibió en junio de 1944 y Lucía pidió que el secreto fuera abierto y leído al mundo al morir ella, o, a más tardar, en el año 1960, lo que ocurriese primero. En 1957 el sobre llegó a Roma, pedido por el Santo Oficio, y fue colocado en un pequeño cofre en la oficina del Papa Pío XII, quien murió sin haber abierto el sobre.

En 1959 el Papa Juan XXIII leyó el secreto con la ayuda de un traductor portugués, pero no fue divulgado, y en 1960 se supo, en un comunicado, que el secreto no debía ser publicado. El texto de la tercera parte del secreto lo dio a conocer, finalmente, el Vaticano el 26 de junio de 2000, con una serie de comentarios.

Sor Lucía vive aún y es monja carmelita en Coimbra, Portugal. Se sabe que, luego de concluir el ciclo de Fátima, Lucía ha tenido otras apariciones de la Virgen (en 1923, 1925 y 1929), que le ha pedido la devoción de los primeros sábados y la consagración de Rusia.

En Fátima las peticiones de la Virgen han sido atendidas: ya en 1919 fue erigida por el pueblo una primera modesta capilla.

Juan Pablo II fue personalmente a Fátima el 12 de mayo de 1982: en su discurso agradeció a la Madre de Dios por su protección justamente un año antes, cuando se atentó contra su vida en la Plaza de San Pedro.

El próximo domingo 18 de mayo, los Heraldos del Evangelio conmemorarán el 86 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, por lo que invitan a los fieles católicos a acompañar a la imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María en esta festividad realizada en homenaje al cumpleaños del Santo Padre Juan Pablo II. El evento se realizará a partir de las diez de la mañana en la Catedral de Managua.  
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