¿Por qué necesitan los jóvenes educación sexual?
Ernesto González Valdés egonzav@uam.edu.ni
Los jóvenes necesitan información correcta para ayudarles a protegerse a sí mismos. Y muestra de ello es que en nuestro país resulta muy significativo el embarazo a edad temprana (porcentaje de adolescentes entre 15-19 años, que ya son madres o están embarazadas: 24.7 por ciento; porcentaje de mujeres entre 15 y 49 años actualmente embarazadas: 5 por ciento, según datos del INEC 2001), inclusive de niñas ante la falta de una educación sexual, que actualmente no resulta suficiente (además de otros factores, que todos inciden en la necesidad de una mayor cobertura en la educación de nuestro país).
Si bien existen casos de jóvenes que presentan Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) —incluyendo el VIH— no podemos decir que muchos o pocos, ya que es poco común que la población sea orientada a través de los medios de comunicación en este sentido.
¿Qué deficiencias tiene entonces la educación sexual? El conocimiento por sí solo no es suficiente para poder cambiar la conducta. Los programas que principalmente se basan en brindar información sobre preceptos morales y sexuales —como funciona el sistema sexual del cuerpo, que es lo que los jóvenes deben y no deben hacer— han fallado.
A menudo frases de valor moral como (mis hijos no deben tener relaciones sexuales fuera del matrimonio) se mezclan con frases contradictorias de hechos mal interpretados. En nuestro planeta Tierra y no necesariamente países desarrollados donde la educación sexual se basa en los siguientes elementos:
1. Una política que favorece explícitamente a la educación sexual.
2. Mensajes consistentes a la sociedad.
3. Acceso a los anticonceptivos.
Muy a menudo el currículo de educación sexual empieza en secundaria, una vez que muchos de los estudiantes han comenzado a experimentar la sexualidad. Estudios han demostrado que cuando se empieza la educación sexual antes de que los jóvenes se vuelvan sexualmente activos, ayuda a los jóvenes a mantener la abstinencia y a que se protejan en caso de que se vuelvan sexualmente activos. Entre más pronto se empiece con la educación sexual mejor, quizás sería bueno comenzar desde primaria. Existen experiencias como la que describo a continuación: Los educadores enseñan lo básico sobre sexo y drogas, pero además la realización de ejercicios donde se analizan valores individuales, la toma de decisiones, la comunicación y la información básica y veraz sobre los riesgos de tener relaciones sexuales sin protección, y los métodos para evitar las relaciones sexuales sin protección.
Otros datos que nos ayudan a reflexionar, relativo al comportamiento de la necesidad de una mayor educación sexual, son los siguientes: Porcentaje de mujeres actualmente unidas y que conocen algún método moderno de uso de anticonceptivos: 98.5 por ciento; que actualmente utilizan un método: 68.6 por ciento, que utilizan condón: 3.3 por ciento.
Recuerdo un video elaborado por un grupo de estudiantes de una universidad de primer año de la facultad de Medicina, en la cual entrevistaban a una joven vendedora, que con la edad de 21 años, ya tenía cuatro hijos y estaba embarazada, y una de las preguntas fue: ¿Conocés lo que es un anticonceptivo? La joven respondió, que sí; una segunda pregunta: “¿Lo usás, tú o tu esposo? Respondió: ¡NO! La respuesta era evidente.
¿Qué es lo que queda por hacer? Es necesario que los directores, docentes, padres del consejo de escuela, analicen rigurosamente sus programas y que comiencen a implementar programas más innovadores que hayan demostrado su efectividad. No podemos seguir ignorando la necesidad de la educación tanto sobre cómo atrasar las actividades sexuales y sobre cómo protegerse a sí mismos una vez sexualmente activos.
Nuestros niños merecen la mejor educación posible. 
|