Beibis, duro de matar
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 | Rosendo a su séptima defensa de título mundial |
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Rosendo Álvarez pelea hoy en Little Rock, Estados Unidos, después de 15 meses de inactividad. |
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Edgard Tijerino M. edgard.tijerino@laprensa.com.ni
Pelea Rosendo hoy.
El aliento del dragón nos llega desde Little Rock, Arkansas, vía satélite... Todos de pie, ajustando nuestros cinturones, la fiera regresa al ring después de casi 15 meses de “congelamiento”.
Va contra el más difícil rival imaginable, el colombiano Antonio Beibis Mendoza, quien se ha fajado con él sin el menor temor y fabricándole complicaciones, a lo largo de 18 asaltos... Eso dice mucho.
Se supone pues, que veremos una gran pelea, porque el brioso retador, obligará a Rosendo a enfrentar fuertes exigencias... Así que, pese al natural favoritismo del rompe-huesos pinolero, Demóstenes diría que “no hay nada escrito”, excepto el alto voltaje de las acciones.
Cuando en agosto de 2000, Manuel Pérez, el apoderado del Beibis, me advirtió en el Hotel Maxim en Las Vegas que su muchacho sería muy difícil para Rosendo, por su constante movilidad, consistencia para asimilar y capacidad para golpear con poder, pensé: “Ah, está exagerando... Una vez que Rosendo lo coloque en la mira y lo tenga a distancia, todo estará consumado”.
Pero no fue así... Beibis, quien estaba adelante en las tarjetas en el inicio del séptimo asalto, derrotó a Rosendo por descalificación... El árbitro Mitch Halpern determinó que el púgil pinolero continuó disparando debajo del cinturón de Mendoza después de ser amonestado, y detuvo el combate.
La esperada revancha, fue difícil, muy difícil, y comprobamos que Mendoza era “duro de matar”, como Bruce Willis.
“La diferencia la estableció el punto quitado a Mendoza muy temprano en la pelea”, me dijo el presidente de la AMB, Gilberto Mendoza, instalado en la primera fila de butacas del ring side, en el Hotel Mandalay, agregando: “Sin esa sanción, el fallo estaba para cualquiera”, o quizás un empate que le hubiera permitido a Mendoza retener el cinturón de las 108 libras.
Finito fue derribado por Rosendo en la pelea realizada en México, y luego, en el Hilton de Las Vegas, sometido a un bombardeo que le alteró bruscamente “la topografía” de su rostro... Mendoza, en cambio, no fue maltratado en ninguno de los dos combates, presentando batalla en todo instante.
¿Qué puede ser no diferente en este tercer combate?
Posiblemente, la intensidad... Mendoza se ha atrevido a disputarle a Rosendo el centro del ring, y no se preocupa por ir a las sogas confiando en su facilidad para contragolpear... Rosendo es un gran peleador visto desde cualquier ángulo, y su capacidad para destruir sigue siendo una amenaza latiendo para cualquier adversario.
Según el nica, su mayor ventaja en esta ocasión es haber alcanzado su mejor nivel de adiestramiento. Es obvio que si Rosendo está lo necesariamente afilado como cuando enfrentó a Chana Porpain, al Finito en México y al tailandés Siriwat, y además, no se ve agobiado por los problemas de peso, deberá imponerse por encima de cualquier nivel de crecimiento que consiga el colombiano.
¿Será más atrevido Mendoza buscando algo grandioso..? No podemos descartar eso. Apoyándose en su fortaleza para recibir y su agresividad, el retador puede tomar riesgos mayores y eso contribuirá a que la pelea sea humeante.
De pie, amigos, ajustemos los cinturones que hoy pelea Rosendo... El aliento del dragón nos llega desde Little Rock, Arkansas... La fiera regresa al ring después de 15 meses de “congelamiento”.
TIEMPO PERDIDO
Después de coronarse en 105 libras derrotando a Chana Porpain en diciembre de 1995, Rosendo realizó tres defensas en 1996 contra Kermin Guardia, Eric Chávez y Takashi Shiohama.
En cambio, después de obtener su segunda corona el 3 de marzo de 2001 venciendo al Beibis en una apretada decisión, Rosendo sólo ha efectuado una defensa en enero de 2002 contra Pitchinoi Siriwat.
¡Una defensa en 24 meses! ¿Se imaginan eso?
Por cumplir 33 años el próximo 6 de mayo, Rosendo necesita agilizar su campaña, pero no ha podido conseguir cancha con Don King. Desgraciadamente un púgil con tanto potencial en pleno desarrollo como él, se mueve en una categoría difícilmente visible. 
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