Participación más activa de las empresas en la educación
Ernesto González Valdés egonzav@uam.edu.ni
Al inicio del presente curso escolar, acción que se ha venido reiterando con más fuerza en los últimos años y con una mayor incorporación, existen diversas agrupaciones, instituciones, ONG sin fines de lucro, empresas privadas vinculadas al apadrinamiento de aquellos centros escolares con escasos recursos, y sobre todo en el sector rural proveyendo materiales –cuadernos, lápices, sillas, etc.–, por otra, proyectos que apoyan en la parte de infraestructura, lo que permiten la creación de nuevos centros escolares.
Pero hoy deseo compartir o conversar acerca de la relación empresa-escuela. La escuela, centro formador durante años, ha sido concebida de manera simple como aquel local en que un grupo de personas fabulosas, (nuestros docentes), educan a generaciones de niños, niñas, jóvenes y adultos, donde enseñan no sólo conocimientos, sino además valores morales y éticos: en resumen educan para la vida.
Hoy en día muchos países latinoamericanos, en sus planes de estudios han tendido durante muchos años a la oferta de contenidos específicos, bajo asignaturas algo tradicionalistas, donde el egresado, sea al concluir el primer ciclo de secundaria (tercer año o noveno grado) o del quinto año de bachillerato general o en Ciencias y Letras, sale con conocimientos generales del mundo, pero no para conseguir trabajo, ya que ha estado ausente este tipo de formación, por tanto es un ser indefenso, a quien le cuesta encontrar trabajo.
Basta con leer cualquier anuncio de solicitud de empleo, donde se solicitan títulos, pero además experiencia, factor contradictorio de los empleadores que piden profesionales recién graduados –con experiencia– y la escuela o el sistema educativo carece hoy en día de ello, ya que los centros escolares no proporcionan una orientación al mundo laboral, dada la ausencia de una cultura laboral y profesional, en los pensums académicos, la cual es necesario que se incluya.
Una posible respuesta, casi obligatoria, es la inclusión dentro de los planes y programas, dentro del diseño curricular mediante un componente que diese respuesta a esta necesidad, ¿cómo? mediante contenidos específicos y transversales, la fomentación de competencias y habilidades orientadas a la acción, entre otras.
Contenidos que irían relacionados con:
1. La orientación (informativa, personal, académica y profesional).
2. El mundo laboral (legislación laboral, las relaciones laborales, el mercado laboral y la empresa).
3. La resolución de problemas tecnológicos (la capacidad de respuestas ante problemas prácticos, habilidades interpersonales, la ética y calidad).
4. La proyección dinámica al entorno social-laboral (diseño y gestión de proyectos, la capacidad emprendedora de liderazgo, el uso de la tecnología de la información y comunicación, así como la interacción con el entorno socio-laboral).
Pero ¿qué tendrá que ver la empresa con todo esto? El desarrollo industrial (a pesar de ser un país subdesarrollado o en vías de desarrollo), su economía, se apoya en la evolución de no sólo la empresa, sino del propio empresario.
La empresa nos reclama graduados con competencias, y nos critica porque hoy en día no se le proporciona esta masa crítica, pero que está ávida por aprender, lo cual no sólo depende de la escuela –aunque es el punto focal–, pero el empresario puede decirnos a las escuelas, quiero un egresado que reúna estas características, que adquiera estas competencias, estas habilidades, claro está será necesario que las escuelas deben desarrollar sus prácticas profesionales en las empresas, ya que el convenio deberá de ser bidireccional, la empresa a la escuela y la escuela a la empresa.
¿Estará la empresa preparada para asumir esta responsabilidad? La invito a la reflexión, ya que sería un excelente reto. 
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