Especial
La Reserva El Jaguar, un rincón suizo en medio de la nebliselva
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Cabañas al estilo suizo con dos apartamentos para 4 personas cada una, es parte de la infraestructura acondicionada en la Reserva El Jaguar para recibir a los turistas. |
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Guadalupe Espinosa G. guadalupe.espinosa@laprensa.com.ni
MONITOREO DE AVES: La Reserva El Jaguar ha sido escogida para el monitoreo de aves migratorias. “Las aves migratorias viven cinco meses en Estados Unidos y Canadá, y vienen a pasar el invierno en México y Centroamérica. A los norteamericanos les interesa ver cómo van disminuyendo las poblaciones y se hace un monitoreo para ver si las aves regresan al mismo lugar. En Nicaragua hay cinco estaciones de monitoreo: el Mombacho, El Chocoyero, El Brujo, Los Guatusos y El Jaguar”, explica Duriaux.
El monitoreo se hace a finales de noviembre y principios de diciembre, también a finales de febrero. Hasta la fecha hay 650 especies registradas.
Después de almorzar nos preparamos para abandonar Kilimanjaro y continuar con las caminatas, pero esta vez a pocos kilómetros, en la Reserva Nebliselva El Jaguar, propiedad del suizo Georges Duriaux.
Él ya tiene 25 años de vivir en Nicaragua, y junto a su esposa nicaragüense, Liliana, están interesados en desarrollar el agro-ecoturismo. Su reserva también es parte de la Ruta del Café, y junto a don Andrés (su vecino) pretenden trabajar en conjunto para ofrecer a los turistas las condiciones necesarias para que disfruten de una sana y relajante diversión.
El Jaguar es una reserva de 115 manzanas situada a unos 1,300 metros sobre el nivel del mar, de las cuales 75 corresponden a bosque nuboso y 45 manzanas de nebliselva. El principal atractivo son los paseos por sus cuatro senderos abiertos: “El Quetzal” de duración una hora, “El Jaguar”, “El Puma” (indicado para los que aman caminar, es el más pesado, ya que el recorrido es de dos horas) y “El Jurásico”, que dura 45 minutos y fue el que decidimos explorar por la premura del tiempo.
Admirar la naturaleza y ver los pájaros es lo más atractivo de este sendero. En él se pueden apreciar helechos arborescentes que nos remontan a la época jurásica (de ahí el nombre), los gigantes e imponentes robles y ficus de más de 50 metros de altura, que son el soporte de verdaderos jardines colgantes compuestos de orquídeas, musgos y bromelias.
Don George advierte que no es aconsejable tocar algunos helechos, sobre todo los espinosos, y recomienda tener cuidado al pasar cerca de ellos. Sin embargo, refiere que hay uno en especial, el llamado “helecho peluche”, muy común en este sendero, que da una sensación muy grata cuando hace contacto con la piel.
En esta reserva se han registrado unas 138 especies de aves, entre migratorias y residentes, algunas de las cuales están en peligro de extinción como el pájaro campana.
De su fauna es común ver, si tienes suerte, ardillas, guardatinajas, perezosos, cusucos, conejos, y los pobladores del lugar afirman que hasta jaguares (por eso el nombre), pero esto se descartó, y se cree más bien que era una pareja de pumas que luego desapareció.
Esta reserva es también productora de café orgánico, el que ha sido certificado por la OCIA (una organización norteamericana que certifica todo tipo de productos agrícolas).
La Ruta del Café de Jinotega será inaugurada por Canatur el 25 y 26 de abril. 
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