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DOMINGO 30 DE MARZO DEL 2003 / EDICION No. 23046 / ACTUALIZADA 12:30 am
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Las rabietas del presidente George W. Bush

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Ernesto J. Marín*

Hace dos años el presidente George W. Bush declaró que su padre había sufrido un ataque terrorista contra su vida durante una corta visita a Kuwait, atribuido a Saddam Hussein. Ahora Bush mandó las tropas a Irak basado en su voluntad de que “Estados Unidos tomaría los pasos que más le convenga, sin depender de las decisiones de otros países”.

Bush no contó con el apoyo de todos sus aliados de la OTAN, Unión Europea, ni de los quince miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Un traspiés tras otro en política internacional practica este niño mimado —así opinó un político europeo— rico e hijo de rico y actualmente presidente de la nación más devastadora en potencia de fuego de la historia de la humanidad. Está tan obnubilado que ha hecho prevalecer su voluntad, aún ante la falta de apoyo de Francia y Alemania, y el rechazo de Rusia y China. Ésta es la siniestra realidad que el famoso mundo globalizado está viviendo ante las rabietas del nuevo Bush, nada parecido al bien ponderado Bush “senior”, también ex presidente norteamericano.

No viene el caso si Saddam Hussein es buenote o malito, cuando en el mundo árabe nunca ha existido un demócrata como gobernante. Son tiranos todos los presidentes, llámense Mubarak, Gadafi y un largo etc. Antes de que estallara la guerra en el Herald de Miami vi una simpática caricatura tan evidente para convencer a los que no se querían convencer, para descubrir la fobia americana al tirano de su propio pueblo Saddam Hussein. En dicha ilustración, Hussein preguntaba a su colega de Corea del Norte, el “Gran Líder” Kim Jong Il, si no temía a una invasión norteamericana. Y éste le respondió: “No amigo, porque nosotros no tenemos petróleo”.

En el Oriente Medio es más cara el agua que la gasolina, principalmente en Irak y Arabia Saudita, que tienen fabulosas reservas aseguradas en el subsuelo por los siglos de los siglos amén. Mas Hussein no se dejará comer tan fácilmente como el lobo y la caperucita roja, así como no le sucedió tampoco al coronel Gadafi en Libia. Estos dos personajes tienen algo en común, antes que todo su origen social, hijos de campesinos, que llegaron a los diez años sin saber leer ni escribir, auténticos beduinos, especies de guajiros rodeados de inmensa dunas de arenas. Sus homólogos en América Latina serían los gauchos argentinos, y también los charros mexicanos, además de los “cowboy” norteamericanos. Los dos son hiper millonarios porque disponen como buenos autócratas del petróleo y sus derivados.

Arabia Saudita, Irak, Irán y Libia son los suelos más ricos del planeta y los que despiertan la envidia casi lujuriosa de las grandes potencias. O se apropian de todo o lo compran todo, y si no para qué les sirve la codicia. El poder circula por todo el espíritu y el cuerpo de la Casa Blanca, a poca distancia del Pentágono. No hay que olvidar que la sangre roja aprovecha situaciones y circunstancias en beneficio propio. Es insaciable como la avaricia, de aquí que el poder absoluto corrompe absolutamente.

Leí en el Wall Street Journal que el costo de esta guerra puede ser de unos 100 mil millones de dólares, que representa nomás del 0.2 por ciento del producto interno bruto de los Estados Unidos. Por lo tanto, la guerra no es tan cara.

* El autor es diplomático.  
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