Poesía salvadoreña
De ayer
Otoniel Guevara*
¿Cuánto duró la escena en que mi trastornado aliento se dibujó en tu cuello? Ahora veo que nada. Ahora estoy seguro que del clamor con que mis manos recibían tu cuerpo únicamente quedan retazos nebulosos de momentos. Si no hubiera tenido tan roto el corazón. Si por las noches me hubiese dedicado a contemplar tu sueño. Si hubiese tenido con qué pagar tus lágrimas. Pero aquello se rompió en el fondo de un pozo demasiado seco. Y yo soy sólo un hombre que te mira alguna tarde y se consume lento como un oprobioso cigarrillo.
Hora grave
Hoy no existe tu abrazo ni la música de dientes apretados que impone tu sonrisa. No hay seno que libar ni muslos donde publicar mi humilde diario. De nada sirve el sol entonces ni la lluvia ni el viento ni la hora ni yo ni tan siquiera yo.
* Quezaltepeque, El Salvador, 1967. Ha publicado los libros “Tanto”, “El sudario del fugitivo”, “Despiadada ciudad”, “Cuaderno deshojado”. 
|