La columna
¡Vendidos!
Porfirio García Romano
Qué sorpresa más agradable verlos a todos reunidos y de acuerdo en algo”, cita un artículo de R. Quintanilla en END12-06-2003. “Pero, ¿qué ha logrado este milagro? ¿Habrá sido la preocupación por la falta de consistencia en la educación artística del país? ¿O habrá sido la preocupación por el desarrollo o no del arte contemporáneo en Nicaragua? ¿O quizás habrá sido la inexistencia de políticas culturales de parte de los ineptos de INCultura la que preocupa y desvela a los pintores y pintoras de Nicaragua? ¿O tal vez sea la situación de miseria económica de algunas de sus grandes figuras?”. Para luego señalar con sorna, que lo que ha unido a los pintores fue lo comercial como lo primordial, porque los precios puestos en esta subasta hacían caer los precios del mercado nacional. Aquí sólo falta un epíteto: ¡Vendidos! Pero, ¿es esto cierto? A pesar de algunas obras reconocidas e incluso parte del patrimonio nacional que estaban siendo subvaloradas, habían otras tantas y muchas más, que no tenían tampoco un valor real aproximado. Y al revés digo yo estuvieron sobre valoradas. Existe en nuestro país por una falta de educación artística y estética, entre otros, una gran confusión entre lo que es una obra de arte, por ejemplo la obra de Vanegas que aparece acá y una obra que pertenece a una manifestación del arte pero que no es arte. No toda pintura es arte. No todo dibujo es arte. No toda escultura lo es. Pero al mismo tiempo estas obras de NO ARTE, junto a las que verdaderamente lo son, tienen precio en el mercado. Está claro que muchos de los compradores en esta subasta adquirieron obras pensando en decorar los dormitorios, cocinas y hasta los baños de sus casas, y muchas obras decorativas, en ese afán, les vinieron al pelo. La subasta en cuestión, en este caso, con todo y la confusión, no sólo nos dio el reflejo de lo frágil que es nuestra cultura, por ser y formar parte de los botines, ante los grandes actos de delincuencia de una nación, sino también los pies de barro de falsos orgullos. 
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