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LUNES 31 DE MARZO DEL 2003 / EDICION No. 23047 / ACTUALIZADA 12:20 am
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Ballet clásico

Martha Galeano S.

A propósito del artículo poco constructivo y de muy mal gusto elaborado por la periodista Leslie Ruiz, y publicado el sábado 22 de marzo corriente, bajo el título “Trastabilla el ballet”, quiero señalar que el ballet clásico en Nicaragua no tiene mucha historia. Lo inició en 1940 el maestro Adán Castillo, con poco desarrollo, y hasta en los años 90 que lo reinició de forma profesional la señora Amalia Sierra.

Desde 1999, por el cierre de la Escuela Nacional de Ballet, los bailarines graduados quedaron desintegrados, sin un horizonte definido, y es gracias al empeño del bailarín William Herrera que en el año 2000 se unen esfuerzos para integrar a los bailarines y levantar de nuevo el trabajo, con cero presupuesto, únicamente con la férrea voluntad de seguir defendiendo el arte escogido por ellos.

En el mencionado artículo demuestra que no es acuciosa, que no busca la información necesaria para emitir criterios veraces, sobre todo cuando se trata del trabajo artístico, que a mi parecer estuvo colmado de mucho profesionalismo y deseos de ofrecer al público un buen espectáculo que permite ampliar nuestro conocimiento cultural, a la vez que brinda la oportunidad a muchos jóvenes de tener otras alternativas de desarrollo que los aleje de los vicios y las drogas.

Probablemente la periodista Ruiz ha cubierto las funciones del Ballet Bolshoi y del de Kiev, pero considero desacertado hacer comparaciones con el arte de un país desarrollado, donde se brindan todas las condiciones para su dedicación exclusiva a este trabajo. Se habrá preguntado la periodista ¿cuánto presupuesto le asignaron al Ballet de Nicaragua, al de Costa Rica o del El Salvador?

Yo no soy una experta en la materia, únicamente una amante de este arte que brindó su colaboración a solicitud de ellos. Por eso pude conocer algunas interioridades y valoro mucho el esfuerzo realizado y estoy convencida que con jóvenes como éstos el Ballet tiene un futuro prometedor.

Creo en la crítica, pero en la constructiva que contribuya a mejorar las cosas, no en la que destruye y desestima el esfuerzo de quienes quieren construir una Nicaragua mejor.


NOTA DE LA REDACTORA

Sin duda que la gala centroamericana de Ballet Clásico representó un esfuerzo. Tanto la idea como la puesta en escena implicó muchas horas de trabajo y sudor. Sin embargo, creo que el público se merece el mínimo grado de respeto. Si bien el Teatro Nacional Rubén Darío exige silencio previo a cualquier presentación, no es posible que a mitad de una se escuchen voces y ruidos justo detrás del escenario. Tampoco considero profesional que en casi todas las piezas hubiera al menos un error.

La intención de mi artículo no fue comparar el Ballet Bolshoi y el de Kiev con la Compañía de Ballet de Nicaragua, sino informar con veracidad y objetividad lo que pasó, como es mi obligación profesional, para que en una futura presentación se superen tales imprecisiones.

Leslie Ruiz  
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