Cosas Veredes Sancho Amigo
La cosecha satisfactoria de un productor de libros
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 | “Hemos llegado al profundo convencimiento que sin educación no puede existir desarrollo de ninguna clase. Por eso apuntamos hacia la educación y como hemos visto que los libros son un factor decisivo para conseguirla con calidad, hacia los textos nos dirigimos”, dice nuestro personaje de hoy, Melvin Wallace |
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Melvin Wallace, con un ejemplar de física editado en el CIRA. (LA PRENSA/M. F. Espinosa) |
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Mario Fulvio Espinosa opinion@laprensa.com.ni
“Vamos a La Habana Es un barco muy velero Navega bien ese barco Y lleva su bandera”
Entre pugidos y lágrimas, bajo la amenaza de una palmeta que blandía amenazante la señorita Macedonia Morales, mi caro amigo Sancho cancaneaba al deletrear el párrafo anterior de la Cartilla Mantilla, texto que fue famoso allá por los años treinta y en el que aprendieron las primeras letras muchos nicaragüenses.
La Niña Macedonia era una viejecita blanquita, chiquita, delgadita, carita triste, fervorosa asociada a la Congregación de la Buena Muerte de la Iglesia de Santo Domingo, y su escuelita de párvulos estaba situada de la Casa del Catecismo una cuadra arriba, frente a la cantina innominada de Panchito.
Un día, Sancho me comunicó con alegría que ya había terminado la Cartilla y que empezaría a leer en el Libro Primero de Lectura FTD que imprimían en México y Colombia los hermanos de La Salle, el gusto no le duró mucho porque su madre decidió que siguiera sus estudios de primaria en el Colegio Rubén Darío, donde se usaban otros textos, como “Batir de Alas”, en el primer grado, y las lecturas graduadas de “GM-Bruño” en los demás, el primero era impreso por la Editorial Kapeluz de Argentina, y los otros en talleres que poseían los Hermanos de La Salle en Colombia, México y España.
Igual se utilizaban libros importados para el resto de materias de primaria y secundaria: la “Geografía La Tierra” era hecha en Chile, la “Preceptiva Literaria de Jesús María Ruano”, en Venezuela, el “Inglés Hamilton” en México, la “Historia Universal” en Argentina y pare de contar.
Incluso se traían de otros países los cuadernos cuadriculados, los de una o doble raya y los cuadernillos “Spencer” para dominar la caligrafía, éstos los vendían en la Editorial Atlántida de don Ángel María Pérez, papelería que estaba situada en la esquina del diario La Noticia, atendida por el mismo propietario.
Era ínfimo el porcentaje de textos nacionales, entre ellos se debe mencionar la “Aritmética Razonada” del sabio Miguel Ramírez Goyena, la “Agricultura y Zootecnia” de Carlos H. Castillo, los “Rudimentos de Química” de la doctora Rosibel Aguilar, la “Historia de Centroamérica” del profesor Sofonías Salvatierra y la “Moral y Cívica” del maestro Acuña Escobar.
Durante muchos años la educación nacional dependía en gran parte de la lectura y lecciones de libros importados y Sancho, ya en la Universidad, tuvo que utilizar libros españoles, cubanos, colombianos, argentinos y chilenos que eran traídos a Nicaragua por encargos que atendía el profesor Lino González.
LAS RAZONES DE MELVIN WALLACE
“Yo recuerdo que los primeros cuadernos nacionales fueron hechos en la Editorial San José, traían en la pasta la figura de Darío y se dividían así: de 24 páginas, de 48 páginas, de cien y de doscientas páginas”, dice el licenciado Melvin Wallace, director del Centro de Investigación de la Realidad de América Latina (CIRA).
En la pequeña oficina que posee en Lindavista, metido entre cuadernos y libros de toda especie, Wallace es una verdadera autoridad en materia de textos. En ese carácter no vacila al afirmar que por mucho tiempo la educación nacional estuvo en dependencia de los libros importados.
“Siempre ha existido entre los nicaragüenses el ánimo de producir nuestros propios libros —asegura Wallace—, no obstante el mayor esfuerzo se produjo en la época de la revolución sandinista, cuando se hizo un notable esfuerzo por producir libros a través de una editorial estatal, la “Nueva Nicaragua”. También a través de IMELSA se trató de importar libros para reproducirlos y ponerlos al alcance de las grandes mayorías, en ese tiempo los mejores títulos se vendían a precios bajos y se llegaron a imprimir libros muy importantes.
