Narrativa
Donde no hay ganancia… la pérdida es segura
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Obra en PAINT de Xiomara Chamorro. |
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La mañana del sábado 23 de abril de 1983, era espantosa, la noticia que me habían dado, me tenía sumamente preocupado. Estaba a punto de perder mi casa de la Carretera Sur, que alquilaba en dólares a la Embajada de Chile. El Proyecto de Ley Reguladora de la Vivienda decía textualmente:
Arto. 1 Se transfiere a la propiedad del Estado para ser administrados por el Banco de la Vivienda de Nicaragua, todos aquellos inmuebles actualmente usados como casa de habitación y que no se encuentren habitados total o parcialmente por su propietario con el objeto de adjudicarlos en propiedad a los inquilinos u ocupantes conforme lo que establece esta ley.
Como mi casa estaba en poder de una embajada había la exclusión y es que pasaría en vez de los dueños a ser manejada por el Banco.
La ley fijaba una indemnización para el dueño del inmueble, que era el valor catastral pagadero en veinte años, en bonos.
Sonó el teléfono, era el licenciado Ulises Muñoz, gerente de John May, me tenía una excelente noticia, había conseguido dos videos y me los iba a prestar. En la época de los Sandinistas, no había cable, ni se podía ir al cine. Los nicas que nos habíamos quedado en el país nos divertíamos intercambiando videos, incluso teníamos nuestro propio club.
Fui a la casa de mi amigo en compañía de mi mujer, me invitó a comer y a echarnos unos tragos, un amigo vino de los Estados Unidos y le trajo un par de botellas de whisky. Nos sentamos a tomarnos unos tragos, mi mujer se fue a la cocina a platicar con la esposa de Ulises, y nos quedamos hablando del único tema: la Revolución.
Golpearon a la puerta, llegaba a visitarlo un tipo de nombre Sergio Ramírez, (nada que ver con el escritor Ramírez Mercado), era compadre de Ulises, mientras nos echábamos los tragos, empecé a hablar en contra de los sandinistas, la retahíla no tenía fin, el compadre Ramírez escuchaba con suma atención asentando con la cabeza lo que yo hablaba.
Dos meses después la Policía llegó a buscarme, mi empleada muy asustada me dijo, “Doctor lo vienen a traer”, inmediatamente llamé a un pariente, le dije venite volado porque me van a echar preso, quiero que te fijés a dónde me llevan. Los policías esperaban pacientemente, mientras terminaba de bañarme.
Me llevaron a la Plaza el Sol para interrogarme, entré a una oficina donde un oficial de apellido Pastrana, me miró muy colérico diciendo: “¡entiendo que usted doctor, se dedica sistemáticamente a hablar mal e insultar a miembros de nuestra Dirección Nacional y despotricar en contra de nuestros ministros!”. Le contesté que eran puros cuentos e inventos todo lo que le habían contado. “Nada de cuentos ni inventos”, aquí tengo al compañero que le escuchó decir esas barbaridades en una fiesta en el barrio Belmonte hace dos meses.
Le expliqué que nunca había estado en el barrio Belmonte en ninguna fiesta, —cómo que no, me gritó— aquí está la persona que lo escuchó. En esos momentos entró un tipo y la verdad es que no lo conocí. A este señor, le dije, jamás lo he visto en vida, mucho menos en una fiesta, yo solamente asisto a fiestas de mis amigos y este no es mi amigo, además ni de mi CDS es.
“Acaso no estuvimos en la casa de don Ulises Muñoz —me increpó—, entonces me acordé de la cara. ¿Pero de qué fiesta me está hablando este tipo? “Si éramos solamente tres personas echándonos unos tragos”. Pastrana le preguntó a Ramírez que cuántas personas eran, y respondió que tres, lo cual desvirtuaba lo de la fiesta. El interrogador empezó a dudar, situación que aproveché para decirle que llamara al dueño de casa, y le preguntara si era verdad que yo había hablado mal de la Revolución. Mi miedo era que me aplicaran la Ley sobre Mantenimiento del Orden y Seguridad Pública por andar hablando mal de la Revolución.
Pastrana me preguntó dónde podía localizar a Ulises Muñoz, le di el número telefónico, llamó y le dijo que viniera a la Plaza el Sol, mientras tanto me encerraron en una oficina, allí permanecí de 5 a 6 horas, la verdad había perdido la noción del tiempo.
Antes que oscureciera Pastrana me llamó a su oficina y me dijo textualmente: “Por esta vez te vas a ir, cuidá lo que hablás porque la próxima vez te mando directo a la Zona Franca por contra”. Luego le dijo a un policía que me acompañara al portón. Eran casi las 6 de la tarde, estaba oscureciendo y no me quedaba más remedio que caminar hasta mi casa. En eso apareció un amigo chinito manejando un Lada, que tenía una venta de capotes ahulados frente a la Plaza del Sol y me dijo: “doctol Belman qué hace pol aquí”, chinito por favor dame raid a mi casa, “si doctol, no se pleocupe, con mucho gusto lo llevo”.
Al llegar a mi casa me estaba esperando Ulises quien todo afligido me dijo “perdóname hermano, no sabía que ese desgraciado de mi compadre era “oreja”, sabía que era “jefe de manzana” de los Comité de Defensa Sandinista, es decir, “ojos y oídos de la Revolución”, pero nunca me imaginé que fuera a denunciar a uno de mis amigos”. No te preocupés, pero contame, qué fue lo que le dijiste al policía.
El interrogador me preguntó sobre vos, qué hacías, en fin todo lo que yo supiera acerca de tu vida. Le dije “que eras mi abogado, y que te había invitado a mi casa a echarnos unos tragos, que se apareció el compadre Ramírez y se unió a la mesa de tragos”. ¿Es decir, que Ramírez también estaba bebiendo guaro con ustedes? Preguntó Pastrana, pues claro, si entre los tres nos bajamos casi las dos botellas de whisky. Pero dígame me insistió, “habló Bergman mal de la Revolución si o no”. La verdad compañero es que no me acuerdo, pues estábamos “hasta el cerco”, y no escuché al doctor hablar mal de la Revolución. Me miró medio arrecho, gracias por venir, puede marcharse.
Me puse a reír, miré a mi amigo y le dije: “Chocho hermano, vos sos un genio al inventar semejante historia. Si apenas nos echamos cuatro tragos cuando ya tu mujer nos sirvió el almuerzo”.
En lo que se fue Ulises llegó mi mamá toda nerviosa. Me miró directamente a los ojos y me dijo: Ve Gilito, ya esta es la segunda carceleada que te pegan, de la tercera no te vas escapar, así que nada vas a ganar con andar hablando chochadas en contra de los sandinistas. Te advierto y que no se te olvide: Donde no hay ganancia... la pérdida es segura.
* Rector de la Universidad de Ciencias Comerciales. 
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