Francisco Arellano Oviedo
Estampas familiares
Francisco Arellano Oviedo
I. Doña Luz Arellano En el principio fue la luz, primeriza fuente y síntesis de todo cuanto evoca vida; más tarde se nos dijo: ego sum lux… y unida, por gracia de su nombre, fue a Dios y a su gente.
Llenó su juventud la práctica cristiana siendo luz del hogar y faro de su casa, aquella que gentil con sus manos amasa el pan de la familia y la comunión humana.
La madre de mis primos es también mi madrina, pintura revivida, matrona granadina y bíblica varona contra el tiempo vano. Tal vez con estos versos de familiar acento no hiera la modestia ni el corazón contento de esa torre cristiana: ¡doña Luz Arellano!
Managua, 14-06-03.
II. Don Humberto Arellano Mi padre, don Humberto, fue siempre recatado cultivó la verdad, que es pasión de sabios; sin desdeñar a nadie, oímos de sus labios del corazón consejo y verbo humanizado.
Conocedor del vuelo sutil, de nubes y aves con precisión hablaba de lloviznas y vientos; mas no fueron los libros de su saber asientos sino la experiencia en que fundó sus claves.
Apartado de vicios, supo desde su infancia multiplicar nobleza —herencia de su padre— por ternura campesina que le entregó su madre.
Hoy el tiempo atenta borrarme su elegancia, más llamo a mi padre, vivo en otro puerto: —ven, sube a mis hombros, ¡a mirar, don Humberto!
20 de junio del 2003
III. D. Jorge Arellano Cuadra Frondoso el jenízaro lento mece ramas, como brazos abiertos al que cansado pasa en busca de refugio cuando el sol abrasa o cuando arde el campo en crepitantes llamas. Esta imagen del árbol grande y hospitalario describe la bondad de D. Jorge Arellano
quien siendo el patriarca de los suyos, la mano generosa extiende sin tocar campanario.
Atlético su cuerpo forjado en la fragua de Vulcano, mover podía un tren o un avión; ¡más si de hierro el cuerpo, de carne el corazón! Lo recuerdo: él joven, yo niño, por Managua; diplomático él cuando yo era un estudiante… ¡Hoy a nuestro Patriarca, la presea radiante!
22 de junio del 2003 
|