“Ese esfuerzo, por una serie de razones políticas, económicas y de otra naturaleza, se cayó al final de los años ochenta. Sin embargo, podemos decir que a partir de 1997 —para poner alguna precisión—, hay un repunte en la edición de libros nacionales, aunque con limitaciones que todavía sobreviven, entre ellas, que no son accesibles al gran público lector nicaragüense”.
— Culturalmente ¿sigue Nicaragua dependiendo de la importación de libros extranjeros?
— A partir de una investigación sobre textos escolares, realizada por el CIRA en 1996 a una muestra de dos mil quinientos maestros de la zona del Pacífico, se encontró que el 90 por ciento de los libros que se utilizaban en el sistema escolar eran libros extranjeros que no se apegaban a los programas de estudio porque estaban hechos para escolares de Colombia, Costa Rica, México o España, según su origen.
Estos textos, además, no potenciaban los valores nacionales, si había que hablar de héroes, de escritores o de personajes notables, citaban gente de Colombia, México o España, si había que hacer referencia hacia situaciones concretas, como por ejemplo la contaminación, hablaban de la contaminación del Valle de Bogotá. Cuando el conocimiento no va acompañado del contraste de la realidad, al estudiante le cuesta entender, no es lo mismo que a un muchacho de Managua le hablen sobre la contaminación del Lago Xolotlán a que le hablen de un lago que no conoce y que le es difícil imaginar.
Además, esos textos no eran portadores de los ejes transversales de interés para la nación, como son los Derechos Humanos, la Igualdad de Género, la Unidad Centroamericana, la conservación del Ambiente, etcétera.
La encuesta también resaltaba que más del 90 por ciento de los libros que se utilizaban, en un 70 por ciento estaban fuera del alcance económico de los estudiantes, que no los compraban porque eran y siguen siendo relativamente caros.
— ¿Por qué esa preocupación de producir libros?
— Mi devoción a principios de los años ochenta era la sociología y la antropología. Por ese tiempo asistí a un congreso cuyo tema era la Investigación de la Realidad de América Latina, se discernía si América Latina debía escribirse en una sola palabra como expresión geopolítica del sueño bolivariano, pero además al examinar el panorama en lo cultural topamos con que uno de los problemas eran los libros. Así surgió el proyecto de los centros de investigación que simultáneamente iban a nacer en todos los países de América Latina para actuar en conjunto. La verdad eso no maduró y sólo se instalaron en tres países, Bolivia, México y Nicaragua.
LIBRO PARA TODOS
— ¿Cómo comienzan a producir libros?
— Con el apoyo de UNESCO logramos traer especialistas y capacitar a una cantidad de maestros nacionales para que analizaran nuestros textos escolares, les infundieran valores nacionales, los ajustaran a los programas oficiales, los superaran e hicieran pedagógicamente modernos y atractivos desde el punto de vista de su impresión.
Pero, además, el programa ha logrado que nuestros libros cuesten a veces hasta una tercera parte de lo que valen los libros importados, sin perder la calidad de impresión y la calidad de contenido.
— En general, ¿qué tipo de libros está usted imprimiendo?
— Básicamente tres grandes tipos de libros, el libro cautivo como yo le llamo, que es el de compra obligada, se adquiere aunque no tengás dinero, estamos hablando de los libros de texto que se utilizan en los diferentes niveles de la educación, desde preescolar hasta la universidad; los libros de fichaje, que son concomitantes a los libros de texto y que constituyen el segundo gran mercado; el tercer mercado son los otros libros donde existe una gran diversidad de intereses, son libros de diversión, ficción, capacitación personal, cuestión espiritual, etcétera, etcétera.
Desde el punto de vista del libro escolar, han surgido intereses nacionales que se están expresando en la producción de libros de texto y libros de fichaje con la meta de abaratar costos y hacerlos más accesibles. El Estado nicaragüense ha incursionado en este propósito a través de programas apoyados por el Banco Mundial, se han producido millones de libros de texto que a través de un sistema de alquiler o de obsequio llegan a sectores remotos donde no estaban llegando los libros de texto. Cierto que la cobertura no es de un cien por ciento ni mucho menos, que los libros se dan en alquiler, que tienen un retorno, que no todos los niños tienen libros, pero pienso que hay un esfuerzo a partir de esos programas.
Desgraciadamente, este programa que ha sido dirigido por el Proyecto APRENDE del Ministerio de Educación y el Banco Mundial, ha constatado que no todos los libros son hechos en Nicaragua ni por autores nicaragüenses. Por eso, nosotros en el CIRA hemos luchado porque esto no sea así, y que cada vez se produzcan más libros de autores nicaragüenses porque eso crea un reconocimiento nacional y dinamiza el mercado del libro.
