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DOMINGO 16 DE MARZO DEL 2003 / EDICION No. 23032 / ACTUALIZADA 02:00 am
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A la santidad por la caridad

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.Santa Luisa de Marillac, cofundadora (con San Vicente de Paúl) de la Congregación de las Hijas de la Caridad
.Fue santificada el 11 de marzo de 1934 por el Papa Pío XI, 234 años después de su muerte en 1660

Santa Luisa de Marillac falleció en olor de santidad cuando tenía 70 años de edad. Pocos meses después (septiembre de 1660) murió San Vicente de Paúl, el cofundador con Luisa de Marillac de la Congregación de Hijas de la Caridad.

 

Redacción Central

La Iglesia Católica celebró ayer 15 de marzo la festividad de Santa Luisa de Marillac

La historia de Santa Luisa de Marillac es ejemplar y emocionante. Nació en 1590 como hija ilegítima de una mujer pobre y del acaudalado Luis de Marillac, Señor de Ferrieres, quien era un influyente Consejero en el Parlamento de Francia.

El señor De Marillac reconoció a la hija y la llevó a su hogar, le dio su apellido, la crió y cuando tuvo edad suficiente la puso a estudiar en el distinguido Colegio Real. Pero al morir el padre, en 1604, cuando Luisa tenía 14 años, fue sacada del colegio y enviada con su madre pobre, quien tuvo que ponerla a trabajar para ganarse la vida.

En esa época Luisa descubrió su vocación y quiso hacerse religiosa, pero su madre se lo impidió por razones económicas, pues le convenía más buscarle un “buen partido” matrimonial. De manera que la futura santa se casó en febrero de 1613, cuando tenía 23 años de edad, con Antonio Le Grass, Escudero Real y Secretario de María de Médicis. Sin dudas un buen matrimonio.

En octubre de ese mismo año Luisa tuvo su único hijo, Miguel. Después su marido contrajo una larga y dolorosa enfermedad, hasta que murió en 1625, el mismo año que Miguel ingresó al Seminario para hacerse sacerdote.

En cierta ocasión, cuando estaba sumamente atribulada por la enfermedad de su esposo y otras graves dificultades, Luisa se encontró en París con San Francisco de Sales, quien con sus consejos la ayudó a sobrellevar la aflicción que la embargaba. A partir de ese encuentro con San Francisco de Sales —quien es el Patrón de los Comunicadores, porque imprimía en hojas volantes la palabra de Dios y las repartía casa por casa—, el rumbo de la existencia de Luisa cambió definitivamente.

Posiblemente San Francisco de Sales la vinculó con otro santo varón contemporáneo de Luisa, San Vicente de Paúl (Paoli), quien en entonces andaba afanado tratando de crear un Instituto de la Caridad para atender a la gente muy pobre y enferma. Luisa se asoció a este esfuerzo de inmediato.

A fines de diciembre de 1626, inmediatamente después del fallecimiento de su esposo, Luisa recibió en su casa a las primeras jóvenes que iban a consagrarse a servir a Dios y a prodigar cuidados a los más pobres y enfermos dela sociedad. Así y allí se formó el primer núcleo de la Congregación de Hijas de la Caridad, que andando el tiempo habría de esparcir su bondad y caridad por todas partes del mundo, inclusive Nicaragua.

Santa Luisa de Marillac consagró el resto de su existencia a organizar la asistencia social —alimentos, atención sanitaria, educación— a todas las personas que lo necesitan y lo requerían, y fue el alma y motor de la Congregación. A pesar de su frágil figura y su precaria salud, Luisa era siempre la que más trabajaba en el servicio social y de caridad, la primera que comenzaba y la última que terminaba. “Sólo Dios sabe cuánta fuerza de ánimo ella tiene”, dijo de la santa mujer su amigo y guía espiritual, San Vicente de Paúl.

Santa Luisa de Marillac falleció en olor de santidad cuando tenía 70 años de edad. Pocos meses después (el 27 de septiembre de 1660) murió “Monsieur Vincent”, como cariñosamente llamaba la gente a San Vicente de Paúl, el cofundador con Luisa de Marillac de la Congregación de Hijas de la Caridad, que según dijo el santo de Paoli “tienen por monasterio sólo las casas de los enfermos, por celda una pieza en arriendo, por capilla la iglesia parroquial, por claustro las calles de la ciudad, por clausura la obediencia, por reja el temor de Dios, por velo la santa modestia”.

Luisa de Marillac fue santificada el 11 de marzo de 1934 por el Papa Pío XI, 234 años después de su muerte, que ocurrió el 15 de marzo de 1660. Y en 1960, el “Papa Bueno”, Juan XXIII, la proclamó a Santa Luisa de Marillac como Patrona de los Asistentes Sociales.

ATENCIÓN A LOS POBRES

Las Hijas de la Caridad San Vicente de Paúl se establecieron en Nicaragua a principios de los años cincuenta del siglo pasado, sirviendo en los hospitales públicos.

Actualmente tienen escuelas en Managua (Larreynaga) y León (La Recolección), y en Boaco un servicio rural y un Hogar de Ancianos.

En Managua se establecieron en diciembre de 1952, con una farmacia popular para enfermos pobres. En 1963 crearon en el Barrio Larreynaga el servicio de “la sopa popular”, y en mayo de ese año la Escuela Santa Luisa de Marillac. Frente a la escuela hay un Centro de Servicio Social para ancianos y niños pobres.  
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