Ganador del certamen cafetero “Taza de la Excelencia”
Frank Lanzas Monge: “Tal vez me salvo con este ‘loteriazo’”
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 | El café producido en la finca Santa Rosa, propiedad de Frank Lanzas Monge, resultó ser el mejor de Nicaragua, según el último certamen de la “Taza de la Excelencia” efectuado a inicios de mes. El premio le cayó a Lanzas como agua de mayo, ya que espera vender 75 quintales de café a no menos de 1,300 dólares cada uno |
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Eduardo Marenco Tercero eduardo.marenco@laprensa.com.ni
El día está árido y no hay bruma en la ciudad. Tampoco se siente frío. Tal vez porque las montañas cercanas están pelonas y algunas invadidas de asentamientos humanos. No es la misma Matagalpa de hace años, cuando viajar hasta acá ameritaba enfundarse una chaqueta para protegerse del frío. Un buen café con unas rosquillitas eran un aliciente para disfrutar del clima. Ahora el sol es bravo y seca la garganta. Pero aunque la ciudad aparentemente ya no es la misma, sigue siendo la cuna del mejor café de Nicaragua, según un jurado de catadores que, proveniente de distintas partes del mundo, encontró un café incluso superior al producido en Brasil.
Frank Lanzas Monge, presidente de la Asociación de Cafetaleros de Matagalpa, fue el premiado con la “Taza de la Excelencia” durante el certamen convocado para valorar la calidad del café nacional. Lanzas produjo en su finca Santa Rosa, un café “cremoso y aterciopelado”, con “aroma a rosa”, según el jurado.
A sus 42 años, descomplicado y juvenil, a Lanzas se le distingue por un bigote café grueso, tirando a marrón, porque usa unos lentes cuadrados y enormes, como de bibliotecario, y porque su voz se oye a diez metros de distancia.
¿Cuál fue la clave de su éxito? Lanzas lo cuenta y advierte que no le echó ningún “polvo mágico” a su café y que resolver la crisis de la caficultura es clave para el desarrollo nacional.
¿Qué condiciones fueron las que permitieron que produjera un café de tan alta calidad?
Hay una combinación de condiciones. En primer lugar, la altura (de la finca) de 1,100 metros sobre el nivel del mar; en segundo lugar, la sombra lograda con madera “elequeme” y “guaba”. Además, (cultivar) una sola variedad de café, sólo tengo Caturra casi en un cien por ciento, que es un grano arábigo, que data de los años cincuenta y que se empezó a sembrar en tiempos de Somoza.
Mi finca es considerada mediana (256 manzanas) y eso me ha beneficiado porque yo te conozco de nombre a la mitad de los cortadores, que son entre 180 a 260, en dependencia de la cosecha. Hay una relación más estrecha, entonces, cuando yo les exijo que corten sólo el granito maduro, ellos lo hacen, en fincas inmensas eso es imposible. Yo no “jalo” gente porque los cortadores son los mismos del valle que llegan cada año. Hay tres familias que han trabajado con mi abuelo. Hay esa relación más de amistad, no sólo una relación patrón-obrero.
Otro elemento clave fue tener control sobre el beneficiado húmedo. Y yo prácticamente trato de estar allí todas las tardes durante la época de recolección para ver si se está cortando bien, si se está despulpando bien. Todo esto va contribuyendo a la calidad del café.
Yo no hice nada en especial, no le eché ningún polvo mágico al café. Se trató de mantenerlo limpio, hicimos énfasis en que se cortara sólo el grano rojo porque el pinto le mata el sabor. Y que después de lavado con agua limpia, se llevara al beneficio del café (a secar), para que no agarrara el olor a moho en la finca. El beneficio seco ayudó.
LA CAFICULTURA EN SU LABERINTO
La alta calidad del café que los catadores internacionales encontraron en Nicaragua se da en un momento difícil para la caficultura nacional. Si bien es una victoria, el camino está lleno de derrotas para el gremio.
Históricamente, a juicio de Lanzas, las reglas del juego no han sido claras para los productores cafetaleros, pues mientras a inicios de los noventa se les otorgaba créditos a un plazo de diez años con doce por ciento de interés, ahora se les otorga a un plazo de seis años.
Las quiebras del Banco Nacional de Desarrollo (Banades), el Banco Nicaragüense (Banic), el Banco del Café (Bancafé), el Interbank, ligadas a las quiebras del grupo económico de los hermanos Centeno Roque, entre otras quiebras, empeoró el escenario para la obtención de financiamiento por parte de los caficultores.
Antes de las quiebras sucesivas, en el ciclo 2000-2001, se obtuvo una cosecha récord de más de dos millones de quintales. “Nosotros hicimos nuestro trabajo”, dice. Pero el volumen de las cosechas ha ido disminuyendo no sólo por la falta de financiamiento, sino además, por la sobreproducción mundial del grano y por la caída del precio internacional del café. De manera que este año, según Lanzas, solamente se exportarán unos 800,000 ó 900,000 quintales. “Yo produje el año antepasado 3,200 quintales y este año produje 1,500 quintales, consecuencia de la falta de financiamiento”, explica.
Frank Lanzas ilustra con su caso lo que le ocurre a decenas de productores. Debía aproximadamente 140,000 dólares, pero debido a los bajos precios del café no logró abonar su cuota anual de modo que le reestructuraron su deuda a cambio de que colocara bonos como garantía ante el banco.
