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La hormiga, el piojo, el puma y la zorra
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Existió una vez una hormiga, un piojo, un puma y una zorra que vivían en una cueva. Todos los días le correspondía a uno de ellos buscar la comida. Primero le tocó a la hormiguita ir de cacería, pero ella era muy pequeña y no podía correr para perseguir a los animales, comenzó a buscar la forma de cómo acercarse a un venado que estaba acostado debajo de un árbol. Poco a poco se le fue subiendo hasta que estuvo muy cerca de la oreja del venado , hasta que llegó al tímpano.
Cuando la hormiga se metió en el tímpano del venado y comenzó a picarlo; el venado se echó a correr golpeando su cabeza en las lajas y troncos de los árboles quebrando sus astas. Con mucho trabajo pudo matar la hormiguita al venado. Al ver que ya había matado al venado, se subió a la rama de un árbol y comenzó a llamar a gritos a sus compañeros para que vinieran a buscar al venado. Al poco rato llegó el viejo puma.
El puma vio al venado tirado en el suelo con las astas quebradas por los golpes que se llevó. Entonces cargó al venado que había llevado, luego le dijo a la hormiguita:
—Ya veo que tú sí puedes cazar, mañana irá el piojito de cacería. Pasado mañana le tocará a la zorrita.
Mientras tanto, la zorrita andaba afilando sus garras en las paredes de la cueva.
—Ojalá pronto sea pasado mañana para que yo vaya de cacería, porque yo sí tengo garras para ello, en cambio el pobre piojito qué va a cazar, no cazará ningún animal. Si yo llegara a ir de cacería, cazaría muchos venados, decía la zorrita.
Pues bien, al amanecer el piojito se fue al monte. Ahí encontró una grieta que estaba llena de agua y se metió en una parte saltada de la piedra, ahí se quedó, pues sabía que en la grieta con agua acudían venados a beber agua. Al rato llegó un venado, al inclinarse a tomar agua vio la sombra del piojito que le decía:
—Bébeme, bébeme.
—¿Dónde estará esa cosa que habla?
Vio que estaba en el fondo de la sarteneja, pero no era el piojito sino sólo su sombra.
—Voy a beber toda el agua, este animal me está pidiendo que yo la beba toda.
El venado abrió muy bien las piernas, se acomodó y se esforzó a beber toda el agua para que pudiera ver al piojito que hablaba. Cuando quiso dar la vuelta se le abrió el estómago. Al estallar el estómago del venado, salió el piojito de la sarteneja, se subió a la rama de un árbol y comenzó a gritar. Al rato llegó el viejo puma y el piojito le dijo:
—Hace rato que los estoy esperando para que vengan por el venado que maté.
El viejo puma fue hasta donde estaba el venado muerto, lo cargó y lo llevó a la cueva. Al llegar, comieron.
—Mañana irá la zorrita, dijo el puma.
Al amanecer se fue corriendo la zorrita: ch’ij ki’in, ch’ij ki’in, so’on, so’on. El ruido que hacía era escuchado por los venados y se iban. Cuando se dio cuenta ya era de noche y no había visto ningún venado, ya tenía bien afiladas las uñas que hasta los árboles quebraba.
Corría por el monte buscando venados pero no veía a ninguno porque todos huían. Al anochecer buscó la entrada de una cueva para dormir. Al día siguiente empezó nuevamente a correr en el monte en busca de algún venado, pero pasó el día sin que viera alguno. Mientras tanto, el viejo puma la esperaba, éste salía por ratos de la cueva y gritaba a la zorrita.
—Creo que se comieron a la zorrita, no está por ningún lado.
Al tercer día, la zorrita salió corriendo por el camino grande y de pronto vio muchas mariposas. Se acostó en medio del camino, abrió grande su hocico para que se amontonaran las mariposas. Cuando se llenó su hocico quedaron atrapadas.
—Aunque sea esto les mostraré cuando llegue, pensó la zorrita.
Al llegar a la cueva donde estaba el viejo puma comenzó a arrastrarse; cuando la vieron asomarse, el puma preguntó;
—¿Qué cazaste?
—Ju’u’, ju’u’, decía la zorrita.
—Dónde está lo que cazaste?
—Ju’u’, ju’u’, decía. No podía hablar porque tenía el hocico lleno de mariposas.
—Te voy a enseñar a ser valiente, porque no aprendiste a cazar. Ya hace tres días que no he comido; ahí están todos tus hermanitos hambrientos.
El puma correteó a la zorrita. Corrieron mucho hasta que la zorrita se cansó y fue atrapada por el puma, pues estaba muy enojado con la pobre. Cuando la atrapó la partió en dos, luego se la comió. Terminó de comer y llevó el resto a sus compañeros que permanecían en la cueva.
Así se quedaron a vivir con el puma. Les fue bien porque todos eran muy trabajadores. |
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