Aquí no hay ladrones
Adolfo Olivas Olivas CORRESPONSAL/ESTELÍ departamentos@laprensa.com.ni
Los delincuentes que por muchos años hicieron de las suyas en el Barrio Boris Vega, al suroeste de la ciudad de Estelí, huyeron. No se necesitó de grandes planes ni darles oro. Fue la organización.
“Aquí los ladrones robaban diario, los antisociales quebraban los techos, puertas, ventanas, lámparas del alumbrado público, y las pandillas, a partir de las seis de la tarde nos imponían el toque de queda, todo mundo se encerraba en su casa bajo una gran zozobra”, relata Rodolfo Cruz Alonso, quien patrulla con una escopeta calibre doce.
En cierta ocasión, los delincuentes casi queman la casa de Leonardo Acuña Rivera. Tuvo que dispararles e hirió a una persona.
“Nosotros dormíamos con un ojo abierto y el otro cerrado, porque los robos y demás delitos eran por todos lados”, expresa Rodolfo Cruz Alonso, quien durante el día trabaja de taxista.
El licenciado Luis Gutiérrez, víctima en dos ocasiones de los ladrones, narra que los habitantes del citado barrio vivían llenos de pánico como consecuencia del accionar de malhechores, quienes actuaban desenfrenadamente, sin poder ser controlados por ninguna autoridad.
BATALLAS CAMPALES
Las calles del Barrio Boris Vega y parte del sector del Alfredo Lazo, eran escenario de batallas campales escenificadas por elementos pandilleros, que bajo los efectos de la droga y el alcohol, mantenían atemorizados a los pobladores.
Las acciones violentas los hicieron vivir momentos aterradores, debido a los enfrentamientos callejeros, ya que las pedradas perforaban los techos, destruían ventanas, puertas, dañaban los vidrios de vehículos y en algunos casos, lesionaron a personas.
Los ciudadanos que sufrían los embates de las fechorías solicitaron a la Policía Nacional de Estelí, que se ejecutara un plan de seguridad ciudadana en coordinación con instituciones gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil, para tratar de erradicar el fenómeno.
La Policía Nacional, que escuchó el clamor de los ciudadanos, que ya no soportaban el acoso de la delincuencia, ayudó a la fundación de la Comisión de Prevención Social del Delito, siendo el organismo que ideó la formación de las actividades de vigilancia.
“La razón de organizarnos fue producto de la necesidad misma, ya que la situación era preocupante e insostenible, y entonces hubo la idea de algunos compañeros de organizar la vigilancia comunitaria con el respaldo de la Policía Nacional”, manifiesta José Teodoro López Gutiérrez.
López Gutiérrez, que está al mando de una escuadra de armados para garantizar la vigilancia los días martes, señala que comenzaron pocos, pero que ahora los vigilantes ascienden a unos cien, entre ellos hombres y mujeres que desempeñan distintas responsabilidades.
“A partir de la vigilancia comunitaria, en nuestro barrio no hemos tenido que lamentar otro robo, todos los ladrones desaparecieron y si logran aparecer en el día o en la noche, los vamos a poner en su lugar”, advirtió López Gutiérrez.
LOS TURNOS
En el puesto de mando del Barrio Boris Vega, existe un rol de los vigilantes que salen a patrullar. Al caer la noche, uno a uno comienzan a llegar al puesto de vigilancia. Los jefes de escuadras organizan su gente y salen para el territorio que les han asignado. Para facilitar la labor, dividieron el barrio en cinco andenes.
“Este barrio lo hemos dividido en varios andenes y así cada grupo ya sabe el territorio que le corresponde y, a través de los radios móviles, nos comunicamos durante la noche”, afirma Leonardo Acuña Rivera.
Los mismos vecinos se han facilitado las armas y todos las comparten. “Tenemos escopetas, rifles de cacería, pistolas makarov, browning y otras”, detalla Rodolfo Cruz Alonso, uno de los jefes.
RETAGUARDIA
Los pobladores del Barrio Boris Vega tienen una estructura prácticamente militar. A los hombres que no les toca el turno, siempre están en disposición de combate y ante cualquier incidente que ocurra, salen como hormiguero de sus casas para reforzar a los vigilantes de turno.
Por su parte, las mujeres garantizan el cafecito caliente a altas horas de la noche y también vigilan en sus cuadras. “Esto es un trabajo de todos, no es sólo de los hombres, las mujeres también colaboramos”, señala Hilda Rosa Ávila Moreno.
“Aquí nosotros no dormíamos porque los vagos y ladrones interrumpían el sueño de las personas, pero ahora ha regresado a la calma y por eso yo como mujer respaldo la vigilancia comunitaria”, sostiene la señora Ávila Moreno.
BIEN EQUIPADO
Los comunitarios destinaron un local como puesto de mando de los vigilantes, donde la Policía Nacional les instaló un radio de comunicación para transmitir las incidencias al comando central de la institución de seguridad pública.
Asimismo la comunidad recogió fondos para la compra de seis radios móviles que utilizan en la calle los grupos de patrullas, que también están interconectados con los vigilantes privados que laboran en el centro de la ciudad.
“Desde el lugar de los hechos se llama al puesto de mando y desde aquí nosotros directamente nos comunicamos con el comando central de la Policía Nacional, entonces ellos envían una patrulla y así resolvemos el problema”, asegura José Teodoro López Gutiérrez.
EXPERIENCIA POLICIAL
El suboficial Fernardo Betanco, jefe de sector, afirma que para la Policía Nacional ésta ha sido una importante experiencia para disminuir drásticamente los índices delictivos.
“Esto es un trabajo muy grande, que ha costado mucho, y sólo mediante la vinculación de la Policía Nacional con el barrio, pudo lograrse controlar la delincuencia”, reitera Betanco, que acompañó el proceso de la organización comunitaria.
Betanco indica que los frutos se ven claramente y que la meta de la Comisión Social de Prevención Social del Delito del Barrio Boris Vega, es continuar consolidando la organización de la vigilancia comunitaria, ya que todavía falta mucho por hacer.
“Yo me siento muy feliz, porque cuando recibí este sector, era Sodoma y Gomorra: habían pleitos de mujeres, pandillas, robos, alteración del orden público, era un caos; sin embargo hoy en día es un barrio ejemplar”, dice Betanco.
RETO PARA OTROS BARRIOS
“Yo pienso que si el resto de barrios se unen como nosotros lo hicimos, la delincuencia sería neutralizada y la gente dormiría tranquila e iría a su trabajo descansada y además sus bienes estarían seguros”, valoró Iván González Martínez, médico naturista, uno de los vigilantes.
La subcomisionada Miriam Martha Tórrez, portavoz de la Policía Nacional de Estelí, anunció que la experiencia de los pobladores del Barrio Boris Vega, tratará de ser implementada en el resto de los 57 barrios de la ciudad de Estelí, aunque ya existe avances sustanciales en el Barrio Primero de Mayo.
“Vamos a priorizar los barrios conflictivos con la organización de la vigilancia comunitaria, porque este sistema de trabajo de los pobladores ayuda enormemente a la Policía Nacional para la reducción de los delitos”, señala la subcomisionada Tórrez.
La jefa policial considera que la vigilancia comunitaria es un factor importante en la prevención y control de los delitos, principalmente en aquellos barrios que tienen incidencia las pandillas. 
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