Compró casi 64,000 dólares en bonos. “Mi deuda pasó de US$ 140,000 a US$ 220,000: esa es la gran salvación del gobierno”, dice. El año pasado pagó un poco más de 28,000 dólares en cuotas e intereses, pero este año pagará 43,000 dólares. “De nada me ha salvado el gobierno con su programa (de compra de bonos), lo que hizo fue sobre endeudarme”, añade, “el que está mejor es el banco, que además de tener como garantía mi finca, tiene los bonos”.
Y sentencia: “El gobierno actual no ha hecho nada por la caficultura”.
En este panorama, ¿debemos seguir concentrados en este rubro?
El café de calidad tiene futuro, aunque Brasil llegue a producir sesenta millones de quintales el próximo año, no importa, será café mediocre. Siempre habrá necesidad de un buen café en el mercado.
Además, antes Nicaragua le vendía aproximadamente el 50 por ciento de su café a Alemania, ahora el 35 por ciento va a los Estados Unidos y sólo el 15 por ciento va a Alemania. Se ha invertido (la relación) porque los Estados Unidos, que antes compraba la charbasca, ahora ya están empezando a buscar el buen café.
Los japoneses también ya se están dando cuenta y por eso un señor japonés que compró el año pasado el primer premio del café de Nicaragua, y el de Brasil de este año, está dispuesto a comprar el primer premio de ahora en Nicaragua, porque le gustó el buen café, y está dispuesto a pagarlo.
¿De manera que usted apuesta por el café como motor del desarrollo nacional?
Como uno de los pistones, pero el más grande. ¿Por qué? Veamos el precio actual: setenta dólares el quintal, de los cuales nos dan treinta dólares de habilitación; de éstos, diez son para fertilizantes y herbicidas, los otros veinte son para mano de obra. O sea que, de los setenta dólares que recibimos, sólo diez tienen que salir de Nicaragua porque aquí no producimos ni fertilizantes ni herbicidas. Nicaragua recibe sesenta dólares libres, son las divisas más limpias. Que la maquila produce, dicen. ¿Pero cuánto entra de la maquila y después sale? De los cien dólares que puede producir, sólo diez quedan acá por la mano de obra.
¿Qué solución plantea a la subasta de bienes de cafetaleros por parte del Banco Central?
Nosotros necesitamos tiempo. Ahí están los precios del café desde 1984 al 2002, (señala la pared, donde se ve el irregular “electrocardiograma” de los precios del café), fijate cómo es de errático. Con diez años que nos den, por lo menos tres cosechas vamos a venderlas bien, es nuestro cálculo, y con eso pagamos.
Pero esos diez años tienen que ser a intereses módicos, menos del diez por ciento, cualquier economista te dice que cualquier negocio legal con más del diez por ciento de intereses ya no es rentable. Eso es lo que le venimos pidiendo al gobierno, que nos den el tiempo, nunca hemos pedido condonación.
Así como Vietnam obtuvo préstamos al cuatro por ciento de interés para poder sembrar una montonada de café, que es lo que distorsionó el mercado, que todo el gabinete económico salga a pedir limosna como todos los gobiernos anteriores para salvar la caficultura, no sólo por salvar a los cafetaleros, sino porque es la fuente más importante de trabajo de todo el Norte y probablemente de Nicaragua.
En mi caso, el Gobierno puede decir que a mí me dieron quince años porque los bonos son pagaderos a quince años, (pero) yo tal vez me salvo con este “loteriazo” que pienso sacarme el diez de junio (día de subasta de la Taza de la Excelencia), a lo mejor salgo (del problema) porque me saqué la lotería si vos querés.
Los cafetaleros no necesitamos que don Enrique (Bolaños) se venga a tutear un saco de café o que venga a cortar el café que nosotros producimos pero sí necesitamos que este gobierno componga las carreteras para sacar más rápido el café.
¿De cuánto espera que sea su ‘loteriazo’?
Viendo que en Brasil el primer premio se llevó 1,800 dólares más o menos, y supuestamente los mismos catadores internacionales que venían de Brasil dijeron que mi café estaba mejor que el brasileño, entonces la expectativa es que el primer lugar rebase el precio del primer lugar del año pasado que fue de 1,175 dólares por quintal.
¿Unos 1,300 dólares?
Pues sí, uno de los catadores dijo que el japonesito no quería estar peleando, sino que iba a empezar con US$1,300 para sacar a toda la chiquitada y quedarse peleando con uno o dos (en la subasta). No es oficial pero se rumoró en la noche de la premiación.
Este es un súper café porque el quintal del café normal está a 70 dólares...
Uno de los jueces en la noche me dijo que habían tenido que buscar palabras nuevas porque en mi café había sabores nuevos que ellos nunca habían sentido.
LA SANTA ROSA
Es una finca de 256 manzanas, de las cuales 103 son de café, 106 de montaña tropical semi virgen y el resto, más de 28 manzanas, de potrero donde piensa “montar” una lechería tecnificada. Está ubicada a quince kilómetros de Matagalpa, y es allí donde se produjo el café premiado. Está a más de mil metros sobre el nivel del mar.
Su abuelo, Joaquín Lanzas, que llegó a tener trece fincas, obtuvo la Santa Rosa en 1952, cuando la misma comprendía más o menos 500 manzanas, pero la mitad de la finca se la regaló a Fernando Agüero en 1967, para que regalara tierras en su campaña electoral que tenía aquel slogan “Con Agüero muero”.
“Me mochó la mitad de la finca mi abuelo por andar en politiquerías... y para nada”, dice. 
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