La columna
Ángeles volátiles
Porfirio García Romano
¿Y qué ángel no es volátil? Es volátil lo que vuela. Y claro que los ángeles, para los que creen en ellos, vuelan. Si hasta alas tienen. Pero “Ángeles volátiles” son aquí los grabados, en la técnica de xilografía que ha realizado recientemente la pintora nicaragüense María Gallo. Acostumbrados a como estamos de ver esos antiguos amorcillos, sacando sus sobadas cabezas entre nubes de color pastel en la pintura de la Inmaculada Concepción de Bartolomé Esteban Murillo, y que ha sido reproducida por doquier en imágenes de bulto, para exponerse en la Gritería o Fiestas de la Purísima en Nicaragua, los ángeles de María Gallo, han de ser irreverentes. Y es que en su descripción de estos espíritus celestes, exponen ángeles, que representan niños inhalando pegamento. De ahí que lo volátil de estos angelitos tenga un doble sentido. Por un lado son volátiles, porque vuelan, tienen, por su ser y consistencia la propiedad de volatilizarse, igual que los angelitos haciendo ojitos al pie de la Virgen de Rafael Sanzio, tan famosos. Pero por otro lado, son volátiles, sencillamente porque están oliendo pegamento. Y es que la pega tiene la propiedad de volatizarse. Y volatilizar en la inconsciencia, a estos angelitos, niños de la calle, adictos pero a la vez ángeles inocentes de su tragedia. El inhalar les atrofia el cerebro, les arruina las articulaciones, les perjudica su locomoción y coordinación motora. Los inutiliza síquicamente. María Gallo ha hecho altares completos con veladoras e incienso incluidos, poniendo inocuamente estos ángeles volátiles en altares, con flores de reseda, madroño y sacuanjoches. ¿Será porque estos angelitos volátiles ya se están convirtiendo como la pobreza y la deuda eterna, en parte de nuestro folklore? ¿Tendrá alguna intención este hecho plástico que, con criterios de postmodernidad, usa las antiguas técnicas medievales del grabado y sus imágenes simbólicas predominantes, seres celestiales y santos, para exponernos con temas sumergidos en el ostracismo y el anquilosamiento, una denuncia tan necesaria como contemporánea? La denuncia de la muerte de nuestra niñez por el abandono de la sociedad y sus gobiernos. Los niños, según la creencia popular, cuando mueren se vuelven angelitos. 
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