Farándula
Renée Zellweger
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 | Su participación en la versión
cinematográfica del famoso musical de Broadway ‘Chicago’ le ha dado nuevos aires a la carrera de Renée Zellweger
ganadora del Globo de Oro y una de las nominadas como mejor actriz en la entrega de los Oscar que se llevará a cabo este 23 de marzo. En esta entrevista revela todos los
detalles de lo que significó este reto en su carrera artística |
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Fabián W. Waintal
Nunca antes había cantado o bailado profesionalmente. Ni siquiera había hecho teatro. Pero Renée Zellweger brilla como nunca en la versión cinematográfica del famoso musical de Broadway ‘Chicago’.
Y la nominación al Oscar como Mejor Actriz, además del Globo de Oro que ganó por la misma película, reflejan que valió la pena el duro trabajo de filmar una película en un rubro que para nada conocía, con la humildad de saber reconocerlo.
Le cuesta abrir la puerta de la suite especialmente designada en el Hotel Regency de Nueva York “no hay cerraduras en Transilvania, así que estoy fuera de práctica”, bromea rompiendo el hielo, en un reportaje donde revela los más íntimos detalles sobre la filmación, que demuestran las razones de tantos premios, merecidos.
¿Cómo aceptó filmar una película como ‘Chicago’ sin experiencia previa en ningún musical?
Es cierto que no tengo ninguna experiencia musical y es verdad que soy una completa ignorante a la hora de hablar de teatro y en especial el teatro musical. Pero la culpa o el logro de haber aceptado filmar ‘Chicago’, fue Rob Marshall. Cuando lo conocí, me inspiró su pureza y su bondad. Y me atreví a compartir seis meses de trabajo, con él, filmando en Toronto.
¿Es verdad que volvía al gimnasio después de cada día de filmación, para entrenar más y más duro?
¿Viste cuando se empieza un deporte nuevo y se usan músculos que uno ni siquiera sabía que existían? Los músculos para usar tacos altos, eran nuevos para mí. Y yo hacía lo imposible por llegar al nivel de las verdaderas chicas de Broadway que hacen esto, tan bien, todos los días. Todo el proceso fue un aprendizaje para mí y sí, al final del día, me iba al gimnasio para mantener alto mi nivel de energía. La filmación demandaba mucho y yo quería mantener mi energía y descargar las frustraciones de repetir lo que me salía mal.
¿Frustraciones? ¿Hubo muchas?
Es la magia del cine. Todo se ve muy bien en la pantalla, pero al filmarlo, las escaleras tan brillantes y los tacos altos no son muy buenos amigos. Fue interesante aprender a bajar los escalones, sin caerme. Me pedían que pegara la parte de atrás del escalón, con el taco del zapato y que lo deslizara hacia abajo. No es algo bueno para los zapatos, pero te salva el cuello. Ese fue un secreto nuevo para mí. Tengo que decirte que no siempre funciona, pero es un buen intento. Ahora respeto muchísimo más a las competidoras de los concursos de belleza, porque no es fácil bajar esas escaleras en tacos altos. Especialmente cuando hay que mirar arriba. Porque nos olvidamos esa parte.
Después de filmar ese tipo de escenas me remarcaban “está bien, está bien, hagámoslo de nuevo, pero ahora no mires el suelo” (riéndose). Fue divertido. Y después de bajar sin mirar el suelo, me decían “ahora a repetirlo pero levantando la vista hacia el público”. Fue interesantísimo, porque al hacerlo, hay un ruego mental constante, de no caerte.
¿Y las escenas en que tuvo que cantar? ¿Tuvo miedo al principio?
Yo solamente canto en la ducha y esa es toda mi experiencia musical. Y no canto temas de Broadway, sino canciones de los Beatles. Pero no tuve tiempo para sentir miedo por mí. Solamente tenía miedo de desilusionar a Rob Marshall, porque había tenido demasiada fe en mí.
¿Le tomaron alguna prueba, cantando, antes de contratarla?
Sí. Después de decidirme, fui a Nueva York con Rob, porque él quería mostrarme algunas ideas que tenía. Cuando llegué estaban los coreógrafos y bailarines, todos muy talentosos. Me dieron un bastón, enseñándomelo a usar como “la ametralladora del día”. Y después, a solas, en una habitación rodeada de espejos, como un estadio de básquet listo para comenzar un juego nuevo, Rob me pidió que cantara algunos temas, sin música, como cuando un amigo te pide que tararees algo. Fue un lindo momento, que no voy a olvidar. Esa era mi audición, pero yo no tenía idea que él me estaba probando. Quería asegurarse que realmente no iba a arruinarlo todo. Pero yo no lo sabía. Más tarde fuimos a cenar y Rob volvió a hacer lo mismo, porque empezamos a hablar de películas musicales. Y yo no sé ningún tema. Apenas si conozco la parte del coro de “Cantando bajo la lluvia” o “El mago de Oz” por haberlo visto en televisión. Le dije que era lo único que sabía sobre musicales y los dos juntos, empezamos a cantar “En algún lugar del arco iris”, en medio de la cena. Esa era también una prueba y yo no tenía idea. Soy una tonta... Me hablaba de “All That Jazz” como si me estuviera enseñando, pero no me enseñaba, estaba probándome. Me alegra que todo haya funcionado bien porque me sentí mejor al no saber que me estaba probando.
