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LUNES 16 DE JUNIO DEL 2003 / EDICION No. 23121 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Vendedoras mimadas por universitarios

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.Populares, alegres y bondadosas, ellas pasan a ser parte de la religiosa vida de los estudiantes
.Doña “Chenta”, con más de 40 años de vender fritanga, recuerda que ofrecía crédito y hasta diputados aún le deben unos “bollitos”

La señora Vicenta Medina Salazar, ha vendido alimentos por muchos años en la universidad. Por su pequeño negocio han pasado muchos profesionales nicaragüenses.
LA PRENSA/ CARLOS CORTEZ

 

Juan Carlos Tijerino A.
juancarlos.tijerino@laprensa.com.ni

A partir de que se abren las puertas de la universidad, para los estudiantes se abren los corazones de esas humildes vendedoras que nos mitigan el hambre, los nervios, y endulzan los momentos amargos, más aún si se trata de la “socadera” en tiempos de exámenes.

Esas vendedoras pasan también a compartir los religiosos estudios, y siempre están prestas no sólo a ofrecernos el producto sino también el cariño y la estimación. Vicenta Medina Salazar tiene más de 40 años de vender comida (fritanga) en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en Managua. Ella es tan familiar como el aula de clase y el compañero de estudio que está a nuestra diestra.

FRITANGUERA DE ANTAÑO

Esta fritanguera ha visto pasar por su pequeño establecimiento, generación tras generación de profesionales nicaragüenses, algunos hoy en día se dedican a la política nacional y otros ocupan altos cargos en el gobierno. Todos han saboreado la deliciosa fritanga, ya sea comprada o al crédito.

Doña “Chenta”, como le llaman cariñosamente algunos universitarios, refirió que al poco de ser construida la UNAN Managua, comenzó a vender alimentos. “ La universidad se construyó a inicios de los años 70, a los pocos meses ya estaba vendiendo y como ves todavía sigo aquí”, advierte.

Otra vendedora que tiene años de permanecer en el lugar es la señora Margarita Mendoza, quien ofrece todos a los días a los universitarios una gran variedad de refrescos naturales.

Ella asegura que tiene unos 15 de estar vendiendo en la universidad, “antes vendía frutas ahora son refrescos. Gracias a este trabajo he logrado mantener y sacar adelante por años a mi familia”, manifiesta.

DEUDAS PENDIENTES

Y como todo negocio tiene sus riesgos, las humildes vendedoras han confiado el crédito a los estudiantes. Según doña “Chenta”, algunos hasta “me quedaron debiendo, una vez que culminaron sus carreras”.

“Por aquí han pasado un montón de profesionales, inclusive algunos ocupan actualmente altos cargos en el gobierno y otros hasta son diputados de la Asamblea Nacional. Si vas donde uno de ellos y le preguntás si me quedó debiendo, te va a responder que sí. La vez pasada me encontré a uno de ellos y me dio un fuerte abrazo, yo sé que lo hizo porque me tiene bastante cariño”, dijo emocionada doña “Chenta”.

ÉSTE HA SIDO EL PEOR AÑO

María Brenes, vendedora de quesillos de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) señaló que en 10 años de estar en la mencionada universidad, jamás había experimentado ventas tan malas como las de este año.

“Este año las ventas han sido pésimas. Esto se debe a la crisis económica que está ocurriendo en el país y porque en las afueras de las universidades se están construyendo un montón de negocios. Antes habíamos unos cuantos, ahora es más difícil poder vender”, resintió.

LAS VENTAJAS DE VENDER EN LA UNIVERSIDAD

Según Vicenta Medina Salazar, uno de los beneficios que se obtiene al vender en las universidades, es que los profesionales les brindan un mejor trato, y pueden ayudarlas en un futuro, cuando pasan apuros realizando gestiones en distintas instituciones o ministerios.

-“Hace poco me operaron de un cáncer en la garganta, cuando llegué los doctores me trataron de maravilla porque a todos los atendí en mi negocio”, indicó Salazar.

-María Brenes, aseguró que vender en las universidades es más seguro que en las calles, ya que en éstas existen más vigilantes y clientes.  
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