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SáBADO 10 DE MAYO DEL 2003 / EDICION No. 23084 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Otra batalla en la ONU

El proyecto de resolución sobre Irak que presentó Estados Unidos ayer en el Consejo de Seguridad de la ONU, no excluye a ésta del proceso de reconstrucción de Irak pero le asigna un rol subordinado.

En realidad, después del comportamiento mediocre de la ONU en lo de Irak; habiendo obtenido Estados Unidos una clamorosa victoria militar sobre la tiranía de Saddam Hussein y el terrorismo internacional; y teniendo en cuenta que el eje franco-germano-ruso quedó derrotado políticamente, no cabe esperar que los triunfadores cedan la posición preponderante que reclama el eje anti-norteamericano.

En cambio el Reino Unido y España que acompañaron a Estados Unidos en la guerra contra la tiranía de Hussein y el terrorismo internacional en la guerra de Irak sí se ganaron el derecho a participar hegemónicamente en el proceso de reconstrucción iraquí.

Estados Unidos ha pedido que la resolución sea aprobada a más tardar en dos o tres semanas, puesto que el tres de junio próximo expira el programa Petróleo por Alimentos y es urgente que la comunidad internacional ponga fin al embargo económico y comercial que se impuso al Irak de Saddam Hussein después de la primera guerra del Golfo.

A esto se opone el eje franco-germano-ruso, particularmente Moscú, que encabeza ahora al bloque anti estadounidense en el Consejo de Seguridad de la ONU, y que exige que antes de que se levanten las sanciones y se abandone el programa humanitario de “Petróleo por Alimentos”, regresen a Irak los inspectores de la ONU para verificar que no existen armas de destrucción masiva.

Pero es muy difícil que Estados Unidos acepte las presiones de sus adversarios políticos y que les permita una participación en el proceso posbélico que no sea la de carácter subordinado que contempla el proyecto presentado ayer en la ONU.

Estados Unidos, desde hace mucho tiempo ha tenido contrariedades con la ONU, e inclusive se ha retirado de algunas de sus agencias principales (de la UNESCO estuvo fuera durante 18 años y sólo regresó el año pasado a cambio de concesiones importantes y porque es un japonés, el señor Koichiro Matsuura, quien está al frente de dicho organismo), debido al predominio que tienen en ellas países y funcionarios que no son solventemente democráticos. Y después de lo que ocurrió en derredor de la guerra en Irak hay menos razones para que Estados Unidos tenga interés en dar mayor importancia a la ONU.

Pero Washington tiene que atender los escrúpulos de sus aliados, por ejemplo de España. El Presidente del Gobierno español, José María Aznar, aseguró el miércoles de esta semana en Washington que la resolución debe definir el ámbito institucional, económico, financiero y humanitario en el que pueden actuar las Naciones Unidas en todas las cuestiones relacionadas con la administración del Gobierno interino de Irak. La ONU no debe limitarse a atender cuestiones humanitarias, sino que tiene que desempeñar una función central en el proceso de reconstrucción y en el futuro de Irak, señaló Aznar.

De manera que Estados Unidos incluyó algunas de esas preocupaciones españolas en el proyecto de resolución, sin perjuicio de que el texto deja claro —con sólo no mencionar el asunto que tanto interesa a Rusia— que los inspectores de la ONU no volverán a Irak y que son las fuerzas militares de Estados Unidos y de los tres aliados principales las que ocuparán Irak durante el lapso necesario.

Según analistas internacionales de signo democrático, desde hace tiempo la ONU entró en una etapa de obsolescencia, que con su pobre actuación durante la guerra en Irak se ha agravado a ojos vistas.

Sin dudas que la ONU debe transformarse, actualizarse y dignificarse, o tendrá que desaparecer. Es degradante que Libia presida la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y que Cuba no sólo sea miembro prominente de la misma sino que actúe como con licencia para ultrajar impunemente a los países democráticos.

La ONU tiene que apoyar de manera efectiva la lucha contra el terrorismo, que es ahora la principal amenaza contra la libertad, la democracia, los derechos humanos y la paz universal. O tendrá que ceder el lugar a un otro organismo que responda a las nuevas exigencias de la realidad internacional.  
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