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LUNES 3 DE MARZO DEL 2003 / EDICION No. 23019 / ACTUALIZADA 1:00 am
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Los emigrantes nicas viven de esperanzas

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.Campesinos de Río San Juan quieren volver a Nicaragua, porque la corta de naranjas les resuelve poco

Al igual que este hombre, los emigrantes nicaragüenses únicamente ganan para comer dos veces al día.
LA PRENSA/M. ESQUIVEL

 

Elízabeth Romero
Enviada Especial a Costa Rica
elizabeth.romero@laprensa.com.ni

Pedro Reyes Domínguez, de 29 años y Xiomara del Carmen Lainez, de 24, partieron a tierras costarricenses desde hace seis años, procedentes de Río San Juan, después que perdieron la cosecha de maíz y frijol. Ahora buscan cómo regresar a su país, igual o peor que cuando abandonaron su hogar.

La pareja, igual que miles de nicaragüenses indocumentados, encontraron en el corte de naranjas, una alternativa de subsistencia en el vecino del sur. Estimaciones de los mismos nacionales, sólo en una finca del poblado de Santa Cecilia de la Cruz, Guanacaste, donde la pareja se ha asentado, hay 700 nicas indocumentados que laboran cortando naranjas.

Pero son miles de nicaragüenses que venciendo el frío de la madrugada se apostan en la entrada del poblado, a la espera de la llegada de los camiones que hacinados los trasladan a las diferentes fincas de naranjas, cuya cosecha está en su apogeo.

El frío ya no parece importarles, sólo alcanzar los camiones en los cuales los trasladan como si se tratase de embutidos, que los llevará al agotador trabajo de cortar naranjas, llenar las inmensas bolsas y correr tras un tractor que con “una aguja” (tipo grúa) recibe las frutas. Es la jornada de todo el día y todos los días de la semana. Es su forma de subsistir. De lo contrario se verían obligados a regresar a su patria sin dinero y sin trabajo, aseguran.

Con tierra y en país extraño

El hombre asegura que desde hace tres años no ha regresado a San Vicente, su pueblo de origen, donde compró un pedacito de tierra, la que debió dejar abandonada después que no consiguió la cosecha esperada.

Con dos pequeños hijos, la pareja los debe abandonar desde horas de la madrugada y dejarlos en manos de una cuidadora, hasta el anochecer cuando les llegan a dejar en los pesados camiones, donde los cargan como ganado y en que la gente, con sus cuerpos sudorosos, viajan apretujados, como si les regalaran el traslado. Sin embargo, pagan 600 colones semanales por ese transporte.

“Allá en Río San Juan no hay empresas grandes, no hay trabajo, sólo de la agricultura vive uno. El pedazo de tierra que tenía allí está solo, abandonado”, explicó el obrero agrícola.

El rudo trabajo que realiza bajo el sol del verano, con baja remuneración, así como la tediosa rutina diaria que inicia desde las 3:30 de la madrugada antes de subir a los camiones para ir a los plantíos, ha hecho reflexionar a la pareja de retornar a su terruño.

“Pero nos vamos a ir de vuelta, porque aquí uno no gana nada, sólo para pagar la comida, muy cara”, expresó el hombre, quien manifestó que únicamente esperan “reunir un poco de dinero para el pasaje”.

Xiomara, cuyo rostro está tostado por el sol, manifestó su cansancio por el trabajo diario que debe realizar junto a su marido.

“Es mejor estar allá en Nicaragua, allá aunque sea para la comida sacamos”, indicó la mujer, quien recordó que “traíamos esperanzas porque allá no nos fue bien en la cosecha”.

Según la mujer, cuando les va bien cortan entre los dos suficientes naranjas como para llenar cinco sacas (medida en bolsas de nylon).

Ese día habían reunido 7,000 colones en total. Con ese dinero pueden comprar la comida y ahorrar para el alquiler de la casa, por la que pagan 20 mil colones al mes, más cuatro mil por el cuido de los niños. “A veces ni para el aceite hacemos”, apuntó Xiomara.

Para ella, los delitos cometidos por ciertos nicaragüenses que han ingresado a ese país, también les ha afectado durante su estadía. “A veces hay rumores de nicaragüenses que matan, violan niños; eso ya está feo aquí y nada hacen, está peor que en Nicaragua, preferimos irnos para allá, porque por lo menos tenemos el arroz y los frijoles”, comentó la mujer.

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