Frida
AP
La vida de Frida Kahlo fue como uno de sus cuadros: una experiencia surrealista con manchas de color que coquetean con los límites de la realidad, una experiencia incluso más intoxicante que algunas de las insólitas situaciones que la pintora vivió durante su corta vida.
Las pinturas de Kahlo son un crudo diario de su vida, que capturan momentos de dolor, traición, celos y también de amor.
Ahora está a punto de estrenarse aquí, el 5 de noviembre, una película norteamericana basada en la vida de esa célebre pintora, protagonizada por la actriz mexicana Salma Hayek y dirigida por la realizadora estadounidense Julie Taymor.
En esa cinta, titulada simplemente “Frida”, el británico Alfred Molina interpreta al pintor mexicanno Diego Rivera, considerado por algunos como el gran amor de la artista. El elenco incluye también al español Antonio Banderas, al australiano Geoffrey Rush y a la californiana Ashley Judd.
(La vida de la pintora ya había sido llevada al cine en México, en una cinta llamada “Frida, naturaleza viva”, filmada en 1983 y protagonizada por Ofelia Medina).
ROMANCE TORMENTOSO
El tormentoso romance de Kahlo con Rivera ha sido considerado como uno de los más grandes e inusitados de todos los tiempos. Su adicción mutua se extendió durante 25 años, si bien estuvo llena de infidelidades, como una de Kahlo con el revolucionario ruso León Trotsky.
El romance obsesivo de Kahlo con Rivera fue uno de los elementos que inspiró su arte y que la llevó hasta el borde del suicidio.
La película se centra en la relación accidentada de Kahlo con Rivera, y en el lugar de ambos dentro de la sociedad mexicana. Presenta también la rivalidad entre Rivera y otro gran pintor mexicano, David Alfaro Siqueiros, interpretado por Banderas.
Kahlo ha sido considerada tanto un genio temperamental como una gran engañadora cuya relación emocional con Rivera nunca existió realmente.
Uno de los amores de Rivera, Dolores Olmedo, declaró recientemente que el agitado romance no fue más que una historia inventada. Olmedo, quien ha amasado una gran fortuna como empresaria, sostiene que fue ella la auténtica musa de Rivera.
Por ironías de la historia, Olmedo es dueña de la mayor colección privada de obras de Kahlo, junto con 137 pinturas de Rivera.
La casa de la coleccionista, que data del siglo XVI y se localiza en las inmediaciones de la ciudad de México, tiene más de 1,850 metros cuadrados y ha sido transformada en un museo que muestra los trabajos de Rivera y Kahlo.
LA HISTORIA VERDADERA
Olmedo y Rivera se conocieron en 1930. Rivera pasó sus últimos años con ella en la ciudad-balneario de Acapulco, donde él pintó varios retratos de Olmedo y de sus hijos, así como una serie de 25 puestas de sol.
La serie ocupa una de las salas de exhibición en el Museo Dolores Olmedo, y está formada en semicírculo. Rivera había dicho que la curvatura de su vida podía ser vista en esos atardeceres.
El pintor mexicano Arturo García Bustos, quien fue discípulo de la pintora y luego hizo amistad con ella y con Rivera, dijo que Kahlo sabía que su carácter era una combinación de todo lo que la gente decía.
Recordó recientemente a Kahlo como una persona temperamental, pero dulce y comprensiva, y consideró que sus dolencias físicas determinaron su personalidad.
Nacida en México en 1907, Kahlo estuvo a punto de morir en un accidente de autobús cuando tenía 18 años. El accidente la dejó en cama, prácticamente inmóvil durante varios meses, con lesiones en la columna vertebral, clavícula, costillas y pelvis. Su pierna derecha sufrió 11 fracturas distintas, el pie derecho quedó aplastado y su hombro se dislocó.
30 CIRUGÍAS
Durante más de un mes, su cuerpo estuvo envuelto casi por completo en yeso. Su familia colocó un espejo encima de su cama y le dio pinturas. Para matar el aburrimiento, Kahlo pintó sus férulas. Según ella, en esa época se intensificó su amor por el arte.
Pese a su milagrosa recuperación, a Kahlo la persiguieron dolores intensos y constantes durante toda su vida, en la que fue sometida a unas 30 cirugías.
“Ella me dijo una vez que, sin sus dolencias, hubiera andado bailoteando como todas las otras jóvenes y tal vez nunca hubiera sido artista”, dijo Bustos.
Quienes visitan la ciudad de México pueden echar un vistazo a la vida de Kahlo visitando su antigua casa y estudio.
La casa azul de Frida Kahlo, convertida hoy en museo, se mantiene exactamente igual que cuando la artista vivió ahí. Sus cuadros, pinceles y libros dan un toque particular de la pintora, lo mismo que sus vestidos tradicionales mexicanos, rojos y blancos, que cuelgan aún de su armario, y la silla de ruedas que usó más adelante en su vida.
El museo es muy visitado por los turistas y estudiantes. La obra de Kahlo se expone en todo el mundo, incluido el Museo Nacional de las Mujeres en las Artes, en Washington, y el Museo de Arte Moderno en Nueva York.
El año pasado, el cuadro de Kahlo “Autorretrato con monos”, fue prestado al museo Tate de Londres por la cantante Madonna, para una exposición itinerante.
“Prestar mi Frida al Tate fue como dejar partir a uno de mis hijos”, dijo Madonna aquella vez. “Pero sé que estará en buenas manos, y que la exposición no estaría completa sin ella”.
VER TAMBIÉN:
Lo que inspiró a Salma 
|