Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
SáBADO 10 DE MAYO DEL 2003 / EDICION No. 23084 / ACTUALIZADA 02:30 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   
Blanco y negro
Espejismo liberal

Foto  

 

Eduardo Enríquez
eduardo.enriquez@laprensa.com.ni

La ruptura aparentemente definitiva entre los “arnoldistas” del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y el presidente Enrique Bolaños; así como el anuncio de algunos simpatizantes del mandatario de hacer campamento aparte para las próximas elecciones municipales y presidenciales tienen a algunas personas nerviosas.

Ese nerviosismo radica en que, según ellos, con la división de los liberales, el triunfo de los sandinistas en las elecciones venideras es seguro. La premisa de esa conclusión es que el voto “liberal”, que según ellos ha demostrado ser mayoritario en Nicaragua, se va a dividir dejando como nueva mayoría al Frente Sandinista cuyo voto se mantendrá monolítico. A simple vista la situación es preocupante, pero al estudiar la situación queda claro que eso no es más que un espejismo y que las posibilidades del sandinismo de ganar las elecciones nada tienen que ver con el supuesto “liberalismo” nicaragüense.

La falacia está en pensar que existe una mayoría “liberal” en Nicaragua. Los que creen eso señalan primero los 45 años de somocismo y luego el retorno del neo somocismo de Arnoldo Alemán.

En realidad, lo de Somoza ni siquiera se puede tomar en cuenta pues nunca se sometió a votaciones libres; y el fenómeno Alemán no tiene nada que ver con liberalismo.

Recordemos: Alemán sale electo en 1990 como concejal en Managua por la Unión Nacional Opositora y conquista la Alcaldía a través del voto de sus compañeros concejales, no a través del voto popular. La bandera que Alemán toma entonces no es el liberalismo, sino el antisandinismo más recalcitrante. Una vez enganchado en la silla edilicia comprende que si quiere llegar a la Presidencia necesita un partido, que resulta ser el PLC, pero el nombre es lo de menos. Al fin y al cabo lo único que tiene de liberal esa agrupación es el nombre.

La gente lo vota porque se perfila como el hombre que terminará con el cogobierno de doña Violeta Chamorro y los sandinistas. Amarga ironía, pues pactó con Daniel Ortega. Y con ese pacto el PLC y el sandinismo no sólo votaron juntos en la Asamblea Nacional sino que se repartieron los otros poderes, la Contraloría, la Fiscalía y hasta un organismo inocuo como la Procuraduría de Derechos Humanos.

Pero llega el 2001 y la gente vuelve a votar por el PLC. No porque la mayoría fuera liberal, sino porque en la acera de enfrente está de nuevo Ortega. Esa es la constante en el 90, el 96 y el 2001, no el liberalismo. Ahí no hay doctrina ni ideología.

Ahora, ¿hay peligro en la división entre “bolañistas” y “arnoldistas”? ¿Qué tanto arrastre puede representar un PLC quebrado moral y económicamente y con su líder —o mejor dicho— con su creador, encerrado en El Crucero? Lo que ha quedado ahí es un cascarón cuya única bandera es la “libertad de Arnoldo”, pues es quien les podría dar oxígeno.

Pero esto no quiere decir que por inercia la gente que votó al PLC ahora se mueva hacia el partido no nato de los “bolañistas”. Si esos futuros candidatos no logran combinar carisma, credibilidad, legitimidad y sobre todo una gestión eficiente del actual gobierno como carta de presentación, tampoco tienen futuro. Ahí sí podría ganar el sandinismo, pues al no existir un polo fuerte que galvanice al voto antisandinista, éste se puede dispersar entre los muchos candidatos que van a aparecer.

Pero para evitar eso hay que estar claros que la gente vota por el que cree que le va a resolver. El nombre es lo de menos.  
.


---
   
Otros Artículos

Espejismo liberal

¿Miedo, complejo u oportunismo?

90 años del Colegio María Auxiliadora

¡La santidad empezó allí!

Rostros de la semana