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De “conversos” de conocidas mañas
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No sabemos si es que la vida —en su sabiduría— los va pelando suavemente como se pela un mango celeque, y los hace más sensibles, o si es que bajan la guardia cuando empiezan a llegar a esas edades peligrosas desde donde se puede ver el barrio de las crucitas, y ahí sí, ahí corren a reconciliar lo humano con lo divino.
La cuestión es que hemos visto cómo feroces marxistas se tornan hombres de "profundas" convicciones religiosas (es más, algunos hasta llegan a ser monseñores laicos); cómo iconoclastas hipercríticos comienzan a valorar las costumbres y tradiciones del "aquí y del ahora"; y cómo jodedorcitos empedernidos se dejan llevar de la mano por la elegante circunspección.
Y empezamos a encontrar actitudes, palabras y reconocimientos distintos, que alcanzan a todos, ¡hasta a los profesores que alguna vez nos hicieron ver el cielo con una jaladita de orejas! Y les quitamos el apodo eterno, y pasan a ser el profesor Ramiro, el padre Javier, la hermana Rosita, o la dulce niña Casimira. Pero, ¡ojo!, no todo lo que brilla es oro... En estos tiempos de re-pacto, hay que andar como los pupilos de Chelín Cerna y desconfiar de todo y de todos, especialmente ahora que los demonios están sueltos, o bien guardados en sus casas y hasta con "la llorona" de tanto dar la mano y seguir pagando la doble planilla.
¡No, no y no! Que no nos vengan con cuentos estos conversos por obra y gracia del miedo. En sus sueños podrán ver el juicio final y salir envarajustados a ponerse una camisa blanca, una túnica rosada, o a recordar los nombres propios de sus sufridos profesores. Pero ahí está el subconsciente, ese con el que convivimos y que no podremos obviar, ni hoy ni en el verdadero día del juicio final. En él no están ni el hermano Agustín ni el hermano Máximo. En ese subconsciente están Piolín, El Mono, Panza de Guaro, El Caimán, El Pollo, Coca-Cola, Cara de Piña, Chiricuto y, además, las distintas venganzas estudiantiles. (¿Se acuerdan de las tachuelas que mágicamente aparecían en la silla del educador?).
Así que no vengan con el cuento ese del "tranquilo respeto". ¡Están igualitos que Piñatín, Tamalón y su burdo reparto de los poderes del pueblo! Por eso es que a estos "conversos", lo mismo que a los profesionales de la mentira política, les decimos a todo pulmón, con el puño cerrado y el pulgar debajo del índice: ¡Está que van a entrar al cielo! |
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