Nocturno de San Juan
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Detalle de Carlos Tapia. |
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Xavier Villaurrutia
Calles mojadas como espejos, donde cada luz encendida, al multiplicar sus reflejos forma una ciudad sumergida.
Y en que el silencio va tejiendo con negras plumas el misterio, porque su noche sigue siendo la eterna noche del Imperio.
Ciudad antigua y desolada. En la piel de sus edificios quedó la huella ensangrentada de los rituales sacrificios.
Hay noches en que el corazón palpita con otro compás. Hay noches en que la razón ¡no quiere paz!
Noches en que la prostituta se entrega al hombre, de verdad, y en vez de darle la cicuta le da miel de su soledad.
Y noches en que las doncellas abandonan sus fríos lechos, para mostrar las estrellas la luna llena de sus pechos.
Noches de trémula delicia en que el insomne adolescente descubre a solas la caricia y halla en sus manos una fuente.
En que, cazadores furtivos, en la sombra de algún pasaje, con su cara de muertos vivos incuban un turbio chantaje.
Y en que, con paso amortiguado algún Don Juan Manuel transeúnte llega de pronto a nuestro lado... ¡Y esperamos que nos pregunte...!
Noches de silencioso pacto en que, desnudas, las miradas establecen, mudo, el contacto de nuestras bocas imantadas.
Noches en que nuestra mirada con otra mirada se enlaza. ¡Y nada nos detiene, nada! Y pasa todo... y nada pasa.
*Tomado de la Revista “Letras Libres”. 
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