¿El baile fue todavía más difícil?
Bailar y manejar los tacos fue lo más difícil, porque cuando quería dar una vuelta, a veces los tacos opinaban diferente (riéndose). Es la verdad. Los tacos son los que dictan cómo una baila, porque a veces quería ir para la derecha y el taco iba para la izquierda.
¿La escena que más se enorgullece de haber logrado?
La de Roxy, con todos los espejos. La palabra orgullo no creo que sea la correcta. Estaba en las nubes, excitadísima de haberme dado cuenta que la hicimos, porque había tantos detalles técnicos que son invisibles: la marca donde pararme, el sonido, la luz, el vestuario, no tapar al otro, ver lo que hace el resto, sin olvidarme de pasar la mano por el pelo cuando digo una frase determinada, hacerlo una y otra vez, con toda la frescura, acordándome de todo lo que tengo que decir... Todos esos aspectos técnicos sin equivocarme, no olvidar que el pie derecho va hacia allá y el izquierdo para acá, la cabeza para otro lado. Había tanta tensión que no podíamos equivocarnos y tampoco nos dieron tiempo. Eran las seis de la mañana y claro que había gente con sueño. Pero todo tenía que salir perfecto. Sincronizar mis labios con la música y girar para ver la cámara en el espejo. Había tantas cosas que podían salir mal... Cinco minutos interminables que sumaban más presión cada vez que algo salía bien. Como cuando juego al pacman y me queda uno solo, no me puedo dar el lujo de volverme a equivocar, porque sino tengo que volver al principio. Y lo hicimos. Y yo no podía parar de saltar de alegría, por toda la fe que me había tenido. Ese fue un momento genial.
Las palabras y el ritmo en que habla, reviven el entusiasmo de una filmación que hará historia, junto a Richard Gere y Catherine Zeta Jones. Renée Zellweger es la protagonista de la película con más nominaciones al Oscar. Y desde tanta excitación, demuestra ciertos parecidos con el personaje de la ficción. Seduce sin pretenderlo, hablando siempre bajo, con voz muy suave y entrecerrando los ojos, agregando poesía a sus palabras. Tan dulce, que parece real. Pero así es ella, la chica buena de Hollywood.
¿Qué motiva a un actor para luchar tanto en algo completamente nuevo?
No puedo hablar por otros, pero supongo que tiene que ver con el lugar de donde una proviene. A mí me motivan diferentes cosas. Yo quería hacer esta película porque amo a Rob Marshall. La vida es muy corta y cada experiencia en mi trabajo, toma mucho de mi vida. Damos demasiado. Cada trabajo que he tenido, me ha enriquecido en cierta forma, a nivel personal, porque no sólo se aprende profesionalmente. Y mi trabajo exige también parte de mi corazón y mi espíritu. No puedo entregarme si la relación no es recíproca. Tengo que pensar “si, puedo vivir seis meses de mi vida con esta persona”.
¿Costó despedirse con Richard Gere y Catherine Zeta Jones cuando terminaron de filmar?
Yo tuve que salir volando a una sesión de fotos por la campaña del póster. Y por eso no me di cuenta que me estaba despidiendo. Pero pasé tres noches sin dormir, después de terminar la filmación, porque la magnitud de lo que habíamos hecho me vino de golpe cuando terminamos. Cuando ya no estaba con ellos me di cuenta que no iba a estar rodeada de la misma gente. Pero me quedé con la amistad, los amigos que nunca voy a dejar.
¿Valora el reconocimiento del Globo de Oro y la nominación al Oscar además del éxito en las recaudaciones?
Sí, sí. Los premios y el éxito importan muchísimo porque significan que valió la pena lo que hice. Pero yo tengo una enfermedad perpetua, un síndrome que me hace ver sombras en el bosque. Siempre pienso que me van a despedir o que no sé lo que estoy haciendo. Me resigno a como soy...
¿Con semejante éxito en su carrera, habiendo llegado al punto más alto, como otra nominación al Oscar, se plantea una nueva meta para superarse todavía más o mantener el mismo nivel?
(Se toma unos segundos para pensar). No lo sé. No me doy cuenta de la posición en que estoy, como para pensar algo semejante. Trataré de vivir mi vida, cada día... Pero es lindo que la gente resalte que hago bien mi trabajo.
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