Actualmente estamos produciendo libros que nada tienen que envidiar a los que se producen afuera, ese objetivo se va logrando. A estas alturas después de casi cuatro años de funcionar nuestro programa, ya cubrimos casi un 70 por ciento del total de libros que se consumen en el mercado nacional y hemos ido posesionándonos del mercado hasta en un treinta o cuarenta por ciento, beneficiando a los padres de familia, dando reconocimiento a los maestros y autores de libros y agregando la serie de valores transversales de que te hablaba.
Después vimos que no era suficiente producir libros de texto y comenzamos a hacer libros de fichaje, y desde hace aproximadamente un año estamos sacando un libro semanal en el fondo editorial, libros que son para fichaje, estamos hablando de los clásicos: Don Quijote, Marianela, El sí de las niñas, El Güegüense, El Popol Vuh, El Principito etcétera.
QUIERE PUBLICAr LIBROS
Pero también hemos comenzado a incentivar la producción de libros de autores nicaragüenses que, ya por razones económicas o de otra índole, no tenían quién les publicara.
Cada semana nosotros sacamos un nuevo título, a estas alturas ya llevamos más de 250 títulos nuevos. Editamos libros que se habían perdido y que hemos recuperado, porque fueron publicados hace muchos años, o libros de autores nuevos. Esa es una realidad que está impactando en el mercado.
Desgraciadamente, tenemos un pie de barro que es la comercialización, lo libros nuestros se venden a diez córdobas, veinte o treinta córdobas, como muy caros cincuenta córdobas; sin embargo, observamos que los libros no llegan al público al precio que nosotros quisiéramos y por eso pronto vamos a implementar las llamadas “Librerías de Barrio”. En todos los barrios existen librerías que no son librerías exactamente sino papelerías, venden artículos de oficina, pero nosotros queremos que también vendan libros a precios accesibles, y si el librero esta ahí y conoce a los vecinos, que pueda dar los libros al crédito y que se los paguen con dos o cinco pesos a la semana.
Ya hemos creado una biblioteca básica nicaragüense integrada por cien títulos donde están los mejores autores nacionales y pensamos que ningún libro de éstos debe costar más de veinte córdobas.
Por otras parte, yo soy el presidente de la Cámara Nicaragüense del Libro y te puedo informar que se han abierto nuevas librerías, existen grupos editoriales, o casas editoriales nuevas y pienso que se están viendo algunos resultados muy positivos en la producción de libros.
— ¿Y de dónde salen los fondos para este proyecto?
— Mirá, en lo que toca al Programa Textos Escolares conseguimos una pequeña ayuda de la Agencia Canadiense para el Desarrollo ACDI. UNESCO nos apoyó desde el punto de vista de traer a las personas que daban los seminarios o en enviar profesores nicaragüenses a capacitarse. Después ha sido mucho voluntarismo, mucho deseo de que la cultura se difunda.
A veces me pregunto cómo se hace tanto con tan poco, y pienso que eso tiene que ver con mucha voluntad, con mucha economía y con mucha creatividad. Aquí no hay ningún padrino ni ninguna mano oculta, ni ninguna fuerza política o ideológica ni gran capital que nos respalde, sino que como tenemos participación accionaria en una imprenta, eso nos abarata costos y nos permite, con imaginación, hacer cosas que normalmente no se harían.
LIBROS A GRANEL
“Impulsamos la venta de libros a bajo costo a través de ferias itinerantes en los colegios, municipios y ciudades. En fin, estamos trabajando en 17 proyectos que conforman el Proyecto Educando”, afirma Melvin Wallace.
“Iniciamos un diplomado en modernización de la educación inicial y preescolar y acabamos de traer a 16 maestras mejicanas expertas en esos tópicos”, agregó.
“También hacemos un esfuerzo para promover a los escritores nacionales. Aquí no se les cobra un solo centavo, más bien se les dan derechos de autor o se les reconoce el esfuerzo en dinero o en libros”, añade.
“También hay que darle salida a obras de carácter científico y a monografías universitarias de calidad”, continúa diciendo Wallace.
“Para seleccionar el libro a publicar estamos tratando de formar un Comité de Selección que estará integrado por personas idóneas que van a recomendar los 52 títulos que publicaremos durante el año”, finalizó.
LOS EDU-BUSES
“Estamos trabajando en un proyecto que se llama ‘Edu-buses’, que son autobuses educativos que llevan en su interior una biblioteca magisterial, componente informático, cine-foro y una serie de pequeños laboratorios de ciencias para hacer experimentos en el propio lugar”, aseguró Melvin Wallace. 
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