El lado oscuro de las Grandes Ligas
José Luis Castillo Castro EFE
BLOOMINGTON, EE.UU.- “Robando vidas: La globalización del béisbol y la trágica historia de Alexis Quiroz” es el título de un nuevo libro publicado por la Universidad de Indiana (EE.UU.), que narra los abusos en ese deporte gracias a la globalización de los negocios.
El dominicano Sammy Sosa y otras estrellas latinoamericanas de las Grandes Ligas de béisbol han logrado vencer la barrera de la discriminación gracias a sus actuaciones, pero hay otros miles que no han llegado al gran circo.
Los autores Arturo J. Marcano Guevara, consejero legal para asuntos internacionales de la Asociación de Beisbolistas Venezolanos, y David P. Fidler, profesor de leyes de la Universidad de Indiana en Bloomington, narran cómo la mayoría de los equipos de las Grandes Ligas violan derechos humanos básicos es sus esfuerzos por reducir costos.
La historia de Alexis Quiroz, un adolescente venezolano que es blanco de las continuas condiciones de explotación, es una de las que aparecen en la obra.
Tentados por la promesa de fama y fortuna, sumado a la presión de los buscadores de talentos, muchos jóvenes dominicanos y venezolanos dejan la escuela a los 11 ó 12 años.
El caso de Quiroz es un particular, ya que terminó la Secundaria antes de jugar en las academias de los Cachorros de Chicago en Latinoamérica en 1995.
Para ese entonces, tenía que haber recibido 6,000 dólares en premios sólo por firmar con el club, pero lamentablemente ni Quiroz ni su familia pudieron leer el contrato, redactado en inglés, y no se dieron cuenta de que el agente se quedaría con un tercio de ese dinero.
En la Liga Dominicana de Verano, Quiroz y otras jóvenes esperanzas del deporte de su país, vivieron en condiciones de pobreza.
Según el joven, en este lugar la comida fue escasa, no tenían agua y el campo de juego donde practicaban estaba en muy malas condiciones.
Pero lo más impresionante de esto es que a los jugadores enfermos o lesionados no se les brindaba atención hospitalaria.
De hecho, Quiroz, a los 18 años, sufrió una lesión en un brazo, razón por la que fue separado del equipo, anulando así la posibilidad de una carrera que ni siquiera había comenzado.
En contraste con la mayoría de los jóvenes jugadores, que no hacen nada contra este injusto sistema, Quiroz llevó a la corte a los Cachorros de Chicago y a las Grandes Ligas. Viajó a Estados Unidos y se puso en contacto con una agencia de investigaciones que reunió documentos para probar el fraude del club.
En Venezuela conoció a Marcano, quien junto con Fidler lo invitaron a Indiana en 1999. Allí lo entrevistaron para su estudio de la globalización del béisbol.
Quiroz tenía la esperanza de ganar atención no sólo por su propio caso, sino por el de otros jóvenes tan vulnerables como él.
Ni funcionarios de los Cachorros ni de las Grandes Ligas respondieron a las peticiones para entrevistas propuestas por Marcano y Fidler.
La pesadilla que sufrió Quiroz con el club lo forzó a pensar acerca del verdadero significado de la justicia y la ley.
Sus frustraciones pasaron de ser ambiciones para convertirse en un abogado, por lo que el joven ahora asiste a una escuela de leyes en Venezuela. 
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