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LUNES 17 DE MARZO DEL 2003 / EDICION No. 23033 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Los pulgueros que no dan comezón

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.Existen lugares donde los clientes pueden encontrar desde una cama hasta una lancha, todo a precios mucho más bajos que su valor real
.Son de segunda mano y popularmente conocidos como “pulgeros”, su clientela es diversa tanto como sus proveedores, entre éstos las subastas que realizan algunos entes estatales

Pese a la crisis económica que azota al país, los “pulgueros” se han convertido en una opción para comprar y vender artículos usados. (LA PRENSA/M. Orozco)

 

Gabriel Sánchez Campbell
gabriel.sanchez@laprensa.com.ni

Desde hace unos años los negocios que ofertan productos de segunda mano, conocidos como “pulgueros” se han convertido en una alternativa para comprar artículos usados. Sin embargo como todas las actividades económicas del país, estas tiendas no han escapado de la recesión financiera que se vive.

Pero aún con la crisis, en un “pulguero” se puede encontrar de todo, desde licuadoras hasta refrigeradoras, eso incluye cocinas, planchas, armarios, closet, sillas, teléfonos, coffee maker, equipos de sonido y si se corre suerte puede encontrar hasta un carro y una lancha.

Esta mercadería en su mayoría proviene de dos lugares: Estados Unidos y del mismo Nicaragua. Aunque hay diferencias en las razones del porqué los artículos usados de un país y de otro están en los “pulgueros”.

En el caso de los procedentes de Estados Unidos se debe a que los dueños ya no los necesitan; mientras las que pertenecieron a un nicaragüense, por lo general su venta se origina por necesidades económicas.

Los artefactos usados del extranjero vienen principalmente de Miami. Son trasladados al país en contenedores que entran a través de Puerto Corinto o por Puerto Cortés en Honduras. Esta mercadería paga impuesto, en el caso que sea para un negocio de un particular, pero si pertenece a un Organismo No Gubernamental (ONG) o es parte de una congregación religiosa no.

Para traer los productos del exterior los comerciantes compran lotes de mercadería en subastas públicas, ventas de patio y estiman en el aire las ganancias que pueden tener con la venta de estos productos.

Según Fausto Carcabelos, titular de la Dirección General de Servicios Aduaneros (DGA), hay dos formas de introducir al país los artículos: una legal y otra ilegal.

“La correcta es una importación de artículos usados, a la cual se le cobrarán impuestos que dependerán de la partida arancelaria en la que estén clasificados. Por ejemplo la ropa está clasificada en una partida, los electrodomésticos en otra y los muebles en otra. El pago de impuestos dependerá de la clasificación en la que se haga”, expresó.

Explicó que la clasificación le corresponde al agente aduanero y luego la Aduana lo que hace es corroborar los valores asignados. Si se trae ropa se tienen que paga un Derecho Arancelario de Importación (DAI) equivalente al 15 por ciento y además se paga el Impuesto General al Valor (IGV) que es de 15 por ciento también.

Para los electrodomésticos se paga entre cero y 15 por ciento; para el DAI, 15 por ciento del IGV y el mismo porcentaje se cobra para el Impuesto Específico de Consumo (IEC).

En el caso de los muebles se paga el 15 por ciento del IGV, un DAI de cero a 15 por ciento y un IEC que puede llegar al 13 por ciento.

“La forma incorrecta es introducir la mercadería a través de los menajes-casas, que son los trámites de introducción de mercadería que hacen las personas que viven en el extranjero y deciden regresar a su país con todas sus pertenencias. Para esto hay un trámite y mucha gente dice que está cumpliendo con esto, pero hemos detectado que muchos de los artículos que traen no es de su casa, sino que son mercadería que va a parar directamente al Mercado Oriental”, explicó.

Es por eso que cuando atrapan a alguien en estos menesteres lo detienen y se sigue un procedimiento: el de defraudación.

COMPRA LOCAL

En el caso de la mercadería, ésta se compra en los mismos “pulgueros”. “La gente los viene a dejar aquí y nosotros decidimos si lo compramos o no”, según aseguró Reinaldo Estrada, dueño del “pulguero” La Obsesión, en el Mercado Oriental.

Los artículos también son ofrecidos por la gente que llama por teléfono a estos compradores que anuncian sus servicios en los clasificados de los periódicos. “Y la gente responde”, asegura Estrada.

Al momento de la compra los dueños de los establecimientos piden a los oferentes las copias de las respectivas facturas que aseguran que el bien que venden es legal. Si no piden una fotocopia de la cédula y les hacen firmar un papel en el que se asegura que todo está en orden “por si acaso”, explica Estrada.

Este mecanismo es seguido casi en todos este tipo de establecimientos comerciales, lo cuales según la Dirección General de Ingresos (DGI) no pagan IGVsino una cuota fija.

En el caso de los más grandes, pagan el Impuesto sobre la Renta (IR).

LA CHATARRA DEL ESTADO

Una forma a través de la cual se consigue mercadería usada para los “pulgueros” son las subastas del Estado. Muchos de los dueños de “pulgueros” están pendientes de qué entra y qué sale de las bodegas estatales que reciben los artículos que no se usan, que principalmente son mobiliarios de oficina.

“Se compra al Estado, por ejemplo uno de los grandes suplidores fue el antiguo Banic. Así como las instituciones que van cerrando. Lo que hacemos es llegar, ofrecer la compra en la subasta y luego nosotros reparamos los artículos o con tucos de unos y tucos de otros los armamos y los vendemos”, expresó Juan Manuel Pérez, del “pulguero” Loco Luis en el Mercado Oriental.

Según Pérez, el éxito de los “pulgueros” se debe a que la gente siempre necesita cosas que comprar. Y llega desde la clase alta, hasta la clase media baja. “Los ricachones tienen que comprar varios escritorios y archivadores y nosotros se los ofrecemos mucho más barato que nuevos. Se pueden ahorrar un 40 ó 30 por ciento del precio de nuevo y en cantidades se ahorra mucho”.

NO SE PAGA EL IGV

Una de las ventajas que tienen los “pulgueros” es que no pagan el Impuesto General al Valor (IGV), ya que la mayoría de estos establecimientos comerciales sólo pagan una cuota fija anual a la Dirección General de Ingresos (DGI) y si se cobra es ilegal, según expresó Santos Acosta, subdirector de operaciones de esa institución.

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