Le fue bien al Presidente
En los parámetros nicaragüenses de las relaciones con Estados Unidos de Norteamérica, se considera que lo único o lo más importante es “arrancarles” ayuda económica. Pero no sólo los políticos y gobernantes que se identifican como amigos de los Estados Unidos lo estiman así. Cuando Daniel Ortega era presidente de Nicaragua hacía todo lo posible por encontrarse con el presidente de Estados Unidos, en los eventos internacionales. Y a pesar de que consignaron en su himno partidista que los sandinistas luchan “contra el yanqui, enemigo de la humanidad”, sin embargo cuando ejercieron el poder dijeron que querían “construir el socialismo con los dólares del imperialismo”.
Por otro lado, en los estándares internacionales se considera que para el jefe de Estado de un país pequeño, pobre y dependiente, significa una apoteosis política y diplomática que lo reciba oficial o extra oficialmente el presidente de Estados Unidos, en la Casa Blanca de Washington. En realidad, el líder de la principal potencia mundial no gasta su tiempo reuniéndose con los jefes de los países pequeñitos, que son muchos, además de que si recibe a uno de ellos todos los demás pedirán el mismo tratamiento.
De manera que de no haber sido porque el Gobierno de Nicaragua apoyó recientemente la posición de Estados Unidos en las Naciones Unidas con respecto a Irak, lo más seguro es que el presidente Bolaños no hubiera podido conseguir la entrevista en la Casa Blanca con el presidente Bush.
También fue un logro político del presidente Bolaños en Washington que las autoridades estadounidenses aceptaran la posición nicaragüense de que la eliminación de cierto armamento estratégico del Ejército de Nicaragua, como los misiles Sam 7 de origen soviético que las autoridades estadounidenses temen sean vendidos o regalados a organizaciones terroristas, debe alcanzarse mediante un balance razonable de fuerzas militares en el área centroamericana.
La preocupación de los gobernantes estadounidenses por los misiles nicaragüenses es justificada, particularmente ahora que libran una complicada guerra defensiva contra el terrorismo internacional. Como se sabe, por la “ingenuidad”, la “buena fe” o lo que sea de los jefes militares y policiales de Nicaragua en sus transacciones con traficantes internacionales de armas, muchos fusiles y municiones de los arsenales nicaragüenses fueron a parar a manos de terroristas colombianos, según el informe de una comisión especial de la Organización de Estados Americanos (OEA). Y si eso ocurrió con los Ak y las balas, ¿quién garantiza que no podría ocurrir lo mismo con los misiles Sam 7?
También fue importante para el presidente Bolaños que Estados Unidos le reiterara su pleno respaldo en la lucha contra la corrupción, particularmente en el caso del ex presidente Arnoldo Alemán, pues al estar éste en la mira de las autoridades judiciales estadounidenses se le dificulta al arnoldismo presionar por la libertad de su máximo líder.
Y en lo que respecta a la cooperación financiera, de acuerdo con las informaciones oficiales los resultados del viaje a Washington del presidente Bolaños fueron también exitosos. De modo que la única mancha en la visita del Primer Mandatario nicaragüense a Washington fue la pifiada declaración que hizo a CNN minimizando su sueldo y la pensión que recibe como ex vicepresidente de la República, a pesar de que renunció a esa investidura y de que es un asalariado activo del Estado.
En todo caso, son muy importantes los recursos financieros obtenidos por el presidente Bolaños de parte del BID, en lo inmediato y a mediano plazo, así como el apoyo de Estados Unidos en los organismos financieros internacionales para que se conceda a Nicaragua una consideración especial.
Por supuesto que no es eso lo que va a resolver los problemas socioeconómicos de Nicaragua. Los éxitos del presidente Bolaños en Washington tienen efectos positivos limitados, temporales y relativos. Lo fundamental y apremiante es crear las condiciones apropiadas para que haya en el país inversión privada nacional y extranjera, que es la única que crea empleos, produce riqueza e impulsa el desarrollo.
Y para lograr ese objetivo esencial se necesitan profundas reformas institucionales, ante todo en la administración de justicia, y conseguirlas es la principal tarea de orden político que tiene por delante el presidente Enrique Bolaños. 
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