Farmacéuticos
José María Uriarte
El Dr. Erwin Aguilar en su artículo “Medicinas no son caramelos” (LA PRENSA martes 18 de marzo), plantea una función utópica de los farmacéuticos dentro de la regencia de una farmacia. En la vida real, en el caso particular de Nicaragua, en el 98 por ciento de los casos, al haber desaparecido la preparación de recetas en la propia farmacia, la función del regente del establecimiento se limita al manejo de inventarios, aplicación de los márgenes de precio/costo y en el caso de los medicamentos controlados, el requerimiento de la receta médica.
Cualquier otro tipo de medicina, se vende como si fueran caramelos. Si el comprador no lleva receta médica, tan sólo su dolencia, el o la dependiente, le recomienda algún medicamento, sin tener la certeza de su verdadero padecimiento. Algunas farmacias ofrecen consultas médicas gratis, una vez a la semana.
Otra función relevante del regente o en su caso del dependiente, es la interpretación del jeroglífico emitido por el médico, apoyados por los elementos que adicionalmente les suministra el paciente. Muchas de las funciones que el Dr. Aguilar le asigna a los farmacéuticos, como orientaciones sobre reacciones secundarias, interacciones con otras substancias, son competencia exclusiva de los médicos, que antes de recetar tienen que considerar estos factores. Por otra parte, la extrema competencia que ha ocurrido en este sector, ha reducido los márgenes y por lo tanto no es rentable contratar a un profesional de la farmacia para que se ocupe de la regencia.
Sin tratar de menospreciar la profesión de los farmacéuticos, que su ámbito de trabajo es en estos tiempos en la propia industria del ramo, creo que las farmacias de Nicaragua no necesitan uno de ellos como regente. Si se trata de proteger el empleo de esta profesión, pues eso es harina de otro costal. 
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