Es dura la competencia
Jorge Salaverry
Hace un par de semanas tuvo lugar en Madrid, España, una conferencia titulada “2003: El Reto de la Ampliación”. Aunque de manera oficial esa conferencia tenía que ver solamente con Europa del Este, la verdad es que al final de cuentas también resultó de gran interés y relevancia para América Latina, y, por ende, para Nicaragua. Por la siguiente razón.
La conferencia tuvo como objetivo analizar en profundidad las implicaciones que para las empresas españolas tendrá la próxima ampliación de la Unión Europea. Como es sabido, la Unión Europea en la actualidad está compuesta por quince países, pero se espera que en el próximo año otras diez naciones —Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Chipre y Malta— formarán parte integral de ella. Además, para fecha aún no determinada está pendiente la incorporación de Turquía, mientras que la de Rumania y Bulgaria está prevista para el 2007.
Para las empresas españolas esa integración significa la posibilidad de acceder a nuevos mercados y la oportunidad de ampliar sus inversiones en el exterior. Y es ahí, precisamente, donde radica la importancia de la conferencia para nuestros países, porque las empresas que deciden trabajar más allá de su ámbito local suelen tener un monto limitado de dinero para invertirlo en otros países, y es lógico suponer que lo invertirán en aquéllos que, a su juicio, presten las mejores condiciones. Es así que, en este caso, Europa del Este está en franca competencia con América Latina y el resto del mundo por el limitado capital de inversión español. Pero no menos cierto es también que cada país a título individual compite con todos los demás para obtener parte de ese capital. Y en esa ruda competencia, los más ordenados y dinámicos son los que tienen mayores probabilidades de éxito.
En las dos últimas décadas España ha tenido una transformación y un desarrollo económico, social y político realmente extraordinarios, al punto que, en la actualidad, es la onceava economía mundial y el octavo país con más inversión exterior. Muchas empresas españolas, haciéndose eco de la globalización, se han lanzado con vigor y energía a invertir más allá de sus fronteras, especialmente en Europa Occidental y en América Latina. Y no hay duda de que seguirán haciéndolo. La pregunta es dónde.
“Europa del Este está ávida por recibir inversiones españolas”, me dijo en el transcurso de la conferencia el embajador de una de esas naciones ex comunistas. No es por casualidad que había cerca de mil empresas españolas representadas en el importante evento que contó con la presencia del presidente del gobierno español, don José María Aznar, y de don José María Cuevas, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales. También estuvo presente don Juan Costa, Secretario de Estado de Comercio y Turismo, quien, en su discurso, al igual que el presidente Aznar, instó a las empresas españolas a aceptar el reto y la oportunidad que significa la incorporación el año próximo de esos diez países, y de otros tres posteriormente.
A mi manera de ver, es importante tomar nota de estos eventos para saber que en este mundo dinámico y globalizado no hay tiempo que perder. Que sólo los países ordenados, abiertos a la inversión extranjera, con reglas del juego claras y estables, y que operan con seriedad y transparencia, son los que tienen posibilidades de obtener montos significativos de inversión foránea para dinamizar sus economías y progresar en beneficio de sus ciudadanos.
El Gobierno de Nicaragua está consciente de eso. De ahí su lucha contra la corrupción y sus esfuerzos para poner la casa en orden. Los logros en ese sentido son conocidos y apreciados en el exterior, pero, además, está haciendo esfuerzos concretos para atraer inversiones a Nicaragua. En ese sentido, por ejemplo, se enmarca un curso de promoción de inversiones y comercio que el Ministerio de Relaciones Exteriores impartirá esta semana a todos sus embajadores y cónsules acreditados en el exterior.
La competencia por la inversión extranjera es dura, pero si los nicaragüenses toman conciencia de ello tenderán a hacer bien y rápido todo lo que sea necesario para atraerla, y se abstendrán de hacer todo aquello que pueda alejarla.
El autor es embajador de Nicaragua en España. 
|