Rabia y resignación atrapan a Mata
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Eduardo “Ray” Márquez se desplaza sobre el cuadrilátero a la caza de su víctima, Jorge Mata. |
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César F. Buitron, La Crónica de León
ESPAÑA.- Jorge Mata vivió con una mezcla de rabia y resignación el día después de perder el título mundial del peso mínimo en la versión de la Organización Mundial de Boxeo.
El leonés cayó en Madrid como lo hacen los campeones, dejando patente una nueva muestra de su conocida valentía y dando la cara hasta que las fuerzas lo abandonaron totalmente.
Una derrota que no supone el punto final para nada, pero que cercena el “sueño americano” del leonés que tenía una oferta en firme para pelear con el Mundial en juego el próximo 3 de mayo en Las Vegas ante el aspirante oficial a la corona, el puertorriqueño Iván Calderón.
El nicaragüense Eduardo “Ray” Márquez pasará a la historia como el encargado de destronar al leonés, el décimo campeón del mundo de la historia del boxeo español, y el primer púgil que hace doblar la rodilla a Jorge Mata, que hasta este combate no conocía la derrota.
EN EL DESENCANTO
Decepcionado por su revés, el boxeador leonés daba mil y una vueltas a lo que había hecho mal.
Y es que el leonés se encontró sobre el ring con un boxeador de sus mismas características, pero casi diez centímetros más alto.
Con los dos púgiles buscando el triunfo por la vía rápida se veía desde el tercer asalto que la pelea no iba a llegar al límite de los doce episodios al que estaba pactado.
Sólo hacía falta esperar para saber quién iba a conseguir conectar un golpe decisivo.
Jorge Mata se empeñó en el boxeo directo, siempre de frente y se obcecó con la búsqueda de un golpe definitivo.
Desde su esquina le reclamaban una y otra vez que esperara su oportunidad y combinara los golpes.
Cada vez que lo hacía dominaba el centro del cuadrilátero y ponía en aprietos al boxeador centroamericano, pero esa no era la noche de Jorge Mata.
En el vestuario se le había visto más nervioso de lo habitual y sobre el ring no tenía tampoco el aplomo de otras veces. Tras tres asaltos de tanteo sin un dominador claro, el leonés se hizo dueño del combate en los tres asaltos siguientes con un boxeo de mucho riesgo, de esquivas eléctricas y golpes certeros a la contra levantaba de sus asientos al público de la capital de España que coreó en repetidas veces el nombre del pupilo de Alfredo Arrojo.
FASE DECISIVA
La clave iba a estar en el séptimo asalto. El boxeo de Mata en el Raimundo Saporta entrañaba riesgos. Hasta ese instante dominaba ligeramente en las cartulinas de los jueces.
Debería haber jugado estratégicamente con su ventaja, pero no lo hizo y siguió peleando en línea recta con su rival.
En una de las ocasiones en que ofreció su cuerpo con la guardia baja le entraba un terrible crochet de derecha del nicaragüense. Jorge Mata se iba a la lona y se levantaba sonámbulo.
La campana le salvaba en ese asalto, pero la sentencia estaba firmada porque en el minuto de reposo no lograría recuperarse del mazazo que le había enviado “Ray” Márquez, que persiguió al leonés durante todo el octavo asalto sin piedad en busca del KO, propinándole un castigo innecesario porque el árbitro de la pelea se empeñó en demostrar que los aficionados al boxeo tienen razón cuando apuntan que los colegiados son el cáncer de este deporte.
SIN OPCIONES
El campeón, en casa, no puede tirar la toalla, pero para evitar riesgos innecesarios que aumenten la mala fama de un deporte que es mucho más que dos tipos dándose una ‘jabarda’ de palos está el árbitro.
Desde mediados del octavo asalto se veía que el púgil leonés ya no tenía ninguna opción de ganar a los puntos y, mucho menos, de ‘cazar’ a un rival que en ese instante estaba años luz por encima de él.
El árbitro tardó un centenar de golpes y 10 minutos de sufrimiento estéril del leonés en darse cuenta de una inferioridad que decretaría en los últimos segundos del penúltimo asalto dando el título a un púgil centroamericano que había aprovechado la oportunidad de su vida.
CUESTION DE ESTADO
Y es que para Nicaragua el combate era casi una cuestión de Estado como demostraba que sobre el ring antes de la pelea y en la esquina durante todo el combate estuvieran el embajador y el cónsul de Nicaragua en España, un aliento que contrastaba con el del leonés a quien sólo apoyaba en Madrid el diputado de Deportes, Julio González, quien quiso estar con su paisano antes del combate y no dudó en ser el primero en subir al ring nada más concluir el combate para animar al leonés. Un gesto que engrandece al de Valdepiélago.
Jorge Mata, aún afectado ayer por la tremenda paliza que había recibido, pedía unos días antes de definir cuál será su futuro. Su entrenador, Alfredo Arrojo, apuntaba que “ahora lo primero es recuperarse física y, sobre todo, anímicamente y luego ya será el momento en que Jorge y sus promotores decidan cómo se planifica todo. Hasta mañana (por hoy) no volveremos a León y por el momento debe pensar sólo en descansar”. 
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