Es desempleado en tierra extraña
 |
|
 | Vive de la solidaridad de otros nicaragüenses indocumentados que están trabajando |
|
Centenares de nicaragüenses se congregan en la entrada del poblado de Santa Cecilia de la Cruz, desde la madrugada, para dirigirse a las fincas de naranjas donde laboran. LA PRENSA/M. ESQUIVEL |
| |
Elízabeth Romero Enviada Especial a Costa Rica elizabeth.romero@laprensa.com.ni
De pescador pasó a corta naranjas, pero ahora se encuentra sin trabajo en un poblado costarricense, de donde prefiere no regresar a su país, por la falta de dinero para llevarle a su familia que aguarda su retorno con muchas esperanzas, en Huehuete, Carazo.
Se trata de Omar Sánchez García, de 38 años, quien dejó el trasmallo por una saca (bolsa) en el corte de las naranjas, pero ahora está igual que cuando salió de Nicaragua, sin dinero y sin trabajo.
La falta de dinero fue lo que le llevó a regresar caminando más de 50 kilómetros desde la frontera hasta el poblado de Santa Cecilia de la Cruz.
“No he ganado, estuve trabajando y el lunes pasado nos sacó Migración a la frontera. Regresé el miércoles, me vine a pie desde la frontera. Me sacaron sin plata, me tuve que venir a pie”, relató el hombre.
Explicó que cuando los funcionarios de Migración detectan a los indocumentados nicaragüenses, “lo tiran a uno por la frontera”. Si el deportado lleva dinero, compra su pasaje y regresa a su país, pero si no tiene le corresponde dar la vuelta por Cárdenas y por puntos ciegos vuelve a ingresar a suelo costarricense.
Éste es sólo uno de los miles de nicaragüenses indocumentados que permanecen en Costa Rica, debido a la falta de empleo en su país de origen.
“Apuradamente había podido agarrar 22 mil colones, pero a esta parte no tengo nada, todo lo hemos gastado. Ahora quedamos en la banca (sin empleo), porque hay una ley que el que tiene su saca trabaja y el que no tiene no trabaja, porque se están perdiendo las sacas, se las están llevando”, comentó el nicaragüense.
Omar vive de la solidaridad de otro coterráneo, quien le ayuda en la comida y duerme en un sitio inhóspito, el mismo lugar donde antes pagaba mil colones a la semana, pero a escondidas del dueño.
En Carazo sus familiares desconocen todo lo que está pasando, “piensan que tal vez estoy ganando, pero estoy en la banca (sin trabajo)”.
Desde el 25 de diciembre que vio a su familia en Nicaragua no ha sabido de ella. Lleva dos años de ingresar de la misma manera a Costa Rica. “Ya sé como es todo, pero ahora está peor porque es demasiada gente la que ha entrado, viera que gentío. A las cinco de la mañana parece mercado como se pone”.
Pese a las penurias que atraviesa, el hombre prefiere estar en ese país, porque considera que está mejor que en Nicaragua.
“Es mejor estar aquí, porque en Nicaragua si usted hace un tiempo (de comida) no hace otro”, porque “Bolaños dijo a la gente que iba a cumplirle, que iba a abrir fuentes de trabajo, que le iba a ayudar a la gente en asuntos de pesca, pero al fin y al cabo no hizo nada”.
En su país el hombre dejó la pesca porque, según relató, había ocasiones que en una semana sólo lograba reunir 10 córdobas. En ese poblado costarricense ha debido comer pescados sacados de las oscuras aguas del Río Sucio, que cruza el lugar.
“Para qué le voy a decir... Soy franco, con sopas de pescado nos estamos manteniendo toda la semana, hasta que ya les pagaron a ellos compramos arroz y aceite”, expresó Omar. Agregó que “allá (en Nicaragua) no sé cómo estarán haciendo (su familia)”.
A criterio de Omar, los últimos hechos violentos ocurridos en Costa Rica, sobre todo de abuso sexual en contra de niñas nicaragüenses, ha afectado a los inmigrantes.
Dos personas que dijeron ser periodistas, pero después conocieron que eran policías, estuvieron levantando una lista de los ilegales nicas, preguntándoles sus nombres y apellidos, edad y lugar de origen. Según conocieron fue parte de la búsqueda del agresor sexual de la niña de La Lajoza. 
|