“Chicago”, “Pandillas de Nueva York”, “Las Horas”
La Hora de los óscares
Franklin Caldera
Asombra que un banquete para galardonar a las figuras más destacadas del cine hollywoodense, se haya convertido, 75 años después, en un evento de proyecciones universales. Repasemos las 3 películas con más posiblidades de acaparar los óscares este año:
“CHICAGO” Dirigida y coreografiada por Rob Marshall, está basada en un musical (creado en 1975 por Bob Fosse, con canciones de Fred Ebb y John Kandar) concebido para el teatro, donde debió quedarse. Siendo en esencia un espectáculo de música y luces, el hilo argumental que complementa los números musicales, salta al primer plano por la inmediatez de la cámara, poniendo de manifiesto la artificialidad de los diálogos y el carácter lúdico de los personajes .
El filme —empecinado en insistir en lo obvio (¿era necesario que el abogado marrullero cometiera el “lapsus” de referirse a los miembros del jurado como “el público”?)— es una parodia con objetivo difuso. Si su blanco son los filmes musicales de los años 30, se ha echado un enemigo poderoso, pues tales musicales han resistido muy bien el paso del tiempo y de seguro lo resistirán mejor que esta parodia un tanto anacrónica. Y si la sátira está dirigida al comercialismo desmedido de la cultura estadounidense (con su obsesión por el éxito y la fama), incómodo vehículo sería esta superproducción interpretada por estrellas de la talla de Richard Gere, Catherine Zeta-Jones y Renée Zellweger, posicionada para recaudar millones de dólares en taquilla.
Todos los actores de “Chicago” interpretan sus números musicales. Queen Latifah tiene muchas posibilidades de ganar el Oscar a la mejor actriz en un papel secundario, gracias a su talento, carisma y presencia física.
“PANDILLAS DE NUEVA YORK” Confirma el genio de Martin Scorsese (“Taxi Driver”) como realizador. Scorsese es, como Buñuel, maestro del cine de la crueldad (recordemos su “Toro Salvaje”); y como Peckinpah, cineasta de la violencia. Pero no la comercializada de tantas películas del Hollywood contemporáneo, sino la que, cuidadosamente coreografiada, sirve para explorar las raíces históricas de la violencia que conmueve al mundo de hoy, específicamente, en la cultura estadounidense.
Ambientado en Nueva York (pero filmado en Italia) durante la Guerra de Secesión (1860-65), el filme es cine virtuoso (su composición adquiere a veces la complejidad caótica y sugestiva de “El Jardín de las delicias” del Bosco), aunque sobrecargado de incidentes y significados. En el fuego cruzado verbal hay referencias al desprecio que sentían por los nuevos inmigrantes, los “ciudadanos nativos” (descendientes de quienes, matando y muriendo, fundaron los Estados Unidos); la desconfianza hacia los católicos-irlandeses, de quienes se temía entregarían el control del país al Papa si llegaban al poder; el racismo contra africanos y orientales, etc.
Scorsese ha usado también como modelo al Fritz Lang del “Dr. Mabuse” y “Moonfleet”, reconstruyendo ese mundillo de ladrones, burdeles, teatruchos y callejuelas que tan bien manejaba Lang. La Academia debe otrogarle el Oscar que le ha negado tantas veces.
Daniel Day-Lewis logra como “Bill el carnicero” una caracterización realmente diabólica. Leonardo DiCaprio se defiende con su mirada verdosa y penetrante -como los puñales que vuelan y se clavan junto al bello rostro de Cameron Díaz, en la mejor secuencia del filme. La contienda es entre Day-Lewis y Michael Caine por “El Americano tranquilo”.
“LAS HORAS” Es el ejemplo típico del llamado cine de qualité: guión intelectualmente estimulante (sobre novela de Michael Cunnighmam), dirección (Stephen Daldry) y fotografía impecables y actuaciones que son un reto a la Academia. El tipo de película que, por exceso de buen gusto, no se atreve a dar el paso de la impecabilidad a la genialidad.
El filme entrelaza tres anécdotas (ambientadas en 1923, 1951 y 2001, respectivamente) sobre mujeres cuyas vidas, en un momento determinado, giran en torno a la innovadora novela “La Señora Dalloway” de la escritora británica Virginia Woolfe: una la escribe (Nicole Kidman), otra la lee (Jualianne Moore) y otra la vive (Meryl Streep). Las tres deben hacer frente a la idea del suicidio, la locura como vía de escape, la sensación de no haberse realizado plenamente y la pasión que sienten por personas del mismo sexo (la Woolfe es figura emblemática de la nueva identidad “gay”).
Nicole Kidman desaparece totalmente (con la ayuda de un maquillaje que atenúa su belleza) dentro del personaje de Virginia Woolfe. Su estatuilla este año es casi segura. Otro probable ganador de “Las Horas” es Ed Harris (por un papel secundario), que ha logrado la mejor interpretación cinematográfica de un enfermo de SIDA (superando a Tom Hanks en “Philadelphia”). La Academia le debe ya varios óscares.
Julianne Moore tiene dos nominaciones este año: por su papel secundario en “Las Horas” y como mejor actriz por “Lejos del cielo” (inspirada en los melodramas femeninos de los años 50 como “Sublime obsesión”, “Palabras al viento” e “Imitación de la vida”; pero con un tema que no se hubiera podido filmar en esos años: la amistad platónico-romántica entre un ama de casa y un jardinero negro). Si los admiradores de la Moore se inclinan por “Las Horas”, pondrían en peligro a Queen Latifah. Si deciden favorecerla por “Lejos del cielo”, le estarían restando votos a la Kidman, lo que podría despejar el camino para otras nominadas, como Selma Hayek en “Frida”, que se convertiría en la primera hispanoamericana galardonada como mejor actriz (la puertorriqueña Rita Moreno ganó en 1961 por “Amor sin Barreras”, pero como “actriz secundaria”). 
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