Editorial
Padres desde Adán
Del Día del Padre que se celebra hoy en Nicaragua, se dice que es una estratagema de los comerciantes para incrementar sus negocios; que es obra de una publicidad abrumadora para inducir a la gente a gastar dinero en obsequios y festejos de toda clase.
Pero si así fuese sería una gran cosa, porque al reanimarse el comercio en estos días especiales, gana el comerciante pero también los empleados de comercio; se benefician los publicistas y los ejecutivos de venta; los fabricantes de los objetos de regalo; los dueños y empleados de restaurantes y centros de entretenimiento; los transportistas y proveedores de combustible. En fin, de manera directa e indirecta se aprovecha una extensa cadena de seres humanos que consiguen empleos o los mejoran e incrementan sus ingresos, al menos durante estos días de fiestas sentimentales.
Pero, paradójicamente, los difamadores del Día del Padre y de otras celebraciones como ésta se califican y proclaman como amigos y defensores de los trabajadores.
De igual manera hay quienes repudian esta celebración porque dicen que sólo los que tienen recursos económicos pueden participar en los festejos, y se ofende de esa manera a los que carecen de medios para celebrar, que son la mayoría.
“Al padre, como a la madre, se le rinde homenaje todos los días, no sólo en una fecha determinada y comercializada”, dicen otros que también repudian la celebración de este día.
Pero la verdad es que son muy bonitos estos festejos, en los que los homenajeados se sienten dichosos de recibir testimonios materiales y sentimentales del afecto de sus hijos. Y no es cierto que quienes carecen de medios para comprar obsequios se sientan avergonzados y frustrados, pues en las celebraciones sentimentales basta una palabra, un gesto de cariño, una tarjeta o cualquier escrito, una llamada telefónica o un mensaje electrónico, un abrazo y un beso para que el padre se sienta debidamente honrado por el amor de sus hijos.
Además, si bien es cierto que al padre —como a la madre— se le debe honrar todo el tiempo, es importante y justo consagrar un día para rendirle homenaje y para reflexionar sobre el rol de los padres en la familia, tan atacada hoy desde distintas trincheras y cuya unidad y estabilidad es ahora tan indispensable como lo fue siempre a lo largo de los siglos.
En realidad, si bien el rol de la madre es insustituible, la función del padre es también muy importante, y no sólo por su tradicional rol de proveedor y porque en última instancia sin padre no hay madre, si no porque su presencia en el hogar es absolutamente necesaria para la mejor crianza de los hijos, para el mantenimiento de la estabilidad familiar y para lograr una participación constructiva y ética en el desenvolvimiento y progreso de la sociedad.
Ciertamente, en términos generales la autoridad y responsabilidad del padre es determinante para la buena formación de los hijos y para protegerlos lo más posible de las acechanzas de la vagancia, las adicciones y la delincuencia infantil y juvenil.
La experiencia histórica de la humanidad enseña que en los hogares donde está presente el padre, siempre hay un mejor ambiente para la educación de los hijos, y éstos son más tranquilos y estables, menos inclinados a la vagancia, la conflictividad generacional y la actividad callejera. Donde está el padre hay más y mejores posibilidades de fundamentar la crianza de los hijos en los valores éticos tradicionales, en la confianza mutua, el diálogo familiar, la comprensión, el respeto recíproco y el amor filial incondicional.
Sin dudas que el padre no se puede comparar con la madre. Pero no es menos cierto que la condición paternal es una grandeza del hombre, la que está simbolizada en la historia del Génesis bíblico:
“Adán, pudiendo gozar eternamente la felicidad del Paraíso, prefirió afrontar los riesgos de la vida mortal y las incertidumbres y dureza de la lucha por ganarse el sustento de cada día, cuando eligió comer la manzana del árbol del entendimiento y hacer el amor con la mujer para reproducir la especie humana, para procrear y criar a los hijos. Y desde entonces, Adán, además del hombre vino a ser también el padre”. 
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